Consumo de droga y alcohol empeora trastornos mentales que padecen los privados de libertad

La especialista señaló que un porcentaje de procesados ya llega al penal con ansiedad o depresión y con antecedente de consumo de drogas, pero lo que también suma para esta situación es la privación de libertad.

Droga
Foto ilustrativa.

Fuente: ANF

Los trastornos mentales que experimentan los privados de libertad en las cárceles del país se agravan por el consumo de drogas y alcohol, sustancias que ingresan a los recintos penitenciarios por las puertas con aquiescencia de efectivos de la policía, de acuerdo a exfuncionarios de Régimen Penitenciario que advirtieron de esta situación en su momento.



Con estas sustancias en las cárceles “es imposible que haya rehabilitación”, señaló el exdirector de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, y corroboró la versión la especialista en salud mental y exfuncionaria de Régimen Penitenciario, Tania Viscafé.

En las cárceles del país, los principales trastornos mentales registrados son ansiedad, depresión, estrés, esquizofrenia, bipolaridad, delirio, de los cuales, de acuerdo al Censo Carcelario publicado en 2020, el 24% de encuestados dijo haber recibido algún diagnóstico y el 74% nunca vio un especialista; el 2% no especificó.

Frente a esta realidad, los internos carecen de una atención especializada por falta de personal y los medicamentos adecuados necesarios. Según información de los médicos penitenciarios, los medicamentos solo alcanzan para el 30% de los privados de libertad, el resto debe buscar apoyo de sus familias e instituciones para acceder.

De acuerdo a la nómina de ítem y cargo de la gestión 2021, el Ministerio de Gobierno cuenta con 16 psicólogos de los cuales tres están designados a los recintos carcelarios: Obrajes, Chonchocoro y Qalauma, respectivamente. La población penitenciaria del país supera los 18.000 privados de libertad. Según testimonios recogidos por ANF, muchos internos nunca conocieron al psicólogo o psicóloga durante su estadía en la cárcel, ya sea como preventivos o sentenciados.

“Ansiedad, depresión y estrés son los tres principales (trastornos mentales en las cárceles) que, en la mayoría de los casos, le va acompañar el consumo de sustancias psicoactivas, es decir, consumo de drogas”, señaló Viscafé a ANF.

Remarcó que “el consumo de sustancias psicoactivas agrava la situación de ansiedad depresión y estrés” de los privados de libertad. De acuerdo a sus estimaciones, un 70% de los internos a nivel del departamento de La Paz presentan esos cuadros psicológicos, y de este porcentaje el 60% consume drogas. Pero, aclaró, a nivel de la población carcelaria, el consumo de sustancias psicoactivas está entre un 85 a 90%.

En este escenario, la labor que puedan realizar los profesionales de salud mental queda totalmente minimizado por la cantidad de internos y sin ningún tipo de efecto por el consumo de drogas.

Viscafé señaló que en Qalauma, un recinto considerado modelo por Régimen Penitenciario, los cuadros de ansiedad, depresión y estrés se van a repetir con los indicadores a nivel nacional, aunque el consumo de drogas es mucho menor y se estima en un 50%.

En las cárceles de mujeres de Miraflores y Obrajes los cuadros psicológicos son los mismos, pero con un menor consumo de drogas.

Mientras que en Patacamaya el consumo de psicotrópicos llega a un 50% y los cuadros psicológicos se repiten.

“La mayoría (de los internos) va a estar viviendo uno de estos cuadros (de trastornos mentales), sea como síntoma o como síndrome, y el consumo de sustancias es sumamente importante para que lo agrave”, enfatizó.

La especialista señaló que un porcentaje de procesados ya llega al penal con ansiedad o depresión y con antecedente de consumo de drogas, pero lo que también suma para esta situación es la privación de libertad.

“A veces decimos ‘están felices (los internos), tienen todo’ y demás en las cárceles; pero no, el hecho de no poder salir creo que es una tortura psicológica; aunque esté en la sección Posta (con mayores beneficios), aunque esté con internet, aunque esté con todo, no puede salir y eso marca la diferencia”, apuntó.

Al estar impedido de su libertad, “hay una ruptura en la relación familiar y eso es lo más importante para la persona”.

“Algunos los van a sentir al llegar (a la cárcel), otros al pasar tres meses, un año, cuando la familia poco a poco empiece a cansarse e ir cada vez menos a visitarle”, dijo.

Afectación de la situación legal

Las expectativas no cumplidas en el plano legal afectan de forma importante en el privado de libertad, que en la gran mayoría no cuenta con asistencia psicológica y debe afrontar este proceso solo. El impacto en la persona es mayor cuando quien es procesado y sentenciado por la justicia no tuvo nada que ver con el delito por el que se le acusa.

“El abogado le dice al encarcelado que solo va estar tres meses, que lo va a arreglar, pero es mentira, va a estar mucho tiempo, porque hay factores como la retardación de justicia y otros aspectos que harán que la persona viva en incertidumbre, por eso es que los cuadros de ansiedad se van a presentar principalmente cuando llega la persona al centro penitenciario”, señaló.

En los casos que son mediáticos, refirió, más que ansiedad va haber depresión. La especialista dijo que ocurre esto debido a que en principio al interno lo han presentado ante los medios de comunicación y con supuestas pruebas, entonces el procesado siente que no tiene escapatoria y no ve posibilidad de salir libre.

Viscafé explicó que un factor para afrontar esta situación con cierto éxito tiene que ver con la resiliencia, que se entiende como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.

“Si durante su vida se ha construido los factores resilientes como la autovaloración, habilidades sociales, asertividad, capacidad para resolver problemas, sentido del humor, apoyo de la familia, de las redes formales, de redes informales que pueden ser los amigos, la pareja, la religión, entonces más allá del delito es capaz de mantenerse al margen de las drogas y es capaz de proyectarse al futuro, sabe que esa situación va a cambiar aunque tarde mucho, y decide no morir, decide seguir viviendo”, apuntó.

Sobre el penal de San Pedro la especialista indicó que al ser demasiada cantidad de internos “es hasta ilusorio pensar en un trabajo de rehabilitación serio como manda la ley y como todo el mundo esperaría, entonces se hace lo que se puede”.

Lo que sí se puede hacer desde cada área “y hablo de Psicología, Trabajo Social, Salud y Educación es trabajar en talleres, en terapias grupales, tocando temáticas; ya no es tan individual, pero el mensaje va llegando de a poco”, agregó, y dijo que en el mejor de los casos se puede tener un 30% de efectividad, pero en las condiciones actuales, de falta de recursos humanos y materiales, el impacto no llega ni a un 5%.