Migración y metropolización, dos retos frente a los que el Estado no sabe responder

Estefani Tapia concluyó abogando por ampliar la visión del problema en términos metropolitanos, pero también de desarrollo local, porque muchas ciudades están al límite de espacio y servicios para lo que hace falta explorar caminos, planificación y soluciones que piensen en las desigualdades y perspectivas incluyentes sin mezquindades.

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Toma aérea de Santa Cruz de la Sierra. Foto: hoybolivia.com

 

Fuente: ANF



La migración hacia las ciudades del eje central (La Paz, Cochabamba, Santa Cruz) y sobre todo a Santa Cruz, la más poblada de Bolivia, deja en evidencia las limitaciones del Estado para responder a los desafíos de la metropolización, la planificación territorial y el desarrollo equilibrado de los departamentos y municipios para evitar las desigualdades y el vaciamiento de algunas regiones.

El tema fue abordado en un diálogo de la Agencia de Noticias Fides (ANF), moderado por Estefani Tapia (La Paz), con la participación de los jóvenes analistas Rubén García (Santa Cruz), Guido Alejo (El Alto), Yara Espinoza (Cochabamba) y Evelyn Callapino (Potosí).

García consideró que la metropolización genera beneficios económicos por la gran concentración de población, un espíritu competitivo en un sentido positivo y es una forma de vincularse con la globalización, pero criticó que la élite gobernante no esté a la altura de los desafíos de un fenómeno global como el de la formación de metrópolis.

Como ejemplo, cuestionó el hecho de que la Constitución promulgada en 2009 tenga, según dijo, un enfoque rural o anclado en lo “indígena originario campesino”, cuando al menos el 75 % de la población es urbana.

Apuntó que, pese al avance de la Ley de Participación Popular de 1994, no se haya desarrollado nueva institucionalidad para potenciar las ciudades intermedias con el propósito de impulsar su crecimiento para absorber la migración que sale de los departamentos del occidente y el sur del país.

Las tres regiones metropolitanas potenciales de Bolivia, formadas por capitales regionales y municipios adyacentes tienen las siguientes poblaciones: Santa Cruz, con 2,2 millones de habitantes; La Paz, con 1,8 millones, y Kanata (Cochabamba), con 1,1 millones de personas, citó García.

La comunicadora Espinoza llamó la atención sobre la “ausencia de planificación territorial y de un plan de desarrollo no solamente de gobernaciones y alcaldías, sino también del Estado (en el nivel central)”, algo que, a su juicio, el Movimiento al Socialismo (MAS) impulsaba en un inicio, pero que se ha ido diluyendo con el tiempo.

Según Espinoza, entre las evidencias del crecimiento descontrolado regional y municipal están la gran diferencia que existe en el precio de la tierra en Santa Cruz, Tarija, y La Paz, los problemas de medioambiente y el manejo de basura sin ninguna planificación.

Con el Censo del 2022 quedará con más claridad la situación poblacional de las regiones y al mismo tiempo la asignación de recursos o el número de representantes que debe tener cada departamento en la Asamblea Legislativa, lo que podría complicar el avance de las autonomías, agregó.

Ejecentrismo” y “multipolaridad”

El arquitecto y analista Guido Alejo cuestionó que el país avance hacia la consolidación del “ejecentrismo” consistente en impulsar el desarrollo de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz sobre el resto del país y reclamó la necesidad de un equilibrio regional pensando en la “multipolaridad” para que cualquier boliviano tenga las mismas opciones de desarrollo donde quiera que viva.

A su juicio, todos los gobiernos de alguna manera han impulsado acuerdos con los “grupos de poder del oriente” mejorando la calidad de vida en Santa Cruz, incluso nombrando ministros cruceños para temas de desarrollo, mientras que en paralelo había un descuido en planificar el crecimiento del norte amazónico, el altiplano o el sur del país.

Es importante brindar mejor calidad de vida a quienes viven en las metrópolis, pero también son necesarios los planes trans departamentales e intermunicipales regionales, opinó Alejo.

También criticó a los políticos por seguir “en la vorágine de la polarización y victimización”, “hacer política sin resultados” y “ni siquiera velar por los equilibrios geopolíticos” para diseñar un desarrollo integral nacional.

Desde Potosí, que es una de las regiones expulsoras de población, la politóloga Evelin Callapino sostuvo que la gente no solo migra por temas económicos, sino en busca del ideal de progreso y modernidad que está vinculado al consumismo.

Dijo que la realidad del campo en toda Bolivia es de pobreza y precariedad y ahora se ha sumado el cambio climático, que obligan a buscar mejores lugares para vivir, pero ante eso abogó por políticas para llevar al área rural y las ciudades intermedias todos los servicios que necesita la gente.

En el caso concreto de la migración de Potosí se presenta la paradoja de que es una región que genera recursos económicos, desde la minería y el turismo, pero que esos fondos no benefician a la región debido a las políticas centralistas que ejerce La Paz, agregó.

En una nueva ronda, Callapino y García polemizaron sobre los efectos de la metropolización y la centralización en desmedro de otras regiones.

Callapino criticó que la metropolización también genere el vaciamiento de otras regiones, desigualdades en el país e incluso dentro de las mismas ciudades grandes con la aparición de zonas periurbanas, mientras que García replicó que la metropolización no es crear “megaciudades”, sino conectarlas para impulsar la descentralización y el desarrollo local.

Alejo señaló que también era importante considerar quién está en el ejercicio del poder para favorecer el crecimiento de su lugar de origen y ver el manejo político de las inversiones en función de intereses electorales.

Reconoció como una “deficiencia enorme” que en el caso de las burguesías aymaras o los qamiris, con base en El Alto, no hay una visión de desarrollo regional o nacional, sino sólo de acumulación de capital.

Espinoza consideró que es preocupante que las metrópolis crezcan de forma caótica con indiferencia ante sectores vulnerables como las personas con discapacidad y exigió verdaderas planificaciones, no solo regionales sino también internamente para las ciudades.

Estefani Tapia concluyó abogando por ampliar la visión del problema en términos metropolitanos, pero también de desarrollo local, porque muchas ciudades están al límite de espacio y servicios para lo que hace falta explorar caminos, planificación y soluciones que piensen en las desigualdades y perspectivas incluyentes sin mezquindades.

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