Ende retoma construcción de las represas Chepete-Bala y la Amazonía nuevamente bajo amenaza

Ricardo Gutiérrez – Rurrenabaque

El Bala es un estrecho montañoso por el que atraviesa el río Beni; la roca se alza imponente como una puerta natural y por el medio, el caudal del río construye un paisaje exuberante que se abre al estrecho del Chepete, ahí, Ende ha retomado las operaciones para la construcción de las represas hidroeléctricas.



Río arriba van apareciendo serranías y montañas, el agua abre un ancho caudal que divide naturalmente dos departamentos del país, La Paz y Beni, pero sirve además como vía que comunica decenas de comunidades distribuidas en ambas riberas.

El trayecto trae consigo el olor del río, viento, ruido de aves que vuelan bordeando las orillas, parabas, garzas paradas en medio del río sobre pequeños islotes de piedras; el viento frío que parece bajar desde las alturas junto con el agua y las siluetas difusas de montañas en el horizonte, Pilón Lajas a un lado, una obra perfecta de la naturaleza.

Más allá de las serranías, se alza imponente un nuevo estrecho, parece que la naturaleza verde de árboles y montes se fue apropiando de la montaña, y de a poco cerró sus fauces sobre el agua, la puerta de entrada al sector conocido como Chepete; árboles, monte, animales, las riberas están repletas de ruidos vivos de la fauna que parece observarte, y como regadas cada cierto espacio, a cada orilla se vislumbran comunidades cuyas casas se ven a la distancia.

Aquí, es donde la Empresa Nacional de Electricidad (Ende), a través de la subsidiaria Ende Corani, retomó la construcción del proyecto Hidroeléctrico El Bala-Chepete, lo que significará levantar una represa en ese sector.

ANF se contactó con el departamento de prensa de Ende, el responsable se comprometió a devolvernos la llamada para tener una versión de la empresa sobre los trabajos que se están realizando en esa zona, sin embargo, hasta la publicación del reportaje no hemos tenido respuesta.

El río nos da vida

Ruth Alipaz, parte de la Mancomunidad de Comunidades Indígenas de los ríos Beni, Tuhichi y Quiquibey, se opone a la construcción de la represa, considerando que esta obra destruirá todo el ecosistema donde habitan cientos de familias.

Ruth, nacida en la comunidad San José de Uchupiamona, que forma parte de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz (CIPLAP), es una firme defensora de la naturaleza, del ecosistema que se alza en esta zona.

Ella, junto a corregidores de varias comunidades realizaron una incursión por el río Beni hasta el sector Chepete-Bala, del que participó la ANF, buscando comprobar un rumor que hace días recorre las poblaciones ribereñas aledañas a Rurrenabaque, ¿ENDE retomó los trabajos del proyecto hidroeléctrico Chepete-Bala?

Tres botes, conformados por representantes de la Red Eclesial Amazónica (REPAM), el presidente y corregidores de comunidades del Concejo Regional Tsimán Moxetene (CRTM), Villa Alcira (Territorio Tacana del Departamento de La Paz), San Miguel, Torehua, y por supuesto de la Mancomunidad de Comunidades, zarparon de Rurrenabaque la mañana del viernes, para remontar el río en busca de la evidencia que certifique o rechace la presencia de obreros del proyecto hidroeléctrico.

La travesía hasta el Chepete dura más o menos 5 horas, remontando Rurrenabaque se llega primero al estrecho del Bala, cuya montaña vista desde lejos domina todo el paisaje; grandes rocas a los costados forman una cachuela imponente que parece estrecharse hasta un pasaje no más ancho que una avenida, ese lugar, El Bala, ya fue escenario de protestas años atrás, cuando las comunidades del sector se opusieron en una vigilia de doce días, a la construcción de la represa.

«Pusimos pancartas, hicimos vigilia, tendimos un alambre para que no pasen las embarcaciones, exigiendo que la empresa que estaba realizando las obras para la construcción de la represa, se fuera, aquella vez luego de 12 días de protestas, por fin logramos que los obreros se marcharan», relató Ruth Alipaz.

Cruzando el Bala, el río se pica y la corriente parece aumentar un poco, los botes sienten el cambio, se dejan mecer un poco por las aguas, pero continúan avanzando sobre el río, a la izquierda una pequeña playa se abre como un descanso natural, un pequeño pedacito de arena, entre las aguas y el monte, la montaña y el río, una frontera que bien puede ser un mirador que tiene de frente toda la gran montaña del Bala.

Aquí, la comisión decidió llevar una reunión de coordinación, antes de seguir avanzando río arriba, un gesto simbólico para llenarse de valor ante el recuerdo de aquella primera protesta que logró, por lo menos un tiempo, detener la construcción de la represa.

«Es muy triste, se agradece a la Mancomunidad que se preocupa, que se preocupa por defender nuestro territorio, porque valga la oportunidad así vamos a ir a ver con nuestros ojos, porque es muy diferente decir el gobierno dice no, nuestros dirigentes ya firmaron el documento para que Ende entre a hacer los estudios, pero ellos también nos dicen que Ende no está entrando», declaró una de las dirigentes que formaba parte de la comunidad.

La comitiva decidió buscar el campamento donde aparentemente estarían quedándose los obreros de la construcción, llegar hasta el lugar y entregar una carta firmada por todos los dirigentes que iban en la expedición, para que no continúen con el trabajo.

Los tres botes continuaron subiendo a través del río Beni, «Es nuestra fuente de vida, ellos nunca lo entenderán, este río es nuestro camino, pero también nuestra vida», aseguró Alipaz.

A la distancia columnas de humo indicaban que los focos de calor no se han extinguido completamente sobre la serranía del Chepete, también se los ve a la altura de Pilón Lajas.

A momentos el color rojizo del río denota la actividad minera que se realiza corriente arriba, y que según los dirigentes está contaminando de mercurio las aguas. Parabas de todos los colores pasando el medio día empiezan a volar, siempre en parejas, su ruido casi inconfundible denota una fauna exuberante, su vuelo casi coordinado, recuerda el dato casi anecdótico, que dice que las parabas solo tienen una pareja a lo largo de su vida, y que cuando una de las dos muere, la otra se queda sola hasta el final de su vida.

El estrecho del Chepete, luego casi de 5 horas de navegación, muestra lo que los dirigentes temían, personal trabajando en la zona. Dos obreros, cada uno a cada lado del río, con equipos electrónicos sobre trípodes metálicos.

Ambos obreros, resguardaban estos equipos colocados en terreno elevado; uno de ellos estaba sobre una roca, casi al nivel del agua descansando a la sombra de una playa que parece improvisada en medio de la vegetación.

El otro, estaba metido entre la vegetación del monte, en un lugar que no tiene playa como para que las embarcaciones puedan atracar fácilmente; para llegar a él, hubo que subir por la cuesta de la montaña llena de plantas, árboles y vegetación tupida, no mucho, pero lo suficiente como para que la labor requiera mucho de habilidad, agilidad y suerte.

La comisión se acercó, hablaron con el primero de los dos, el que estaba descansando sobre la playa, él les dijo que estaban esperando un bote que los recoja, que ellos solo son obreros, pero ya el temor estaba confirmado.

Una plataforma de cemento recién construida, era la base para un circulo de metal que tenía la inscripción «Empresa Eléctrica Ende Corani S.A, Proyecto Hidroeléctrico El Bala-Chepete, SCT 2021».

El obrero de la otra ribera conversó con los dirigentes, intercambiaron palabras, se identificó, dijo ser veedor del estudio, como comunario de un pueblo que es parte del Consejo Indígena del Pueblo Leco y Apolo (CIPLA).

«Recién (estamos trabajando) de ayer, soy dirigente, estamos vigilando que están haciendo (Ende), solo son relevamiento de información que están dando, después vienen los regleros que están adelante», relata el obrero que dijo llamarse Jorge Canare, y ser de la comunidad Ponendo.

«¿Están de acuerdo con la represa?», increpa una de las dirigentes de la comisión, «No, solo son estudios», respondió Canare.

«¿Quién los contrato, Ende?», preguntamos, «No, la empresa que se adjudico es Ende», respondió Canare, que repetía ser un veedor de su comunidad.

«Pero si no está de acuerdo con la represa ¿Por qué está haciendo el estudio?», preguntó otro miembro de la comisión, -¿es que hay organización, saben el presidente que han entrado para dar seguimiento a los proyectos (…) para veedores tenemos que dar seguimiento, cada organización de los 10 pueblos tenemos que dar seguimiento de lo que se hace-«, respondió Canare.

«Como organización no estamos de acuerdo, ¿por qué ustedes como hermanos están permitiendo como CRTM que nos atropellen, por qué ustedes no están viendo eso?», reclamó Teresa Limpias, parte de la comisión.

«Yo te pregunto hermano, de indígena a indígena, será que a ti te gustaría que alguien firme por ti, que mi pueblo firme para que el daño vaya a tu pueblo», increpó otra de las mujeres parte de la comisión.

A pesar de no lograr ponerse de acuerdo, la comisión decidió esperar al bote que recogiera a los obreros, no sin antes proceder a apagar el equipo electrónico que estaba custodiando Canare.

«Están atropellando los territorios, y por ese mismo hecho llamamos a todos los organismos internacionales de derechos, a los nacionales, a la defensoría del pueblo, a la CIDH, a la ONU, que tienen que prestar atención sobre estos atropellos que amenazan la existencia de (los) pueblos vulnerables como son los Esse Ejja, nuestros hermanos Chimanes, nuestros hermanos Moxetenes, entonces tienen que tomar acciones en esto, no puede ser que las empresas sigan atropellando los territorios y los derechos de nuestro pueblo», declaró Alipaz, como mensaje para que el mundo sepa que estaba pasando en aquel lugar recóndito donde no funcionan ni radios ni celulares.

Hermetismo, contradicción y amenaza

Un bote con aproximadamente 10 personas llegó para recoger a los obreros y sus equipos, un encargado de ellos habló con la comisión mientras las representantes de REPAM y miembros de CARITAS servían de veedores. Los dirigentes indígenas demandaron la salida inmediata de todos los obreros del territorio, ellos aceptaron y emprendieron camino río abajo, la comisión decidió bajar con ellos como escoltas para cerciorarse que cumplan con lo prometido.

Unos kilómetros más abajo, el bote que llevaba a los obreros se encontró con otra embarcación también llena de personal que realizaban el mismo trabajo, pero al parecer en otro sector.

Se volvieron a encontrar todas las embarcaciones en tierra firme, allí un encargado del grupo aseguró que Canare no era veedor, sino un obrero contratado, por la empresa que estaba realizando un estudio de georreferenciación para Ende Corani.

«Ende nos autorizó, nosotros somos una empresa privada (…) nos contrató Ende, supuestamente ya hay todos los permisos necesarios (…) no tengo porque pelear con la gente que no está de acuerdo, sino están de acuerdo y no hay autorización, no hay consenso del lugar, no tengo porque seguir trabajando, para qué nos vamos a enemistar. Solo somos trabajadores», declaró D.C. obrero que se identificó como encargado del personal.

Fernando Ara, presidente del CRTM, se dirigió al encargado y le pidió que abandonen el territorio, porque ninguna de las 23 comunidades de su organización había dado la autorización para permitir el ingreso de Ende, especialmente para el proyecto Hidroeléctrico El Chepete-Bala.

«Por favor le pedimos que se retire (…) vamos a estar a partir de ahora en vigilia, no queremos tener problema con ustedes, son trabajadores y no tienen nada que ver», aseguró Ara.

«Será que nos pueden dar un sello, una certificación, para justificar que no está de acuerdo la comunidad para que me salga hermano, no tenemos porque, estar donde no nos quieren», dijo el obrero de nombre D. C.

La comisión de 3 botes más las dos embarcaciones con obreros retomaron el camino río abajo, en dirección al Bala y a Rurrenabaque. Una de las lanchas de la comisión apuro el paso, el motorista de nombre Marcelo, aseguró que no navegaba de noche.

Los otros dos botes continuaron el camino, tratando de no perder de vista a las dos embarcaciones con obreros; mientras más se metía el son entre las montañas, estas dos embarcaciones parecían aminorar la velocidad de forma intencional, como si quisieran que la comisión se fuese de largo para que ellos pudieran quedarse en el territorio.

El sol se fue hundiendo lentamente y sus rayos de color rojo encendido reflejados en el agua, se volvían más rojos. Las sombras tenues de un color azul claro iban llenando el cielo justo por sobre los cerros, la comisión decidió acelerar el rumbo, confiando en que los botes con los obreros, los seguiría cumpliendo la palabra empeñada. No fue así.

La empresa y el trabajo

La empresa a la que pertenecen los obreros se llama SGT Ltda., según informó D.C., estaban realizando un trabajo que permite georreferenciar puntos desde Puerto Pando hasta Rurrenabaque, en el marco del proyecto hidroeléctrico El Chepete-Bala. Hasta el momento cuando se toparon con la comisión, habían georreferenciado unos 15 puntos.

El personal especializado, que consta de aproximadamente 6 topógrafos son de Cochabamba, además contrataron a miembros de algunas comunidades para realizar apoyo, como abrir senda, o resguardar el equipo de georreferencia.

En Rurrenabaque recién al día siguiente, arribaron los botes cargados de equipos y personal, se habían quedado a dormir en una de esas playas, ya dentro del CRTM, incumpliendo la palabra empeñada a los miembros de la comisión.

Claro, ya los dirigentes de la Mancomunidad, advertidos de esta actitud habían zarpado una vez más el día sábado en busca de estas embarcaciones, se toparon a poco de pasar la primera curva del cauce, y esta vez todos juntos llegaron a Rurrenabaque.

Los obreros contratados por SGT Ltda. esperaron junto a los dirigentes de la Mancomunidad a que llegarán miembros de la empresa, supuestos supervisores, a los que se informaría de la determinación de no permitir que se continúe con el trabajo.

Llegó uno, bajó a la ribera con actitud colérica, no cruzó palabra con los dirigentes que lo increparon y al contrario volvió a subir rumbo al puerto rápidamente, los periodistas intentaron conocer una declaración, pero se negó a hablar.

En el hotel donde aparentemente se estaban alojando, se volvió a pedir una declaración suya sobre la empresa y los trabajos que realizarán en la zona, pero no solo rechazó dar una declaración, sino amenazó con levantar un proceso por «secuestro» contra todos los miembros de la comisión que habían ido el día anterior, incluido los periodistas.

SGT Ltda. cuenta con una página web donde describe los años de experiencia que lleva, además del personal ejecutivo que conforma la empresa. Su presidente, F.R.T., también figura como director y presidente de SGT Centro América S.A. una compañía registrada en Panamá. También en su web, hay una pestaña que muestra su trabajo para Ende Corani.

No habrá perdón de Dios si se destruye la naturaleza

Cecilia Puentes, misionera de la orden Lauritas, representante de la REPAM, que acompañó a la comisión como veedora, aseguró el apoyo de la iglesia en la protección de los territorios que se verían afectados por la construcción de la represa.

«Lo que se quiere como iglesia es defender el territorio, la casa común de toda la Pan Amazonía, todo este bioma que es una riqueza; hemos visto en todo este recorrido hay animales, que no se ven en otros sectores (…) si las comunidades pierden fuerza y no defienden su territorio, será una destrucción enorme y no habrá perdón de Dios el haber dejado que se destruya toda esta naturaleza», aseguró Puentes.

Fuente: lostiempos.com