Ghislaine Maxwell se sienta en el banquillo dos años después de la muerte de Epstein

Con gran expectativa comenzó en Nueva York el juicio contra Ghislaine Maxwell, la misteriosa compañera, novia y socia de Jeffrey Epstein acusada de dirigir junto a él una impresionante red de tráfico sexual que ha salpicado a muchos, desde Trump a Bill Clinton y que se espera brinde respuestas y sobre todo justicia a cientos de mujeres que afirman haber sido abusadas por la pareja.

Con nuestra corresponsal en Nueva York, Silvina Sterin Pensel, y AFP.



Es el último capítulo judicial del turbio entramado que protagonizaron Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. Fallecido él, en dudosas circunstancias mientras estaba preso, Ghislaine Maxwell es ahora quien enfrenta el peso de la ley en este juicio que acaba de comenzar y en el que se le imputan seis cargos incluído el de tráfico de menores con fines de abuso sexual.

La fiscalía describió a la acusada como una socia vital, necesaria y clave que proveía a Epstein una continua oferta de chicas -muchas menores de edad- para que el magnate y financista pudiera abusar sexualmente de ellas en sus múltiples propiedades, en New York, Nuevo México, París y las Islas Vírgenes.

En el juicio se aseguró que era Ghislaine Maxwell quien entablaba relaciones de supuesta amistad con las jóvenes, dándoles confianza, preguntándoles sobre sus vidas y anhelos para después entregárselas a Epstein que les solicitaba le hiciesen masajes. En muchas ocasiones, se dijo, la propia Maxwell participaba de esas sesiones que terminaban siempre en abuso.

La defensa, en cambio, describió a Maxwell como una persona totalmente ajena a esos abusos y como un chivo expiatorio. La abogada Bobbi Sternheim aseguró que Epstein era un benefactor y patrono de las artes que, junto a su clienta, Maxwell, ayudaban a las jóvenes a financiar sus carreras en la música, la danza y las artes plásticas. También se encargó en estos argumentos iniciales de desacreditar a las cuatro mujeres que testificarán durante el juicio diciendo que únicamente persiguen un suculento incentivo económico.

El juicio que podría durar seis semanas, tiene en vilo a personalidades del ámbito político, empresarial, académico y hasta de la realeza británica. De ser encontrada culpable, Ghislaine Maxwell podría ser sentenciada a más de 70 años de cárcel.

Debido al covid-19, los testigos podrán retirar sus mascarillas cuando den su testimonio ya que lo harán desde un cubículo de plexiglás dotado con un filtro de aire. Los abogados lo harán desde otro cubículo similar.

Asimismo, los testigos podrán testimoniar bajo seudónimo o solo dando su nombre de pila.

Hacia finales de 2022, Maxwell volverá a ser juzgada por las acusaciones de doble perjurio, relacionadas con un testimonio que dio en 2016 en un caso por difamación que inició contra ella Virginia Giuffre, supuesta víctima y una de las principales detractoras de Epstein, quien, sin embargo, no forma parte de la acusación contra la «socialite».

Giuffre alega que Epstein la solía prestar para mantener relaciones sexuales con poderosos amigos, como el príncipe Andrés, a quien ha denunciado en un tribunal de Nueva York por mantener relaciones sexuales con ella hace más de 20 años, cuando ella tenía 17.

El príncipe y Epstein se conocieron a través de Maxwell. Este juicio sigue a otros muy mediatizados, como el del productor de cine Harvey Weinstein y el cantante R. Kelly con el telón de fondo del movimiento #Metoo.

Radio Francia Internacional