El laberinto diplomático por el Lauca resurge y piden acciones serias al Gobierno



Ivan Alejandro Paredes

Es un conflicto silencioso y que está vigente. En 1962 Bolivia decidió romper relaciones diplomáticas con Chile porque ese país desvío las aguas del río Lauca. No lo aceptó y desde esa fecha la disputa se mantiene en reposo y con pedidos de demandas contra la nación vecina.

Por ahora, este tema es un laberinto diplomático que las autoridades de ambos Estados no abordan con seriedad.

El Lauca es un río de curso internacional sucesivo. Nace en Chile en las lagunas de Cotacotani, dentro del Parque Nacional Lauca, en la región chilena de Arica y Parinacota. En ese país recorre unos 75 kilómetros e ingresa a Bolivia por la localidad de Macaya, en el departamento de Oruro.

Todas sus aguas, luego de recorrer 250 kilómetros, desembocan en el lago Coipasa, que es parte del salar del mismo nombre.

La problemática del Lauca es de larga data y es un conflicto sin solución que Chile lo desempolvó en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en pleno juicio por las aguas del Silala. La agente del vecino país, Ximena Fuentes, expresó a los jueces que Chile acudió a esa instancia porque resultó imposible poner fin al diferendo del Silala por medio de un acuerdo y añadió que no es la primera vez que ambos países tuvieron opiniones contradictorias sobre el uso de aguas internacionales.
Y, en ese contexto, Fuentes citó que, por ejemplo, existe “otra disputa de larga data entre Chile y Bolivia sobre el río Lauca”, donde, a diferencia del caso Silala, el vecino país es el Estado aguas arriba y Bolivia el Estado aguas abajo.

“El Lauca es otro curso de agua compartido sobre el que tanto Chile como Bolivia tienen derecho a un uso equitativo y razonable. Sin embargo, en 1962, Bolivia alegó que Chile estaba impedido de utilizar las aguas del Lauca sin contar con la autorización previa de Bolivia y, habida cuenta de que Chile siguió adelante con sus planes de utilizar parte de las aguas del río Lauca, en abril de 1962, Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Chile”, dijo Fuentes.

La agente del vecino país acusó a Bolivia de reclamar derechos soberanos por aguas que llegan a su territorio y también porque las que nacen en suelo propio.

“Aunque puede resultar evidente que Chile y Bolivia deberían cooperar en lo que respecta a sus recursos hídricos compartidos, lamentablemente la cooperación no ha sido fácil. En efecto, es muy difícil hablar de recursos hídricos compartidos cuando una de las partes, como sucede en el caso de Bolivia, piensa que como Estado aguas arriba tiene derechos soberanos exclusivos sobre algunas o todas las aguas del río Silala y como Estado aguas abajo reivindica su derecho a veto sobre el uso de aguas arriba del río Lauca”, aseguró la agente Fuentes.

Reacción boliviana

Bolivia reaccionó y expresó su sorpresa porque el tema del Lauca fue tocado en el juicio del Silala, que en la semana pasada concluyó con los alegatos orales y se espera que este año se conozca el dictamen de la CIJ. Fue el agente ante la Corte, Roberto Calzadilla, quien transmitió la extrañeza sobre la posición de Chile y recordó que esas aguas fueron desviadas unilateralmente por el vecino país en 1961.
“El Lauca fue desviado por Chile de su curso natural a través de canales artificiales en 1962 sin tener en cuenta los derechos e intereses de mi país ni cumplir con ninguna obligación del derecho internacional.

Fue precisamente la violación de los derechos de Bolivia por parte de Chile, lo que llevó a la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países”, expresó Calzadilla.

Ahora que la problemática resurgió, hay voces que piden ser duros con Chile e incluso analizar un juicio por el desvío de esas aguas. El exsenador Edwin Rodríguez sugirió demandar al vecino país ante cortes internacionales.

“Una demanda podría corregir un abuso histórico: el desvío del curso de las aguas. Al igual que el Silala, acá existe un abuso del país vecino que muestra su concepto expansionista al intentar apropiarse de aguas internacionales e incluso de un recurso que únicamente pertenece a Bolivia, como ocurre con las aguas del Silala”, remarcó Rodríguez.

En la actual legislatura también existen reproches contra Chile por este tema.

El senador Rodrigo Paz Pereira, de Comunidad Ciudadana (CC), pidió a las autoridades chilenas que apliquen los mismos criterios que el Silala sobre el respeto al uso de aguas internacionales en el caso del río Lauca como gesto de buena vecindad.

“Si la aplicación de lo que en el vecino país indican sus autoridades con respecto a las aguas del Silala, también se aplica al rio Lauca.

Entonces, queremos ver ese gesto de Chile, que eso ya no es un tema interno, sino del ámbito de la buena vecindad que Chile no cumple”, acusó Paz Pereira.
Las aguas del río Lauca ingresan por el municipio de Sabaya, en el departamento de Oruro. El alcalde de este municipio, Sandro Flores, afirmó que este desvío unilateral afectó por años a la región orureña en materia de medio ambiente y económicamente al pueblo indígena chipaya.

“Hoy menos de la mitad de sus aguas (del río Lauca) apenas atraviesan a Bolivia, esto desde 1962 ha provocado constantes peleas entre los ayllus Manansaya y Aransaya por las afectaciones que tienen en su economía por diversos factores”, explicó Flores.
La situación no ha variado sustancialmente hasta hoy.

Las obras que realizó Chile significan, desde su perspectiva, una notable contribución para elevar el nivel de vida de la región de Arica, para riego del valle de Azapa y para generar energía eléctrica con costos relativamente bajos. Por todo ello es improbable que el gobierno chileno cambie su discurso sobre esta temática, las cuales constituyen una política de Estado para Chile.

Mientras, Bolivia siempre estuvo reclamando sin efectos.

Otro tema pendiente

“El desvío arbitrario de las aguas del río Lauca nos muestra la contraposición entre el desarrollo del norte chileno frente a la lesión del medio ambiente boliviano. El reclamo en torno a las posibilidades de producción y sobrevivencia de la geografía boliviana afectada, es y debe ser un tema pendiente de la agenda bilateral en aras de la justicia y la convivencia pacífica e integrada de los pueblos con alto nivel de racionalidad”, consideró Erika Rivera, coautora del ensayo El problema del río Lauca.

Por su parte, Andrés Guzmán, experto en temas internacionales, se mostró sorprendido que Chile haya mencionado el caso del Lauca en la CIJ, ya que históricamente lo mantuvo con bajo perfil desde sus desvíos en 1962.

“Chile siempre mantuvo la política de evitar el tema del Lauca en todos los escenarios posibles. Bolivia planteó que éste es un problema que hay que tratarlo, hay que negociarlo, pero Chile siempre lo rechazó. Por eso sorprende mucho que ellos ahora lo saquen a colación espontáneamente, sin que Bolivia lo haya mencionado siquiera”, afirmó Guzmán.

En esa zona, Bolivia y Chile al menos comparten 16 afluentes que son considerados internacionales y que nacen y desembocan en uno u otro lado de la frontera. El Lauca es uno de ellos y su solución se espera desde 1962, cuando Santiago el 14 de abril de ese año, en el mismo Día de la Unión de las Américas, dio por inauguradas las obras de desvíos, que incluso tienen llaves de aperturas y canales para que el curso del agua llegue hasta la zona de Azapa y la ciudad de Arica, en el norte chileno.

Ese laberinto diplomático por estas aguas no tuvo solución desde la década del 60 y ahora tímidamente volvió a resurgir. En Bolivia se mantiene el discurso del desvío unilateral por parte de Chile, pero las acciones siempre fueron mínimas y sin resultados a favor del país.