Lecciones de ”Crimen y Castigo”


Observar lo que está sucediendo, nos lleva repasar la obra de Fiódor Dostoyevski, su estudio profundo de la naturaleza humana ante el crimen cometido, la reacción  por sus errores, con el mensaje claro “después del crimen viene el castigo” o como dice el refranero popular “no se hace tanto cuanto se paga” o “no hay culpa sin pena”. Para recuperar la paz espiritual está el arrepentimiento, asumir la verdad y pedir a Dios la conversión del corazón.

Recordar que en Siberia del relato de Dostoyevski , a orillas de un ancho rio que discurre por tierras desiertas hay una ciudad con una Fortaleza y una prisión. Presidio donde el condenado por el crimen está en trabajos forzados el reo Rodión Raskólnikov, cuyo crimen fue cometido hace ya año y medio. La instrucción del proceso fue rápida, el culpable repitió su confesión -con tanta energía sin embrollar las circunstancias, ni suavizar el horror de su perverso acto, sin alterar la verdad de los hechos, sin olvidar el menor incidente. -Rodión relató el asesinato y aclaró el misterio del objeto encontrado en manos de la vieja asesinada, un trocito de madera unido a otro de hierro. El condenado explicó la muerte de Lisbeth confirmando los indicios del horrendo acto criminal. Nuestra crónica parte del supuesto que los lectores leyeron la inmortal novela.



Que la asesinada era usurera que se nutría de los intereses por préstamos a los estudiantes pobres que acudían, para pagar alquileres y su manutención, que Rodión lo había pensado mucho antes de ejecutar su macabro pensamiento compartido con sus cómplices, que, sin embargo, no resultaron comprometidos, la Justicia le declaró culpable y le mandó tras las reglas de esa prisión, cinco meses después. El ruso describe los lazos familiares del criminal y su adiós antes de cumplir la pena de por vida. ¿Qué factor le llevó a la confesión de su crimen? Uno muy poderoso “el arrepentimiento” el remordimiento que le quitó el sueño, le atormentó su existencia, ni siquiera la idea del suicidio le salvó de las terribles pesadillas, la muerta le perseguía día y noche, no tenía paz, ni tranquilidad, su vida no era vida, el crimen le revolvía las entrañas.

Ahora bien en Bolivia los asesinados están sueltos, sus espíritus se han metido en la mente de los asesinos, las víctimas tienen nombres esposos Andrade, los tres de la Calancha, Christian Urresti, los del Hotel Américas, los de Huanuni y los policías y militares asesinados por descubrir el narcotráfico, las desapariciones, los otros que bien describe Carlos Valverde en sus libros en número cercano a la centuria, y estos espíritus como la enfermedad incurable de Rodión están inquietando a los culpables, “nos tienen vigilados, nos están perturbando, pedimos protección” responderle “no hay forma de protección” el mal está dentro en la mente y la conciencia y no dará tregua hasta tanto no se confiese y se castigue el delito como debe ser con la cárcel de por vida.

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Fiódor Dostoyevski pone en labios de Raskólnikov las motivaciones de lucha contra la injusticia mientras desarrolla esa teoría terrible y destructiva del crimen, cuando al matar a la vieja mujer estaría salvando a miles de personas y mejorando su propia situación financiera.

 

 

Mauricio Aira