¿Podrá cumplir Brasil con el aumento de su producción de petróleo?

El Gobierno de Jair Bolsonaro anunció que aumentará la oferta de petróleo en respuesta a la guerra en Ucrania. Pero expertos señalan que se está prometiendo algo que no se puede cumplir.

João Pedro Soares

La refinería de Petrobras en Cubatao, Brasil.



La refinería de Petrobras en Cubatao, Brasil.

La incertidumbre en torno al suministro mundial de petróleo ha disparado el precio de la materia prima desde la invasión rusa de Ucrania, en febrero. La situación se debe a las sanciones económicas impuestas a Rusia, tercer productor de petróleo del mundo, solo por detrás de Estados Unidos y Arabia Saudita, y responsable del 12 por ciento del suministro mundial.

En medio de la búsqueda de alternativas para contrarrestar las restricciones impuestas al petróleo ruso, el ministro brasileño de Minas y Energía, Bento Albuquerque, anunció el pasado 23 de marzo, en una reunión ministerial de la Agencia Internacional de Energía (AIE), en París, que Brasil aumentará su producción de petróleo en 300.000 barriles por día (bpd), alrededor del 10 por ciento del volumen actual, para tratar de ayudar a estabilizar los precios.

Sin embargo, según expertos consultados por DW, el ministro promete algo que no puede cumplir. «El ministerio no tiene un pozo de petróleo, eso es absurdo. Alguien nos está engañando», aseguró una fuente vinculada con la cúpula de Petrobras, la petrolera estatal de Brasil.

En Brasil, los pozos conectados a las plataformas tardan tiempo, quizá años, en alcanzar su máxima producción.

En Brasil, los pozos conectados a las plataformas tardan tiempo, quizá años, en alcanzar su máxima producción.

Brasil no tiene reservas estratégicas

Debido a que la producción brasileña se concentra en campos marinos (en un 97,2 por ciento), es prácticamente imposible obtener un aumento significativo de la producción a corto plazo. Después de todo, tanto la intensificación del ritmo actual de producción como la exploración de nuevas zonas requerirían inversiones y, sobre todo, tiempo. En campos terrestres, la producción es insignificante.

Ante este escenario, la promesa hecha por el ministro no parece encontrar respaldo en la realidad. Brasil no dispone de reservas estratégicas para liberarlas, como Estados Unidos, ni de capacidad de producción en tierra, como Arabia Saudita. Entonces, ¿de dónde vendrá el anunciado aumento de la oferta? Como es de prever, la solución tendría que venir de Petrobras, que posee el 94,1 por ciento de la producción nacional.

El problema es que la empresa brasileña no podrá poner en el mercado, de la noche a la mañana, otros 300.000 barriles de petróleo por día. Para 2022, la petrolera prevé la entrada de solo dos sistemas de producción en el presal, uno de los cuales se pospondrá hasta 2023 debido a los retrasos en los trabajos de conversión de un buque plataforma (FPSO) en China a causa de la pandemia. Y con la guerra, la entrega a tiempo de la unidad se volvió aún más incierta.

En el mejor de los casos, la entrada de los dos sistemas -FPSO Guanabara y FPSO Almirante Barroso, en los campos Mero y Búzios, respectivamente, en el presal de Santos- elevaría la capacidad de producción total a 330.000 barriles por día. Pero eso no ocurriría inmediatamente. En la industria petrolera de alta mar, los pozos conectados a plataformas tardan algún tiempo, tal vez años, en alcanzar la producción máxima.

El ministro brasileño de Minas y Energía, Bento Albuquerque.

El ministro brasileño de Minas y Energía, Bento Albuquerque.

Cifras inexactas

Consultado por DW, el Ministerio  brasileño de Minas y Energía se limitó a decir que «la previsión es de 290.000 barriles por día (bpd) adicionales en diciembre de 2022, en comparación con diciembre de 2021, siendo volúmenes adicionales previstos en la planificación anual”. Sin embargo, la producción de petróleo registrada en diciembre de 2021 creció solo 112.000 bpd (4,1 por ciento) en comparación con el mismo mes del año anterior, según la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP). Por lo tanto, está muy por debajo del objetivo previsto, y prometido.

Según Eberaldo de Almeida, presidente del Instituto Brasileño de Petróleo y Gas (IBP), entidad que reúne a los mayores productores de hidrocarburo y gas del país, la complejidad económica, tecnológica y logística hace que los proyectos costa afuera, como los del presal, tarden unos seis años en ponerse en marcha. «Se puede incluso intentar acelerarlos, llevarlos a cinco años y medio, pero nada en el muy corto plazo”, subraya el ejecutivo del IBP.

A eso se suma la tendencia natural de agotamiento de los depósitos que ya están activos. Esto significa que el aumento de la producción de los nuevos yacimientos compite con el declive de las áreas más antiguas. «Hay depósitos que caen un 20 por ciento al año, pero el promedio es de seis a siete por ciento en el mundo. En Brasil, es de alrededor del 10 por ciento. Entonces, para mantener la producción, hay que seguir invirtiendo en mantenimiento. Para aumentar la producción, la inversión es mucho mayor», precisa Eberaldo.

(ct/cp)

Fuente: dw.com