Antonio Riveros habló sobre Creotec, la startup que cambia vidas

En un nuevo episodio del espacio digital “De Frente con Oscar Ortiz”, Antonio Riveros habló sobre la experiencia de Creotec, startup boliviana que utiliza tecnología de última generación para diseñar y fabricar prótesis con impresión 3D a bajo costo.



Fuente: Publico.bo

Riveros es ingeniero electromecánico por la UMSA y diplomado en alta gerencia por la Universidad Católica Boliviana. Es CEO y fundador de las empresas Drontec y Creotec. Como emprendedor de alta innovación ha sido reconocido con varios premios en el 2020: primer lugar en el programa “Nada te detiene”, mejor startup de Bolivia en la reconocida aceleradora Global, segundo lugar en los Premios Latinoamérica Verde y seleccionado entre las 25 startups más innovadoras de América Latina según el estudio de Incae. Es presidente de la Asociación de Emprendedores Tecnológicos de Bolivia.

“Creotec nace el 2020, es muy joven. Vengo emprendiendo desde el 2015 y todo lo que fui aprendiendo en materia de innovación lo fui aplicando en esta nueva startup. En 2017 donábamos prótesis como un proyecto netamente altruista, pero en 2020 vimos que hay un mercado desatendido, un problema más que todo en los países pobres. Cada 30 segundos, en el mundo se está amputando a una persona. El 80% en países en vías de desarrollo. Eso crea una brecha entre las personas que necesitan una prótesis y el valor del mercado. Con tecnología de impresión 3D, un grupo de ingenieros empezamos a hacer prótesis a medida de bajo costo. Las vendemos con garantía y en algunos casos, cuando no pueden pagar, conseguimos donaciones”, señaló.

Riveros recalcó el papel que cumplen las aceleradoras: “son la academia que va a permitir aprender habilidades técnicas, para llevar tu emprendimiento al siguiente nivel. La incubadora convierte la idea en negocio y la aceleradora ya funciona cuando tienes un modelo de negocio y comienzas a crecer. Hemos participado en dos aceleradoras: Innova Up de Cainco y en la aceleradora Solidez. En ambas recibimos mucho conocimiento, algo que todavía no te están enseñando en las universidades, cómo hacer una startup. A diferencia de una pyme, tiene dos requisitos: ser disruptiva, tiene que cambiar la industria. Queremos cambiar la industria de cómo se entregan prótesis, con el trabajo a distancia. Con la pandemia, una persona en otra ciudad o país puede recibir una prótesis sin visitar nuestra oficina. El segundo requisito es que sea escalable, que el modelo de negocios sea tal que pueda crecer exponencialmente, duplicarse mínimamente cada año para poder llamarse startup”.

Recomendó que los nuevos emprendedores se inscriban a concursos para lograr visibilidad y acceso a networking. Sobre las mentorías, dijo que “fui estudiante en la Innova Up y ahora estoy invitado como mentor, ayudando a ideas que están queriendo nacer en este mundo de las startups. Es un activismo para que más personas tengan oportunidades que tal vez nosotros no hemos tenido”.

“En el ecosistema emprendedor hay varios actores fundamentales: la academia, las universidades que deberían preparar con habilidades blandas y duras para que los emprendedores puedan entrar al mercado. Los mentores, que ya se han caído y vuelto a renacer. Las capacitaciones, las aceleradoras. El tema financiero, con inversionistas que tengan confianza para venir al país. Las políticas públicas, un tema en el que venimos trabajando desde 2019, para que Bolivia tenga una ley de emprendimientos de base tecnológica. La sociedad civil, que debe creer que esto es una industria y no una moda, que nos puede catapultar económicamente. Por ejemplo, en Argentina, una gran corporación como Mercado Libre ya vale 57 veces lo que YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la estatal petrolera). Muchas Big Tech valen más que el PIB de varios países”, indicó.

Riveros opinó que es clave acompañar a las startups, “que son muy dinámicas y están cambiando industrias”, con nuevas normativas. “La burocracia acompañada de normas antiguas no permite innovar. En Drontec queríamos hacer delivery con drones como Amazon, pero la normativa de la DGAC no permite hacer vuelos con carga. Para obtener ese permiso pueden pasar meses o años si no hay voluntad política”, señaló.

“Planteamos excepciones regulatorias para este tipo de emprendimientos, siempre con un observador del Estado. Para hacer prótesis, que son equipos médicos, se necesitan ciertos permisos, y las regulaciones antiguas van a perjudicar. En otros países están abriendo empresas en un día, consiguiendo los permisos en dos días. Hacer una sociedad anónima en Bolivia es carísimo y lento. En startups, un año ya es mucho tiempo. Si nos retrasamos mucho en sacar el producto o en la innovación, alguien más lo estará haciendo en el mundo”, subrayó.

El emprendedor resaltó el valor de los fracasos en el aprendizaje: “en esta industria los títulos son los fracasos. Son las cicatrices de guerra que le dicen al inversionista que éste sabe, que ya ha pasado el ciclo. Y hay que distinguir el Venture Capital, los capitales de riesgo, que son muy diferentes de un banco. El sistema bancario te presta si tienes garantía, un edificio o flujo. Pero el capital de riesgo, que puede ser un ángel inversionista como hay en Santa Cruz, se arriesga contigo. Apuesta a tus ideas, a cómo trabajas y resuelves las cosas. Eso es inclusivo, porque da oportunidades a emprendedores talentosos que tenemos en Bolivia”.

En las conclusiones, Oscar Ortiz destacó al “movimiento de emprendedores en torno a las startups, que motiva al ver esas ganas e innovación. La experiencia en los fracasos, para triunfar en nuevos emprendimientos, es algo que tenemos que cambiar en nuestra forma de pensar y de ver. Hay que apoyarlos para que sigan creciendo. Estos nuevos emprendimientos pueden llegar a ser mucho más grandes que las industrias tradicionales”.