Mentirología

Dante N. Pino Archondo – eju.tv

DANTE N. PINO ARCHONDO

Como sociedad, me pregunto: ¿Qué nos pasó para haber llegado hasta foros internacionales a decir mentiras, sin el menor rubor o vergüenza, ¿cómo puede una sociedad acostumbrarse a la mentira y convertirla en una manera de gobernar?



Los bolivianos nos jactamos ante el mundo de tener una herencia de principios propios de la cultura quechua: ama llulla, ama quella y ama sua. No seas mentiroso, no seas flojo y no seas ladrón. Y con mucha razón se establecieron estos principios, porque la realidad es que, como sociedad tenemos muy enquistados esos hábitos de conducta en el ser nacional. Si no fuéramos así, tales principios serían innecesarios.

La mentira oficial ha logrado alcanzar distancias enormes desde hace 15 años. Se nos ha mentido con la pobreza, con la constitución, con el uso de los dineros públicos, con el tráfico de influencias, con la protección y expansión de la coca como materia prima de la droga, y como ariete en contra de la justicia, lo cual trasciende todo, y nos convierte en sujetos del poder a su discreción.

Todo esto se ha ido convirtiendo en noticia cotidiana. Enseña la escuela del periodismo, que no se debe ser imparcial, sino veraz. Al contrario de este valor, la mentira oficial se la muestra como «parte» de los hechos y muchos periodistas se desviven por ser imparciales, antes que veraces, cayendo en la trampa de convertir a la mentira en una de las caras de la moneda de imparcialidad que dicen tener.

Un atraco, desfalco o uso de dineros públicos en hechos de corrupción denunciados, se convierten en investigaciones que nunca concluyen, seguidas de detenciones menores que se pierden en el tiempo del olvido, cuando estos hechos involucran al gobierno. Al final si alguien pregunta que fue de ellos, la respuesta se gatilla fuerte y claro: «no se debe hacer uso político de asuntos que están en la justicia»

Si la madre de un niño denuncia que el padre del mismo es el presidente Morales, y , este reconoce tal hecho, dice que lo vio y curó su enfermedad, su entorno declara que es cierta su conducta de padre cariñoso, pero luego se dan cuenta de los costos que todo esto conlleva, cuando la madre del niño tuvo acceso a contratos millonarios, involucrando a Morales en actos penales como el tráfico de influencias, inmediatamente se acusa a la oposición de haber mentido con la existencia del niño y de ser todo una maniobra para desacreditar al presidente. Se teje un manto de mentiras que se repiten por los medios, hasta sembrar la duda social y luego convertirla en la verdad.

Cuando se niegan los resultados de un referéndum que le dice no al presidente Morales para ser candidato por un cuarto período, ese resultado se convierte en mentira y se difunde la verdad del derecho humano que tiene, acudiendo a la justicia, que presta y solícita «legaliza» sus deseos, desnaturalizando así la verdad y convirtiendo a la mentira en una causa política por la cual se debe luchar, se potencia la idea del derecho humano como verdad.

Cuando estas mentiras alcanzan grados superlativos y se produce la reacción social de rechazo y repudio al fraude electoral, obligando al presidente a renunciar y luego en su miedo a hacer dejación del cargo huyendo a México. Se construye la posverdad del golpe convirtiendo a la renuncia en un acto ajeno a su voluntad y el fraude electoral en un golpe de Estado.

Ante el hijo, el tráfico de influencias, el desconocimiento del resultado del referéndum y el fraude electoral de octubre/2019, la sociedad boliviana ha mantenido una tolerancia enorme y ha permitido que los medios insistan en convertir a la mentira en parte interesada.

En vez de reaccionar con fuerza, de rechazar la tolerancia de los medios de comunicación tan «imparciales» que se pierden en el anonimato, de crear una malla de resistencia social activa a la mitomanía oficial, la ciudadanía comenzó a banalizar la mentira y volverla un meme o chiste en las redes sociales. Aceptar la mentira y banalizarla es convertirla, con el tiempo en la verdad.

Una sociedad que tolera la mentira está perdida. Es que la mentira usada como arma judicial se convierte en un arma de destrucción social masiva. Y ahí tenemos a señores que «escriben» y firman libros con pose de intelectuales difundiendo la mentira, miramos a un presidente en ejercicio llegar a la ONU y afirmar mentiras, permitimos que se usen escenarios cívicos para ahondar la mentira y lo peor de todo tenemos juicios incoados en base a la mentira con personas privadas de su libertad y otras de ir por el mismo camino, mientras otros estamos en el exilio por la mentira.

No es que la revolución cubana se haya perpetuado por el amor de los cubanos a la revolución, es que esta se mantiene 61 años en base a la mentira de la revolución construida para la tiranía que el comunismo tiene como eje fundamental de su razón de ser. El comunismo y el narcotráfico se han asociado para darle a los carteles de la droga el ropaje político que les permita estar en los escenarios internacionales camuflados de gobierno.

Lamentablemente el gobierno boliviano forma parte de la sociedad del crimen organizado. Y en razón a esto vivimos alimentados por la mentirología.