Para el analista, con este tipo de programas las empresas buscan contentar al político en lugar del consumidor.
El gobierno apostó por los fideicomisos para la sustitución de importaciones, sistema denominado SIBOLIVIA. Recientemente, el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural informó que hasta la fecha se han colocado créditos por un monto total de 566,4 millones de Bs., principalmente enfocados en la micro, pequeña y mediana empresa.
Aunque estos fondos puedan ser un desahogo temporal para esas unidades productivas, es discutible que lleguen a sustituir importaciones de manera sostenible en el marco de una economía global competitiva. Desde eju.tv buscamos la opinión del economista Hugo Balderrama.
eju.tv: ¿Serán viables a mediano y largo plazo los proyectos financiados por el programa de sustitución de importaciones?
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Hugo Balderrama: El empresario asume riesgos buscando beneficios. Pero sólo los conseguirá si logra satisfacer las necesidades de su prójimo. Si los ofertantes producen cosas que nadie demanda, será el propio mercado que los castigará, e incurrirán en pérdidas que se verán reflejadas en su Estado de Resultados. Sin embargo, cuando el Estado mete sus manos genera desinformación e incentivos perversos: las empresas buscan contentar al político en lugar del consumidor. La sustitución de importaciones, por mucho adorno que se le ponga, es una forma de intervención estatal. Por lo tanto, ocasiona los mismos resultados arriba descritos. Cualquier intervención estatal en el mercado, por mínima que sea, es un atentado contra la economía, por ende, contra la libertad individual y la propiedad privada.
Además de la generación de empleo, la sustitución de importaciones busca frenar el flujo de divisas en dólares hacia el exterior. ¿No sería más eficiente incrementar el ingreso en divisas promoviendo las exportaciones no tradicionales?
En primer lugar, debemos aclarar algo: el objetivo de la economía no es crear empleo, sino crear riqueza. El empleo es una externalidad positiva producto de la inversión. Por lo tanto, para crear puestos de trabajo adicionales, se necesitan dosis de capital extras. Paradójicamente, la sustitución de importaciones genera una destrucción de capital.
Por otra parte, todo arancel o tarifa aduanera significa mayor erogación por unidad de producto. Es decir, de los siempre escasos recursos habrá que destinar un monto mayor para adquirir un bien o un servicio que puede comprarse más barato y de mejor calidad. Esto significa que se reduce el nivel de vida de los habitantes del país cuyo gobierno procede a instalar las referidas trabas al comercio, porque deben destinar una mayor porción del fruto de sus trabajos, a diferencia de lo que ocurriría si no existieran esas trabas. En ese caso no solo podrían adquirir el producto en cuestión, sino que liberarían fondos adicionales para comprar otros bienes y servicios, con lo que mejorarían su nivel de vida.
Al mismo tiempo, el ahorro adicional se traslada a la inversión. Con lo que existen más bienes y servicios a disposición en el mercado, muchos de los cuales podrán exportarse. La mejor forma de fomentar la industrialización de un país es dejar que crezcan las dosis de capital privado. Cosa que trae, como consecuencia no deseada, el crecimiento de las exportaciones.
Al sustituir importaciones los gobiernos dicen que van a “industrializar el país”, pero sólo crean elefantes blancos ineficientes.
¿Es viable, al menos, la sustitución de la importación de petróleo por la producción nacional de biocombustibles?
En materia de hidrocarburos el propio gobierno admitió dos cosas: primero, que existe una declinación de la producción de gas y líquidos en los principales campos gasíferos. Por ejemplo, Industrias Agrícolas de Bermejo Sociedad Anónima (Iabsa) no terminó de destilar 3 millones de litros de alcohol por falta de gas natural, con una pérdida económica estimada en 2,5 millones de dólares. Y segundo, que la Ley de Hidrocarburos 3058 cumplió su ciclo, y se deben realizar ajustes al sector para generar mayor inversión. Penosamente, en lugar de atraer inversiones privadas, están yendo por el camino de la producción de biodiesel. No es un plan económico, sino un nuevo mecanismo que les permite seguir controlando el aparato productivo.
La sustitución de importaciones es una de las peores políticas que puede sufrir una nación. Por un lado, le quita la libertad de elegir a los consumidores y, por el otro, desemboca en la creación de elefantes blancos ineficientes y deficitarios, algo que Bolivia ya experimentó en las décadas de los 50, 60, 70 y 80.
Edición y entrevista: Emilio Martínez
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