Jubileo: A 16 años de la política de hidrocarburos, la dependencia es energética y fiscal

Muchos de los problemas en el sector, señala Jubileo, son resultado de una política hidrocarburífera orientada a la captura de renta, sumado a una deficiente gestión desde la determinación del nuevo enfoque del sector.

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Transcurridos 16 años de la implementación de la política hidrocarburífera vigente en el país, se observa que la dependencia a la explotación de hidrocarburos es tanto energética como fiscal, siendo esta última el principal obstáculo para iniciar el cambio de la matriz energética nacional hacia fuentes renovables, señala la Fundación Jubileo.



“La situación crítica por la que atraviesa el sector hidrocarburos es resultado de una política adoptada hace 16 años. Los efectos reflejan una caída en la producción a partir de 2016. Revertir esa tendencia implica aplicar cambios estructurales que podrían tardar más de una década”, refiere la institución en un documento de análisis sobre el sector hidrocarburos.

Muchos de los problemas en el sector, señala Jubileo, son resultado de una política hidrocarburífera orientada a la captura de renta, sumado a una deficiente gestión desde la determinación del nuevo enfoque del sector.

“Desde hace al menos una década se advertía la falta de actividad exploratoria y los efectos que tendría sobre la producción de hidrocarburos, que ha obligado al país a renegociar sus contratos de exportación por menores volúmenes, y con ello menores ingresos para el país”, agrega.

En la actualidad, tanto el mundo como la región y el país se enfrentan al enorme desafío que implica el cambio climático como resultado de la crisis ambiental por la que atraviesa el planeta. Esto ha supuesto, señala Jubileo, una serie de compromisos asumidos por la mayoría de países orientados a frenar el calentamiento global, siendo uno de los principales el abandono gradual del uso de energía proveniente de fuentes fósiles.

Esto supone, agrega, una transición energética mundial, donde si bien el gas natural es considerado un combustible de transición, es previsible que su uso y consumo tienda a decrecer en los siguientes 10 o 15 años.

En este sentido, considerando que el país tiene una alta dependencia, tanto fiscal como energética a la explotación de hidrocarburos, “resulta necesario promover una doble transición: una económica y otra energética”, sugiere Jubileo.

La transición económica debe estar orientada a hacer más eficiente el gasto público y desarrollar otros sectores de la economía que puedan generar una fuente de ingresos fiscales. La energética debe estar orientada a la generación de energía a partir de fuentes renovables en lo que el país tiene un enorme potencial.

Ambas transiciones, económica y energética, “deben ser emprendidas de forma simultánea para que ambas puedan ser viables y sostenibles en el tiempo”.

“Desde la perspectiva del sector hidrocarburos, los cambios en el contexto global, regional y nacional hacen necesaria una nueva política hidrocarburífera plasmada en un nuevo marco normativo orientado a solucionar los problemas estructurales que hagan viable al sector en el mediano plazo y que además respondan a este nuevo contexto internacional”, apunta Jubileo.

Bolivia destina su producción hidrocarburífera, principalmente gasífera, a la exportación a los mercados de Brasil y Argentina, además del abastecimiento interno.

En la actualidad, el país tiene un problema de oferta, lo que implica no estar en condiciones de atender, de manera simultánea, la demanda máxima de los contratos de exportación y mercado interno, y menos aún de suscribir nuevos contratos.

La producción de hidrocarburos tuvo un importante crecimiento hasta el año 2015, debido a una explotación más rápida de los yacimientos ubicados en los campos Margarita, Sábalo y San Alberto, los cuales fueron descubiertos en la década de los años 90 del siglo pasado; pero desde la gestión 2016 la producción comenzó a caer de manera permanente, hasta la fecha, debido a la declinación de estos reservorios de hidrocarburos.

El único campo nuevo es Incahuasi–Aquío que inició su producción en agosto de 2016 y que, en cierta medida, vino compensando la declinación (agotamiento) de los campos Sábalo y San Alberto.

La producción de hidrocarburos líquidos considera principalmente condensado (líquido asociado al gas natural) y en menor medida gasolina natural y petróleo, siendo que, en este último caso, los campos se encuentran en franca declinación desde hace más de 10 años, “debido a la política de subvención que desincentiva la inversión en exploración para este tipo de hidrocarburo, lo que ha obligado al país a ir incrementando la importación de diésel y gasolina en los últimos años”.