De Chamberlain a Biden

Emilio Martínez Cardona

La estrategia seguida por Vladimir Putin en Ucrania es sorprendentemente similar a la de Adolf Hitler en Checoslovaquia, cuando reclamó las regiones de los Sudetes, mayormente habitadas por una población germánica.



La pregunta es si también habrá un parecido entre el rol a jugar por el presidente estadounidense Joe Biden y el del primer ministro británico en 1938, Neville Chamberlain, quien entregó los Sudetes en el tristísimo Acuerdo de Munich.

Poco después, a vista y paciencia del mundo, Hitler no sólo se anexó aquellas regiones, sino que convirtió a todo el resto de Checoslovaquia en su protectorado.

Actualmente, Putin ha dado señales más que claras de aspirar no sólo a la absorción de las “repúblicas” prorrusas de Donetsk y Lugansk, sino que ha puesto en entredicho la soberanía misma de Ucrania, señalando que “debería volver a ser parte de Rusia”.

Todo apunta a que, si no es frenado ahora, acabará tarde o temprano por anexarse todo un país.

Hasta ahora, la respuesta de la Casa Blanca ha sido de extrema prudencia, con la aspiración de “desescalar” el conflicto. Quizás sea un nuevo nombre para el apaciguamiento a lo Chamberlain.

Por el momento, la reacción de Occidente consiste en imponer sanciones económicas y diplomáticas, primero a las “repúblicas” recién proclamadas y acto seguido al personal del régimen de Putin que participó en el reconocimiento de Donetsk y Lugansk, incluyendo a los miembros de la Duma o Parlamento. Un tercer paquete de sanciones apunta al sistema financiero ruso, a la deuda soberana y al suministro energético.

Suena a poco y existe el precedente de la invasión rusa a Crimea en 2014, también contestada con sanciones por Barack Obama, y que no le movieron un pelo al titular del Kremlin.

Lo cierto es que a Biden lo midieron en su caótica retirada de Afganistán y fue hallado tibio e indolente. Occidente tendrá que mostrar músculo y hacerlo pronto, si no quiere alentar al club de las dictaduras que aspiran a un cambio de paradigma donde las democracias serían prescindibles.

Esto puede requerir actuar en otros planos que el económico, en momentos en que gran parte del ejército de Rusia (hasta un 75% según algunos analistas) se encuentra en la frontera con Ucrania, dejando desguarnecido al resto de su territorio.

También debe tenerse en cuenta la existencia de tensiones separatistas en muchas zonas del país euroasiático. Son decenas de repúblicas autónomas donde varios estudios internacionales registran un alto “estrés etno-territorial”: Tuvá, Tartaristán, Bashkortostán, Yakutia, Buriatia y los focos más conocidos de Chechenia y Daguestán, entre otras. Un poco de su propia medicina podría ser una alternativa. Pero no hay un Reagan ni un Bush en la Casa Blanca.