Apología del falso poder   

 

Cuando uno lee la historia de la Segunda Guerra y se pregunta por qué Hitler tuvo tanto apoyo no solo para iniciar la contienda sino para sostenerse en el poder, la respuesta no se deja esperar. Los alemanes apoyaron a Hitler porque les daba de comer. Alemania, a consecuencia de haber perdido la Primera Guerra, sufría males insalvables, hambre, enfermedades, desocupación, criminalidad. De repente se aparece un «político que ofrece trabajo, pan, bienestar, estabilidad» y el pueblo sale en su apoyo y le hace ganar elecciones.



Pocos fueron los visionarios que desde un comienzo avizoraron la realidad. El demagogo que había empezado a dar muestras de extrema violencia para tomar el poder, esa un esperpento, un remedo de líder, un falso profeta, un asesino y un psicópata que fue mostrando de a poco su agresividad.

Trabajo sí, al costo de apoyar una productividad para la guerra, armas, vituallas, transporte, medios para alimentar la vida de la guerra. Sus «primeros éxitos con la toma de Polonia y otros estados» inspiraron el paroxismo de las armas, reclutar soldados fue tarea de sus adulones, de empresarios bien intencionados que creyeron en los cantos de sirena del criminal. Los desfiles deslumbrantes en uniformes y armas por las calles de las grandes ciudades cegaron a los ciudadanos… «Este hombre es un portento, es un sabio, es un genio, es valiente y visionario» lee uno de los panegiristas que llenaban los diarios, los comunicadores veían solo los éxitos, porque nadie se atrevía a poner freno al descalabro, a la barbarie desatada entre los años 1939 y 1942, fueron años de locura. Hijos que odiaban a sus padres, jóvenes enloquecidos por vestir el uniforme, mujeres convertidas en obreros de las fábricas en asistentes de los magnates que secundaban al «monstruo». Su figura creció y creció… sin oposición, mejor con el trasfondo de una conspiración varias veces abortada a precio de torrentes de sangre.

Hoy estamos asistiendo a la repetición de la historia. Putin tomó el poder hace ya 22 años. Pasó por mutaciones del poder, de Presidente a Primer Ministro, de este al primero, así pudo desarrollar su «obsesión por el rearme, la organización de la guerra, aunque muy secretamente» pocos sospecharon que armó una legión de «magnates, empresarios emprendedores transformados en hombres de negocios que asaltaron los mercados, compraron bienes, se ganaron adeptos teniendo como respaldo a un «aparato de poder y de influencia» prohijado por Vladímir Putin, con pocos atributos en verdad aunque sobredimensionados por «ese monstruo de publicidad mediática» que montó con ayuda de los expertos y aniquilando a los patriotas rusos que descubrían su juego y otros que se atrevían desafiar al poder mismo compitiendo en elecciones periódicas aunque siempre derrotados si acaso no  «fallecidos» de manera científica (envenenamiento y desapariciones) hasta quedar sin contendientes en el plano electoral.

Hoy despertamos con pavor ante una realidad que abruma. 65 días de guerra incesante. Miles de víctimas no solo en las poblaciones ucranianas que están siendo diezmadas, sino en los uniformados rusos. (se da una suma de 25 mil rusos caídos en la invasión empezada el 24 de febrero 22), nadie puede precisar el número de heridos entre «las catacumbas ucranianas. El número de huidos, refugiados, especialmente mujeres y niños que lo abandonan todo y buscan refugio, salvación fuera de su propia patria, es impreciso, pasa de los Cinco Millones de seres, sin contar a los escondidos en los túneles, Iglesias, hospitales, casas de albergue donde soportan hambre, sin medicinas, ni la esperanza de sobrevivir.

Estamos ante la impotencia. No es suficiente el apoyo mundial a Ucrania y sus líderes que no hallas sosiego. No basta, se otorgue ayuda monetaria, alimentos, armamento, medicinas que no logra transportarse hasta los lugares pertinentes. La agresión de tanques, transporte aéreo ruso, es tan grande que los últimos días está destruyendo la infraestructura férrea, rieles y puentes y material rodante, y el uso de misiles de larga distancia que provoca «la pulverización de edificaciones que simplemente desaparecen» de la faz de la tierra.

Las repetidas amenazas de Putin de utilizar bombas TRES MIL VECES más destructivas de las utilizadas por EEUU en Hiroshima y Nagasaki, si acaso algún estado se atreviese a oponer resistencia a las armas rusas. Amenazas que el mundo entero rechaza porque las considera un chantaje, una extorsión descarada de Vladímir de quién afirman, está afectado del mal de Parkinson, por tanto, de una persona no cuerda, no apta, incapaz de asumir responsabilidades o tareas de estadista, de conductor de un conglomerado tan importante como un Estado cualquiera sea su tamaño o su poderío.

Si Putin considera que los 18 millones de kilómetros que hacen de Rusia el Estado más extenso del universo, o que la posesión de armas atómicas le da derecho a imponer a los demás sus planes y mandatos, está equivocado. La Libertad, la democracia y el estado de derecho pueden más que los delirios de grandeza o los planes de dominación sobre hombres y territorios. Primero que nada, la existencia de DIOS está por encima la de los mortales cuya existencia de 70, 80 o más años no representa nada ante la Eternidad Divina. Así como Napoleón, Hitler, Mussolini, Stalin, Castro, Franco… cayeron y son cadáveres igual que sus víctimas, así Putin, Castro, Maduro, Morales, desaparecerán más pronto que tarde y la Paz volverá a la tierra, y DIOS dominará un mundo de hombres de buena voluntad.

Mauricio Aira