La ruptura entre Rusia y la OTAN es el siguiente nivel en la escalada de Putin

La fractura oficial en las relaciones con la alianza atlántica da al Kremlin una nueva oportunidad de aumentar las tensiones en el flanco oriental de la OTAN y con Ucrania, opina Konstantin Eggert.

Symbolbild | NATO Fahne und Rußland Flagge
El tira y afloja entre Rusia y la OTAN forma parte de los planes de Putin para debilitar la alianza

Fuente: DW

En tono burlón, que se ha convertido en una especie de marca registrada del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, su jefe, sugirió que «si surgen asuntos urgentes» la OTAN debería ponerse en contacto con la embajada de Moscú en Bruselas, que se ocupa exclusivamente de las relaciones bilaterales entre ambos países.



Si realmente existieran relaciones normales entre la alianza y Rusia, es de suponer que habría una gran cantidad de «asuntos urgentes» por tratar: Afganistán, las tensiones en la región Indo-Pacífica, el terrorismo, o los desafíos migratorios mundiales.

Aunque nadie ha derogado oficialmente el Acta Fundacional de cooperación entre Rusia y la OTAN, de 1997, desde el inicio del conflicto ruso-ucraniano en 2014 las relaciones entre Moscú y la alianza son más que gélidas.

Para el presidente ruso, Vladimir Putin, esta ruptura es lógica. No solo porque, como siempre, tiene miedo de parecer «débil». En un plebiscito de 2020, ampliamente percibido como amañado, Putin se aseguró de poder permanecer en el Kremlin hasta 2036, lo cual lo convierte prácticamente en presidente vitalicio.

Una nueva guerra fría

Konstantin EggertKonstantin Eggert

Desde entonces, ha emprendido una nueva etapa en la nueva guerra fría que libra contra Occidente y de la que la OTAN es el máximo símbolo. Al socavar, si no destruir, la unidad de la comunidad transatlántica, ve no solo una garantía de seguridad para el régimen que construyó en Rusia, sino su futuro legado histórico.

El cierre de la misión permanente ante la OTAN da al Kremlin un pretexto, aunque sea formal, para escalar gradualmente las tensiones con los vecinos de Rusia. Principalmente con Ucrania, pero también con Polonia y los países bálticos. Para Putin, estas tensiones son una herramienta importante para dividir a Occidente y provocar desacuerdos dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

¿Qué formas puede adoptar esta escalada? Puede tratarse de acciones militares como el bloqueo del estrecho de Kerch en el Mar Negro o incluso de puertos ucranianos. En cuanto al flanco oriental de la OTAN, Moscú está contribuyendo a crear una crisis migratoria en la frontera lituana y polaca con Bielorrusia con el apoyo del dictador de esta última, Alexander Lukashenko. Poner a prueba la seguridad fronteriza de la OTAN es un componente clave de la táctica del Kremlin.

El comodín bajo la manga de Putin

El Kremlin está seguro de que este tipo de políticas ayudarán a contraponer y abrir una brecha entre los «buenos» franceses, alemanes, italianos y belgas y los «malos» polacos, checos, lituanos, letones y rumanos.

Hace un par de semanas, el embajador de Rusia en Bélgica, Alexander Tokovinin, dio otro ejemplo de estas tácticas. En una entrevista con periodistas belgas, el diplomático elogió a Bélgica por ser una nación que, a diferencia de otros Estados europeos no mencionados, «no causa problemas» en las relaciones con Rusia. «Ustedes son un país sensato», dijo en el tono condescendiente de un funcionario colonial. E inmediatamente pasó a otro tema importante: lo útil y rentable que es para cualquier país europeo ser cliente de Gazprom.

Esto también es sintomático. La actual crisis del gas – que Moscú utiliza a su favor – culmina un año especialmente positivo para Putin. Se suma a la cumbre de Ginebra con Joe Biden, que puso fin a su aislamiento internacional; a la victoria de los socialdemócratas en Alemania (considerados complacientes con Moscú), y a la visita de la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, a Moscú para discutir el desarme y el posible papel de Rusia en la resolución del problema de Afganistán.

Para el régimen ruso, es un buen momento para promocionar el estratégico gasoducto Nord Stream 2. Su principal arma, los hidrocarburos, está lista para ser usada. Tras romper con la OTAN, el Kremlin utilizará esta y otras posibilidades a su disposición de forma aún más activa.

(ee/er)