Entre ser y creer ser

 

La mediocridad que reina en el Gobierno Nacional es como un manto de niebla que no deja ver nada. Hay una pobreza intelectual que espanta. Bolivia está gobernada por enanos que piensan que el mundo es como su espejo. Es el resultado de lo que llaman proceso de cambio.



Invadir las instituciones públicas con ponchos y polleras, repartir cargos como si se tratara de cosas simples y mostrarse disfrazado de indio criollo es suficiente para considerar que el mundo gira en torno a ellos. Ese es el cambio, es todo lo que pueden dar. Su posicionamiento burocrático les insufla de un orgullo que sobrepasa a la prepotencia y les hace sentir amos del universo.

Escucharlos es para sufrir. Dicen lo que se les ocurre. Expresan ideas inconexas, confunden el sentido de las palabras e intercambian conceptos como hojas de coca. Tienen clavadas en su cerebro frases que repiten como niños de escuela, de memoria. Su formación es penosa, solo recibieron las enseñanzas de un sistema de educación miserable. Bolivia esta prisionera de una invasión grosera.

¿En nombre de la democracia hay que soportar esta invasión de incultura. Es que la democracia no tiene fuerza para evitar que de las cloacas salgan individuos convencidos de que «tienen el derecho a gobernar»? Porque no son solamente ignorantes que se pavonean de autoridades, sino pillos que se llenan los bolsillos en nombre de los pobres. Son delincuentes vestidos de políticos. Se agrupan dentro sus organizaciones para planificar acciones criminales. ¿Y en nombre de la democracia debemos respetarlos?

A este nivel de bajeza social hemos llegado. Donde todo puede ser cierto porque ellos lo dicen. Donde la verdad es mentira y la mentira es la única verdad que conocen. Donde la realidad es una escena que ellos la construyen y a partir de su mentira imparten justicia. Son dueños de la vida, de la honra y de la dignidad ajena. Encarcelan porque tienen «autoridad» para ello. Autoridad que emana del voto. Eso es todo.

La simpleza que algunos entienden por democracia hace que se inclinen ante esta comedia asquerosa revestida de poderes. Democracia es libertad y la libertad es responsabilidad. Si no eres responsable no puedes considerarte demócrata. Una cosa es tener tolerancia ante la ignorancia, pero otra cosa es respetarla y considerarla como algo sin importancia. Cuando la ignorancia gobierna, destruye.

No hay nada más truculento que observar a una sociedad que se deja pasivamente engañar, mentir y corromper, que convierte el engaño, la mentira y la corrupción en su oración diaria.

Si ante este cuadro de desolación, no reaccionamos entonces el futuro de nuestros hijos no es incierto es fatal. Por un momento hay que detenerse, hay que parar, hacer un alto en esta corriente, en esta vorágine de infortunio y dar un golpe serio para cambiar este error, esta equivocación sostenida por inercia.

Bolivia a nadie le importas, tu pobreza es de tal dimensión que todos voltean la cabeza cuando te miran, te tratan con delicada educación por protocolo, no por respeto, te atienden por formalidad no por interés, te soportan como se hace con el vecino incómodo, saludarlo está bien, pero es mejor mantenerlo a distancia. Necesitamos despertar de esta pesadilla y pasar a la acción. Tú sabes después de leer esto lo que tienes que hacer. Hazlo!