Marchistas o marchantes

 

Sin ánimo de controvertir o demeritar la reciente marcha del líder cocalero, cuyo motivo permanece todavía en máximo secreto y sujeto a la antojadiza versión de algunos incondicionales que lo acompañaron, como unos cuantos funcionarios públicos que supusieron que se trataba de una marcha por la pega antes que por la patria, convenimos que esa proeza dista años luz de ser una verdadera hazaña.



Aquellos peripatéticos pagados, que izaban la divisa de un racismo inexistente, o de un federalismo que no comprenden, estuvieron muy lejos de plasmar dichos objetivos, ya que las verdaderas intenciones se asemejaban más a una campaña electoral, que a un supuesto apoyo al gobierno dirigido por control remoto.

Al margen de la basura que dejó este paseo sobre la vía, quedó y sobrevive el odio; ese infundado resentimiento y la estúpida querella contra el khara y el cruceño, olvidándose que hace exactamente 121 años, un 30 de abril de 1900, una columna de ellos, sin contar con las comodidades de un helicóptero que reduzca a dos horas su tarea, emprendió una marcha de verdad, que duró casi un año, dirigida a defender el territorio del Acre invadido por los brasileños.

Tan frágil, tan carente de sus tradiciones, tan ignorante de su propia historia, esa mal denominada clase blanca o mestiza ha olvidado su pasado y, junto a él, por miedo o por comodidad, ha dejado en el basurero de la historia gestas como la del Acre, magistralmente descrita por uno de sus protagonistas, el ilustre escritor Don José Aguirre Achá, en su obra: “De los Andes al Amazonas”, que muy bien podríamos bautizarla como  la primera gran marcha que no solo unió al occidente con el oriente de la nación sino que, con un contingente de apenas 700 valerosos bolivianos, de los cuales solo retornaron 300, fue a defender y a sentar soberanía en un girón patrio amenazado por la codicia brasileña.

El trayecto seguido por esos titanes fue diez veces más que los 190 Kms. de asfalto que comprende el tramo a Caracollo. Saliendo de La Paz, pasando por Oruro y Cochabamba; se adentraron por el Isiboro hasta llegar a Trinidad, para remontar desde allí su travesía hacia Riberalta y finalmente al Acre, abriendo sendas y transitando por zonas que jamás habían sido holladas por el hombre y donde el único recibimiento fue la emboscada de los filibusteros.

Hoy en día, en medio de esta fiebre etnocentrista que se apoderó abusivamente del país, se pretende borrar todo vestigio de esos ilustres héroes que dejaron sus vidas en tan ignotos parajes y solo quedan de ellos, algunos letreros de calles o su recuerdo en la memoria de patriotas que los honran.

No tendría ningún sentido volver a rememorar esta inolvidable epopeya, cumplida hace 121 años por estos compatriotas, sin antes transcribir una carta dirigida por Rodolfo Siles a su señora madre, un 5 de diciembre de 1900, antes de ofrendar su vida por la patria.

“Querida mamita:

Esta última que te dirige el hijo que más te quiere, porque dentro de un momento seré fusilado por los acrenses; pues he caído prisionero. Tal vez hubiera salvado mi vida, pero mi deber de buen ciudadano me manda perecer. Del cielo, a donde espero ir, velaré por ustedes, ya que en la tierra mis fuerzas han sido vanas y desgraciadas. Recomienda a todos mis hermanos se acuerden en sus oraciones de mí. A mi abuelita y a mis paisanos, que honren mi memoria, porque la merecerá. ¡Hasta la otra vida!”

¡Qué bello ejemplo de valentía de este boliviano que ofrendó su vida por la patria sin cálculo político, ni interés mezquino, como un recuerdo de que esta república se creó y formó con el sacrificio de todos y especialmente, de quienes fueron marchistas y no marchantes!

 

Álvaro Riveros Tejada