Periodistas rusos exiliados en Turquía intentan seguir informando desde el extranjero

Desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero, miles de rusos han abandonado su país. Rusos de clase media, empresarios, artistas, pero también periodistas, que ya no ven un futuro para su profesión en el país de Vladimir Putin, donde el periodismo independiente está más criminalizado que nunca. Un pequeño número de ellos está haciendo escala en Turquía, desde donde esperan llegar a Europa para continuar su trabajo.

Por Anne Andlauer.




 

«De repente nos dimos cuenta de que nuestro sitio web ya no funcionaba. Veinte minutos más tarde, las agencias de noticias rusas emitieron un informe en el que se decía que los sitios web de Dojd y Radio Eco de Moscú habían sido bloqueados. Luego nuestro oficial de seguridad nos llamó y nos dijo que la policía podía venir en cualquier momento. No queríamos arriesgarnos a ir a la cárcel, nos fuimos inmediatamente», cuenta un periodista de Dojd.

15 años de prisión

En medio del pánico, Dimitri olvida su abrigo y toma el primer asiento que encuentra en un vuelo a Estambul. El billete es muy caro, pero realmente no tiene elección, ya que Turquía es uno de los pocos países que no exige visado y no ha cerrado su espacio aéreo a los aviones rusos. A bordo, encuentra a Valeria, una joven colega de Dojd.

«Estaba en casa a las 20 horas cuando me enteré de que nuestro sitio estaba bloqueado. Lloré, pero todavía tenía la esperanza de que pudiéramos continuar nuestra transmisión en YouTube. Nunca pensé que tendría que dejar Rusia tan pronto. Podía ver la posibilidad de dejar el país un día porque la situación era muy mala, muy tensa. Pero nunca pensé que tardaría cinco minutos en comprar un billete de avión», recuerda Valeria.

Para estos periodistas, permanecer en Rusia significaba arriesgarse a pasar 15 años en prisión. Una ley permite encarcelar a quienes difundan información falsa sobre la operación de las fuerzas especiales rusas en Ucrania. La palabra «guerra» está prohibida. Dojd, al igual que otros medios de comunicación independientes, tuvo que dejar de emitir. Decenas de sus empleados han huido al extranjero, una veintena de ellos a Turquía. Para la comida y el alojamiento, cuentan con el poco dinero que han podido sacar y con la ayuda de colegas turcos. Pero las sanciones occidentales les hacen la vida aún más difícil.

Un visado para un Estado europeo

Valeria está enfadada, su tarjeta bancaria ya no funciona: «Me da mucha rabia porque en Rusia los visados y las MasterCard siguen funcionando, pero para la gente de fuera, los que no apoyan esta guerra, los que querían salvarse de Putin, ya no pueden usar sus tarjetas. Están más castigados que algunos de los funcionarios responsables de la situación».

Ni Dimitri, ni Valeria ni -dicen- ninguno de sus compañeros que han aterrizado en Turquía piensan quedarse. Estos periodistas querrían un visado para un Estado europeo, no un visado humanitario, un visado de trabajo para continuar su labor periodística en otro lugar. Se ven a sí mismos como exiliados, no como refugiados.

Radio Francia Internacional