Gastón Serrano: «No tengo nada que reclamarle a Dios (…), mi pronóstico era de muerte»

Debido a dos bacterias oportunistas, tuvieron que amputar el brazo izquierdo al organizador de eventos, que recién hoy, casi seis meses después, está procesando el luto por su miembro superior. Agradece a la gente que estuvo pendiente
Silvana Vincenti

Fuente: eldeber.com.bo

Ufff, dijo, sumergido en un suspiro que pareció eterno, cuando la entrevista inició con la pregunta cómo se siente.

Luego de pronunciar unas cuantas palabras más, a Gastón Serrano se le quebró la voz, no una, sino varias veces a lo largo de toda la conversación.

Recién está procesando la pérdida de su brazo, después de casi seis meses de prácticamente permanecer en shock. “Hay que dar testimonio para que la gente crea que Dios escucha las oraciones”, dejó claro desde el comienzo.

Como creyente devoto de la fe católica e integrante del movimiento mariano, Gastón opina que su dolorosa experiencia debe tener propósito, uno que él todavía no termina de descifrar.

A diferencia de mucha gente, no reclama a Dios por qué le cortaron el brazo, más bien por su cabeza da vueltas otra pregunta, para qué todo esto, cuál es el propósito.

“No tengo nada que reclamar a Dios. Él sabrá por qué pasó esto, él es dueño de mi vida. Me dio un cuerpo sano cuando nací, pero mi salud se ha depreciado porque yo me he alimentado mal, etc.”, dijo sobre varias enfermedades que ha sufrido a lo largo de su vida, entre ellas la diabetes.

“Estoy esperando saber qué quiere de mí, por qué estoy vivo si ya estaba muerto. No estoy enojado con Dios, le agradezco cada día por mantenerme con vida”, dice. En ese momento, el pronóstico era el peor. Le cortaron el brazo sin dar garantías de que sobreviviría.

La difícil decisión la tomó una de sus hermanas, Sandra Serrano, que no quiso hacerlo sin consultarle a Dios. Buscó a Ricky Penman, a quien le pidió guía.

Dice Gastón que en medio de esa angustia, Penman relató la historia de Lázaro, a quien Dios levantó de la muerte.

“Fue como una promesa. Por eso mi hermana autorizó que me cortaran el brazo, a pesar de que mi pronóstico era de muerte, porque ya yo no sabía nada, perdí la conciencia”, comparte.

Gastón tampoco tiene reclamos para su hermana, que decidió por él, ya que estaba inconsciente. “La determinación que ella tomó fue la que me mantuvo con vida”, agradece.

Hoy extraña su brazo izquierdo, se lo amputaron cuando en su cuerpo se metieron dos bacterias oportunistas y le provocaron una grave infección que lo dejó en coma por dos semanas.

“Ocurrió en noviembre del año pasado, pero recién caigo en cuenta de que no podré recuperar mi brazo, y siento mucha nostalgia, lo extraño y lloro su pérdida, todo fue tan rápido”, se sincera.

El organizador de eventos, acostumbrado a su independencia, hoy no puede hacer las mismas cosas de antes, y ha tenido que aprender nuevamente otras. Una de ellas, conducir su vehículo, ahora solamente con el brazo derecho.

Necesita dejar en claro que su cerebro está intacto y que cuenta con un equipo de trabajo increíble, como para que la calidad de sus eventos mantenga los niveles ya conocidos. Gastón organizó la boda del gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, con Fátima Jordán.

Cerca de la muerte tres veces

Quizás esta última sea la más grave de sus experiencias. Pero Gastón ya pasó antes por dos situaciones de peligro.

La primera vez recibió dos disparos, uno en el estómago y otro en la pierna, cuando trataron de asaltarlo. Se encontraba cerca de su casa, avisó a su familia y condujo hasta Prosalud, de donde lo derivaron al Hospital Japonés.

Todavía tiene una bala en el cuerpo. Y así, recién operado, en aquella oportunidad viajó a Brasil, para ser parte de un encuentro del movimiento católico mariano.

El segundo trance coronó con una cirugía de corazón. Gastón se encontraba en la fiesta de cumpleaños de un amigo, empezó a sentirse mal, con el pecho apretado y el brazo adormecido.

Condujo hasta una enfermería para que le tomaran la presión, y alarmada, la encargada, le dijo que vuele a una clínica, cosa que obedeció.

Una vez en el centro de salud, lo retuvieron porque había sufrido más de un infarto, y fue sometido a una cirugía.

Agradecido

Aunque es devoto, no falta a la misa, y trata de cumplir con los mandatos de su fe, Gastón cree que el milagro de que siga con vida no es obra de su obediencia católica, sino del amor de sus amigos y familiares, e incluso de gente extraña.

Dice que en el estado en que se encontraba, no tenía posibilidades de rogar a Dios por su vida, estaba inconsciente.

“Yo no soy fruto de mi propia fe, sino de la fe de las personas que oraban por mí. Hubo un movimiento muy grande de oración por mí. Dios no me escuchó a mí, yo no tenía conciencia de hablar con él, soy la respuesta a la oración de mucha gente en Santa Cruz, en Bolivia, y también en otros países. Había gente que iba a la clínica todos los días, armaba un altar y oraba por mí”, narra sobre lo que pasó mientras él peleaba por su vida. Los detalles se los contaron enfermeras y familiares, mientras él peleaba por su vida en una cama.

Incluso hoy, dice que se encuentra gente desconocida que lo abraza y le manifiesta felicidad por su recuperación. “Me da vergüenza con la gente que se para y me abraza, me dice que sigue orando por mí. Me cohíbe tanto amor. Qué hice en la vida para que la gente me quiera tanto”, dice lloroso.

No cree en las pruebas

Para Gastón, todo el sufrimiento atravesado por él y su familia nada tiene que ver con pruebas a su fe.

Dice que Dios no manda dolor para probar a las personas y que cada uno entiende las cosas. Para él, hay un propósito en todo, que por ahora no entiende.

“En su infinita misericordia, Dios no lo prueba a uno. Simplemente me tocó vivir esta parte de mi historia, creo que yo ya venía con esta historia cuando Dios me mandó”, asevera.

Sin fe hubiera sido imposible seguir, reconoce. Pone de ejemplo que hay personas que, teniéndolo todo, llegan a tal nivel de tristeza, que se quitan la vida. Por esa razón, cada día pide a Dios que nunca le llegue la depresión.

“Cuando sé de finales tristes y entiendo que yo sigo con vida, solo puedo ver con ojos de amor lo que me ha pasado. Uno no sabe cuán grande o pequeña es su fe hasta que no experimenta ciertas cosas. Voy a aceptar siempre las decisiones de Dios”, resalta.

No teme a lo que venga, ni a las limitaciones que le dejó la amputación. Cuando no da más, manda unas indirectas al cielo.

“Cuando veo que el problema se pone muy feo, le digo al señor, te hacés cargo vos, por algo sos Dios, yo no me meto. Vos lo resolvés, solo dame obediencia”, dice.

Ahora, Gastón está metido de lleno en sus actividades religiosas y en su trabajo. Tiene claro que Dios no lo mandó a este mundo para “vegetar”, ni a irradiar pesimismo. Si hoy llora, es porque recién está asimilando.

Cerca de la muerte

Esta fue la tercera vez que la vida de Gastón estuvo en peligro.

16 días en coma 

Perdió la conciencia por dos semanas y hoy ha vuelto a las actividades.