‘¿Nos van a disparar? No, los vamos a alimentar’

Mujeres mayores en el pueblo de Bezuky, en la región de Jarkov, observan los destrozos de sus casas tras los bombardeos rusos, Ucrania 14 de mayo de 2022. REUTERS – RICARDO MORAES

La escena se repite alrededor de las zonas donde los rusos amenazan con tomar el control, o en las que el ejército ucraniano ha logrado expulsar a las fuerzas ocupantes. La mayoría de quienes se niegan a abandonar sus casas y sus poblaciones son personas mayores, la mayoría de ellos pensionados, que creen que ya son muy viejos para empezar una nueva vida lejos de su tierra. Reportaje en Ruzkolozovah, región de Jarkiv, noreste de Ucrania.

Reportaje de nuestra enviada especial a Ucrania, Catalina Gómez 

Las calles de Ruzkolozovah están desiertas. Sólo algunos perros y gatos abandonados por quienes huyeron después de la invasión rusa aparecen por los jardines adornados por las flores silvestres de la primavera. Esta población a 20 kilómetros de Jarviv, la segunda ciudad de Ucrania estuvo bajo control del ejército de Moscú hasta hace dos semanas y media. Los estallidos de la artillería todavía suenan no muy lejos de allí.



Súbitamente aparece un coche con tres hombres al interio. Se detienen frente a una vivienda de donde salen dos hombres y una mujer, un asombro de vida que hasta ese momento era invisible. Max, el líder de este pequeño grupo de voluntarios que lleva comida a quienes se quedaron, cuenta que hay decenas de personas que todavía se esconden por miedo.

“Al comienzo pensamos que teníamos unas 100 personas en refugios a las que teníamos que ayudar, pero hay muchas más y tienen miedo. Cuando llegamos a sus refugios nos preguntan: ¿Nos van a disparar? No, los vamos a alimentar, les decimos. Tienen mucho miedo. No salen del refugio. Y lo más difícil es que cada día encontramos más, más y más…”, explica a RFI Max.

Pasan los minutos y otro pequeño grupo sale de sus casas. Todos son mayores, muchos de ellos pensionados que decidieron quedarse porque no tienen más a donde ir, como cuenta Svetlana, que vivió por semanas en el sótano de su casa junto con su marido y su hijo. “Las autoridades nos ofrecieron ir a Jarkiv, pero ¿para qué ir? Es lo mismo ir a una casa de pensionados, que quedarnos en casa. No tiene sentido ir a ningún lado”, dice Svetlana.

Las autoridades insisten a estas personas que abandonen las poblaciones. Los ataques continuos de las fuerzas rusas hacen que la región siga siendo inestable, pero muchos se niegan. Como Tatiana y su marido, quienes toman un poco de sol en la puerta de su casa.

Tuvimos la oportunidad de irnos, pero no quisimos dejar este lugar a nuestra edad. ¿Adónde podemos ir? Yo tengo 71 años. ¿A dónde vamos? Me duele todo, tengo la tensión alta ¿a dónde podemos ir?”, se pregunta la pareja.

También temen que si los invasores regresan, les roben todo lo que tienen, como hicieron con algunas casas vecinas. Tampoco tienen dinero, ni hijos que cuiden de ellos. Una historia que se repite alrededor de Ucrania donde miles de personas mayores se han negado a abandonar sus hogares.

Radio Francia Internacional