Cien días sin un plan de ciudad

Santa Cruz de la Sierra es la ciudad más golpeada por el COVID-19. Las muertes, las hospitalizaciones y los contagios siguen siendo abrumadores respecto a otras ciudades del país. Han pasado 100 días desde que el alcalde Jhonny Fernández asumió el cargo y nada ha cambiado. Y no es que se pretenda que las cosas cambien en tan poco tiempo, pero mínimamente ya se debería contar con un plan integral de cómo abordar las transformaciones que necesita la ciudad.

La pandemia exige cambios a una velocidad adecuada para no quedar desfasados. Dos son las tareas centrales, gestionar de la mejor manera la crisis sanitaria y preparar la ciudad para la era postcovid. Ni lo uno, ni lo otro. La vacunación sigue lenta, el desempleo aumenta, las empresas cierran, el hambre golpea en los barrios periféricos, vuelve la inseguridad y los estudiantes continúan en la incertidumbre sobre cuándo retornarán a clases.



Fernández prometió vacunación masiva, reorganizar el sistema de salud, reforzar el primer nivel, equipar los hospitales de segundo nivel, hospitales móviles y dotar de medicamentos a los centros. Excepto la descentralización de las pruebas de coronavirus, no se ha notado ningún otro implemento. Ausente en el plan de vacunación. No llegaron las vacunas que tenía comprometida como donación y cuando se atrevió a decir que compraría vacunas, ofreció 5 millones de bolivianos, algo así como para vacunar a 20.000 personas, en una ciudad con población vacunable de más de un millón. Irrisorio.

Antes de un frustrado viaje a EEUU, para comprar las ansiadas vacunas pidió que se liberen de impuestos, situación que ya estaba vigente desde el año pasado, una pifia acorde a sus antecedentes. Se ha mostrado indolente con las enormes colas que hacen los ciudadanos para recibir las vacunas en las Universidades de la ciudad, mientras los colegios y coliseos siguen cerrados. Bien pudiera ampliar los centros de vacunación en infraestructuras municipales cercanas a la gente, este sería un incentivo real para que la población se vacune, pero prefiere mirar a otro lado, porque esto demanda esfuerzo y gestión. Después culpan a los vecinos por la baja tasa de vacunación, que es la mejor forma de no asumir su responsabilidad.

La ineficiencia, por no decir otra cosa, evitó dotar de oxígeno a los centros sanitarios cuando más lo necesitaban. La declaratoria desierta de una licitación fue la mejor salida ante las irregularidades que se apuntaban. El costo lo pagó la gente. Tal vez este es el único cambio que se ha visto en Jhonny respecto a sus anteriores gestiones. Tratar de cortar por lo sano cuando la corrupción sale a flote. Lo hizo con el oxígeno y lo repitió cuando despidió ipso facto a un allegado íntimo señalado de cobros indebidos. Ojalá el alcalde haya recapacitado, y en vez de estimular la corrupción como en el pasado, ahora apueste por una administración transparente. O simplemente era muy temprano para que el barco zarpe con agujeros.

Volviendo a la gestión sanitaria que, por su dureza, sigue concentrando la atención ciudadana, no se tiene datos nuevos sobre los niveles de contagio ni atención sanitaria por distritos, grupos etáreos y otros, menos aún dictámenes científicos sobre los cuales se toman las decisiones o con cuantos rastreadores contamos. El Centro de Operaciones de Emergencia Municipal, se redujo a un preámbulo del COED para anticipar las nuevas medidas de horarios de circulación, semana a semana, sin mayores datos ni explicaciones de por qué se toma una decisión o no se asume otra. Esto terminó confundiendo y agobiando a la población, por eso, como regalo de sus 100 días, anunció la suspensión de las medidas de restricción sin ninguna explicación técnica, menos aún un plan para evitar el recrudecimiento de la pandemia.

La presión social obligó a poner en marcha el bono escolar, una promesa central de campaña, sin embargo, aún los recursos no llegan a las familias beneficiarias. Las tabletas para los chicos de secundaria, se ha informado, recién entrarán a licitación, y salvo que en el camino no haya contratiempos y se declare desierta, los equipos tecnológicos llegarán para las vacaciones, dado que se está terminando el segundo trimestre escolar. O será que el Alcalde, ante la falta de un plan, se ha resignado y piensa que los estudiantes seguirán sin volver a clases presenciales el próximo año. Esto sería inaceptable. El internet gratuito solo llega al tiktok del burgomaestre.

Habrá que esperar hasta fin de año para conocer el estudio del tren de superficie prometido, por ahora solo hay una comisión de análisis sobre el futuro del BRT, la disminución del tráfico por efecto de la pandemia permite esperar pacientemente la reforma estructural del transporte. Una tarea inaplazable. Mientras tanto la labor del Concejo Municipal ha sido intrascendente, no han presentado ni un esbozo de hoja de ruta para construir la Carta Autonómica, menos una agenda legislativa para resolver los problemas acuciantes que acumulan los vecinos.

La discusión sobre la modificación del reglamento del Concejo ha concentrado los esfuerzos de los ediles, y también ha dejado ver sus prioridades. Especial énfasis ha puesto un concejal en pretender devolver la facultad de aprobar contratos al Órgano Deliberante. Esto evidencia una contradicción, ya que por una parte se reclama mayor independencia del Concejo Municipal respecto al Ejecutivo, y por otro se pretende cogobernar. Pese a que el TCP ha sido claro sobre este tema, hay quienes insisten en dotarse de facultades para aprobar los contratos. Seguramente ansían que vuelva el filibusterismo edil, con un claro perjuicio a los contratantes de la municipalidad, y a los vecinos. Algunas veces a nombre de la lucha contra la corrupción, se amplía la misma.

Todavía es pronto para sacar conclusiones de una gestión que aún empieza, pero que ya deja ver la carencia de ideas para proyectar una ciudad moderna y mejor, que recupere el espíritu local pero cosmopolita. Merecemos vivir dignamente en nuestra ciudad, no solo sobrevivir en ella.

Tomas Monasterio
Exdiputado Nacional