Educación en ruinas: niños guaraníes no abandonan sus libros a pesar de las precarias condiciones para estudiar

Las comunidades guaraníes del municipio de Entre Ríos, en Tarija, perdieron todo con el brutal paso del aluvión que destrozó su futuro aquel 20 de febrero. Tres meses después, los menores no desvanecen y pasan clases en escuelas improvisadas. Aldeas Infantiles SOS ayuda a la niñez de esta zona

Los niños van a una escuela improvisada esquivando piedras. Foto: Fuan Landivar
Los niños van a una escuela improvisada esquivando piedras. Foto: Fuan Landivar

Fuente: El Deber

Micaela (nombre ficticio) llora al recordar lo que ocurrió el 20 de febrero de este año. La niña, que tiene diez años, todavía tiene un trauma emocional porque perdió todo el día que un aluvión devastó su comunidad: Tomatirenda, un poblado guaraní ubicado en el municipio tarijeño de Entre Ríos.

Los menores en esas zonas no bajan los brazos y estudian entre ruinas, olvidados por el poder político que les prometió todo y poco les llegó. Micaela no quiere dejar de estudiar, a pesar de que su escuela desapareció. Ahora, pasa clases, junto a otros 23 niños, en un cuarto de tres por tres metros a medio construir. Le falta la mitad de las paredes y cuando llueve o hace sol intenso los menores de edad bajan la guardia para aprender.



Tomatirenda es una comunidad guaraní en el municipio de Entre Ríos, en Tarija. Está a tres horas y media de la capital tarijeña y es una de las siete afectadas por el desastre del 20 de febrero, cuando un aluvión con piedras gigantes deshizo los sueños de sus habitantes. En este poblado no quedó nada. Solo quedó la esperanza de que algún día las familias vuelvan a tener un hogar. Micaela repite esa palabra varias veces: esperanza.

El aluvión de febrero devastó a las comunidades guaraníes de Entre Ríos. Foto: Fuan Landivar

La desgracia llegó a Itaka Guasu de un momento a otro. Llovió varios días y la noche del 20 de febrero fue fatal. La quebrada de la zona creció y arrasó con todo a su paso afectando a 535 familias guaraníes. Siete comunidades fueron brutalmente afectadas: Timboy, Mokomokal, Tomatirenda, Ñaurenda, Saladito de Ñaurenda, Filadelfia y Palmarito.

Muchas familias quedaron sin nada. Hoy esas comunidades están rodeadas de piedras gigantes que bajaron con el aluvión y que destrozaron todo. Hubo diez personas fallecidas, seis de ellos niños. Hasta ahora tres cuerpos no fueron encontrados, uno de ellos es de un menor de edad que vivía en Tomatirenda, la comunidad más afectada porque prácticamente desapareció.

El aluvión destrozó todas las cañerías y ahora las siete comunidades están sin agua. Un camión cisterna llega para entregar el líquido elemento, pero no es suficiente. Solo Tomatirenda perdió la energía eléctrica.

Los más afectados

Los menores de edad son los más afectados. Perdieron a sus padres y compañeros de curso. Perdieron sus casas. Perdieron sus escuelas. Aun así, siguen de pie. Cargan su mochila y caminan entre las piedras para llegar a clases a las escuelas improvisadas. 

“Ellos están afectados psicológicamente. Tienen muchas ganas de pasar clases, pero no hay condiciones. Además, escuchan truenos y están asustados y solo quieren ir donde sus padres”, relata Mario Aldana, profesor de la escuela de Tomatirenda.

Aldeas Infantiles SOS activó en estas comunidades un programa para la atención de menores de edad. Se instalaron centros infantiles de emergencia destinados a la protección, alimentación y educación de los niños de primera infancia.

“Se prioriza esta edad debido a que son niños que aún no van a la escuela y necesitan del cuidado y protección mientras sus padres trabajan en recuperar sus cultivos y levantar nuevamente sus viviendas”, detalla Marcelo Vargas, gerente del programa Aldeas Infantiles SOS en Tarija.

Martha Torres es la capitana de la comunidad Tomatirenda. La dirigente pide que un psicólogo llegue a la zona del desastre para atender a los niños y niñas. Ella perdió todos sus cultivos y su ganado porcino. Torres recuerda el día del aluvión y relata que a muchas familias la desgracia las encontró durmiendo. Ella escuchó minutos antes de las 23.00 como si un helicóptero aterrizará cerca de su casa. Eran las piedras gigantes que iban destrozando todo lo que encontraban en su camino.

“Los niños escuchan truenos y solo dicen ‘mami dónde vamos a escapar, que mi papá no duerma hasta que pase la lluvia’. Están traumados y por eso necesitamos un psicólogo”, exige Torres.

Ese trauma emocional sigue vigente en los niños. Jaime (nombre ficticio) tiene seis años. Al hablar de los días trágicos recuerda el sonido que hacían las piedras. Lo replica casi gritando y con sus manos arriba. Se para y muestra dónde estaba su casa. Ahora solo hay un cimiento. Su vivienda desapareció. Vive en una carpa y trata de no llorar. No lo logra. Ve a su madre y la abraza. Sus amigos van tras él y lo abrazan. Luego juega en el piso levantando polvo.

Así están los menores de edad, con traumas y sin poder olvidar los días de desgracia. Tomatirenda es la última comunidad afectada. Prácticamente no existe. Si no fuera por las carpas que tratan de disimular de viviendas y el centro infantil de emergencia, parecería que en esa área las piedras cayeron del cielo. No hay árboles, como los había antes.

Más antes está Ñaurenda. Ahí el aluvión arrasó con la parte lateral de la comunidad. Aldeas Infantiles SOS acondicionó el centro educativo para instalar todas las condiciones para que los menores de edad pasen clases. Así lo hacen. No quieren perder un solo día. En este poblado también piden la provisión de agua potable.

Aldeas Infantiles SOS implementó programas de emergencia para que los niños sigan estudiando. Foto: Fuad Landivar.

“Todos quedamos afectados. Muchos perdieron sus casas, perdieron a sus seres queridos, perdieron sus cultivos y ganado. Los niños están traumados y estamos sin agua, con los caminos destrozados. Las autoridades no se acuerdan de sus compromisos y nos dejaron solos”, lamenta Clementina Quispe Choque, una comunaria de Ñaurenda.

Ella llora la pérdida de su vecina. Quispe relata que el esposo salió a salvar al nieto que dormía solo en una vivienda cuesta arriba. No pudo regresar por su esposa y su hijo y el aluvión se los llevó. Dice que hacían luces con sus linternas y gritaban, pero no se los escuchaba. Los reflejos de los rayos mostraban la desesperación de la mujer y su bebé, que tenía ocho meses. Sus cuerpos no parecen y los comunarios del lugar los siguen buscando para darles un último adiós.

Perdió a su madre

En la escuela de Timboy un niño vive los días más difíciles. Es el único que perdió a su madre. No quiere hablar. No quiere recordar. Se va caminando para continuar con sus clases de educación física. En esta unidad estudian 200 alumnos y la infraestructura no está afectada. Solo, al igual que las otras comunidades, no tiene acceso a agua potable.

Ramón Tárraga Gallardo es el director de la unidad educativa de Timboy. El profesor admite que el menor de edad se perjudicó por la pérdida de su madre y que se necesita un profesional en psicología para atender este caso.

¿Qué será después de estos niños? No tienen atención del Estado y solo Aldeas Infantiles SOS están trabajando. Ellos se van y qué pasará con estos niños, ellos están desprotegidos. Por ejemplo, el niño que perdió a su madre tiene muchas secuelas y necesita ayuda profesional, eso es urgente y ninguna autoridad escucha los pedidos”, lamenta Tárraga.

Al respecto, el secretario de Gestión Institucional del municipio de Entre Ríos, Julio Verdun, explica que en la zona del desastre se realizaron los trabajos necesarios de emergencia y que ahora se enfocan en reactivar los centros de educación para el beneficio de la niñez. La autoridad aclara que no solo en la zona guaraní de Itaka Guasu se vivieron desastres naturales y recalca que en el 80% de Entre Ríos se atendieron los llamados de emergencias.

“Es una de nuestras mayores preocupaciones el tema de la niñez, sobre todo la etapa de la primera infancia, que son niños menores de cinco años. Los primeros años de la infancia son importantes y nosotros tenemos la política de reactivar los centros de infancia, que ahora no funcionan y que solo hay infraestructura y s e ven abandonados”, remarca Verdun.

Los niños no entienden de política y competencias. Cargan sus libros y llegan como sea a la escuela en busca de un mejor futuro.

Fuente: El Deber