Ismael vive para contarlo: «Estuve 30 días intubado y estoy saliendo airoso»

La fiebre fue la señal de alerta. El 8 de junio ingresó a la Unidad de Terapia Intensiva y no recuerda más. El 5 de julio despertó de lo que él llama un sueño profundo y ahora quiere vivir plenamente.

 



Fuente: paginasiete.bo

Daniela Romero L. / La Paz

Decaído,  indispuesto, luego con una fiebre que no bajaba, le faltaba oxígeno. Así llegó al hospital, los médicos lo ingresaron a terapia intensiva, le pusieron un respirador porque sus pulmones estaban colapsados. Ismael Luna entró en un sueño profundo del cual no creía despertar, pero después de 30 días se hizo el milagro.

El periodista de 54 años nació en Turco, en la provincia orureña de Sajama, pero trabajó muchos años en Santa Cruz. Debido a la pandemia, en septiembre de 2020 dejó de trabajar en el periódico El Día, en el que estuvo una década, y actualmente es un reportero independiente.

Ismael recibió la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus el 18 de mayo, pero después de una semana comenzó a sentirse mal y lo primero que tuvo fue fiebre. Posiblemente ya estaba contagiado de covid cuando lo vacunaron, aunque eso aún no se determinó.

 “Fui a un centro de salud y ahí los médicos me dijeron que la fiebre seguro se debía al efecto de la vacuna. Con esa idea me fui a mi casa, pero a los tres días recaí y ya me alarmé;  estaba empeorando, no sabía qué hacer”, cuenta Ismael a Página Siete, desde su cama en el Hospital Óscar Urenda, de Montero, Santa Cruz.

Se quedó en su casa por algunos días más, pero su salud decaía cada día más. El 8 de junio llegó hasta el hospital acompañado de su esposa. Ya no podía respirar. Los médicos no dudaron y lo ingresaron a la unidad de terapia intensiva, después de confirmar que tenía Covid-19.

“Ingresé resignado, me abracé a Dios, era desesperante estar así, me dije: ‘Si salgo, salgo de esto;  si me voy, me voy’”. Ése fue el último momento en que Ismael estuvo consciente, minutos antes se había despedido de su esposa a quien no sabía si la iba a volver a ver.

 El diagnóstico era desalentador. “No sé en qué momento me contagié, si siempre estaba cuidándome. Pero los días en los que estuve intubado no los recuerdo, sólo me acuerdo que entre sueños  vi a mi padre y a mi esposa;  no sé si vinieron a verme o realmente sólo fueron sueños”, relata el periodista.

En la cama de terapia intensiva, Ismael fue conectado a un respirador día y noche. Hubo momentos en que los médicos se iban a dar por vencidos, pero su organismo reaccionaba y le peleaba a la muerte.

“Es un milagro lo que me pasó. Es muy difícil aceptar lo que pasa pero hay que seguir adelante. Desperté el 5 de julio y hace una semana me pasaron a una sala común donde actualmente me encuentro, sin poder moverme todavía, sin poder caminar ni ver a mi familia, pero gracias a Dios con mis cinco sentidos en buenas condiciones”, afirma Ismael, con la voz un poco agitada pero con ese optimismo que no quiere perder a pesar de todo.

En estos días, después de un mes, recién pudo encender su celular y al revisar sus redes sociales se enteró que su familia se puso en campaña para conseguir recursos que permitan pagar los gastos médicos. La receta de medicamentos para un solo día era de 5.000 bolivianos.

 “Valoro mucho a mi esposa, ha sido una guerrera en primera línea porque ella trabaja en salud. A mis hijos, el mayor Jean Paul movilizó a mis colegas, todos ellos  me ayudaron, mi familia, y a mis amigos les debo mucho agradecimiento”, dice Ismael.

No obstante, el periodista deja un capítulo aparte para los médicos y personal de salud que durante estos 30 días cuidaron de él. “Yo no era el único paciente, pero los médicos no me han dejado morir, se han ocupado de mí y hoy que estoy consciente me doy cuenta del trabajo que hicieron;  24 horas, no duermen, cada rato me revisan y están pendientes de mí. A ellos les debo estar con vida, este milagro, muchas gracias”, dice emocionado.

Salir de terapia intensiva es para Ismael un nuevo despertar, es la prueba de que hay milagros en esta vida. Y más cuando en abril pasado salió victorioso de una cirugía de vesícula, la cual se complicó. “Estaba al filo de la cornisa”.

Él está convencido de que es una nueva oportunidad de vida y  por eso espera con paciencia el día en que pueda abrazar de nuevo a toda su familia y volver a ver a sus amigos. “Ahora estoy con fisioterapia, mis pulmones tienen que responder bien”.

Ismael salió de Oruro muy chico, se vino a estudiar a La Paz, donde también comenzó a trabajar en canales de televisión y medios escritos y después partió a Santa Cruz donde vive hace 22 años. Fue corresponsal de algunas agencias internacionales y cubrió en El Día las áreas de Economía y Política. Ahora es periodista independiente e investigador.

 Respira todavía con ayuda de oxígeno. Si su  cuerpo aún necesita reposo, su mente ya piensa  en un emprendimiento periodístico que lo hará realidad cuando sea dado de alta.

El hospital de Montero ya opera un año

El 30 de julio del año pasado, el hospital de tercer nivel  Óscar Javier Urenda Aguilera fue inaugurado en la ciudad cruceña de Montero.

 El nombre del lugar fue en homenaje a quien fue secretario de Salud de la Gobernación de Santa Cruz, Urenda, considerado uno de los guerreros en primera línea de la pandemia de coronavirus. En junio del año pasado el médico perdió la vida después de estar más de un mes internado aquejado por la Covid-19.

Después de funcionar cinco meses, el hospital fue cerrado debido a la falta de personal e insumos. Pero los primeros días de enero se reabrió con 32 camas de hospitalización, 12 unidades de terapia intensiva, y  62 médicos y personal de salud contratado, confirmó aquella vez el viceministro de Gestión del Sistema Sanitario, Álvaro Terrazas.

El periodista Ismael Luna fue ingresado a una unidad de terapia intensiva en ese hospital, donde estuvo 30 días. Actualmente se encuentra en una sala común. Aseguró que la atención es óptima y que se cuenta con personal y condiciones adecuadas.