Sacerdotes rusos ortodoxos condenan el conflicto de Ucrania con el riesgo de ir a la cárcel

El sacerdote Georgy Edelshtein está abierto a debatir con quienes discrepan de su oposición a la operación militar especial rusa en Ucrania. El sacerdote de barba blanca y sotana negra es de los pocos padres ortodoxos rusos que se han pronunciado contra la operación militar en Ucrania. Desde que inició el conflicto bélico, el patriarca de Moscú Kirill a la cabeza de la Iglesia Ortodoxa Rusa con 150 millones de fieles en el mundo, no ha condenado abiertamente la guerra.

«Me gustaría ver a uno o dos de mis adversarios sentados aquí», dice el religioso de 89 años en su sala llena de íconos dorados.



Con voz temblorosa pero sin vacilar, el sacerdote Georgy Edelshtein explica que «temo ser un mal sacerdote. No he estado contra todas las guerras pero siempre he estado en contra de una guerra agresiva de acaparamiento de tierras».

El sacerdote Georgy Edelshtein, de 89 años de edad, durante la entrevista.
El sacerdote Georgy Edelshtein, de 89 años de edad, durante la entrevista. © Yuri Kadobnov/AFP

Ucrania «es un estado independiente, que hagan lo que quieran», dijo a la AFP en su casa en la aldea de Novo-Bely Kamen, a orillas del río Volga en la región de Kostromá, a seis horas de Moscú.

Desde que Rusia lanzó su operación en Ucrania el 24 de febrero, solo algunos sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa Rusa se han pronunciado abiertamente contra la campaña del Kremlin.

 La Iglesia Ortodoxa Rusa está encabezada por el patriarca de Moscú Kirill y tiene unos 150 millones de fieles en todo el mundo.

 Por el contrario, Kirill ha dado una serie de sermones belicosos en los que llama a los rusos a «unirse» a las autoridades para ayudar a vencer los «enemigos» de la unidad histórica entre Rusia y Ucrania.

Desde que asumió como jefe de la iglesia en 2009, Kirill ha estrechado la relación con el gobierno del presidente Vladimir Putin, respaldando valores conservadores opuestos a un Occidente impío.

La Iglesia Ortodoxa Rusa sufrió fuertes restricciones en la época soviética.

Incluso tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, nunca criticó a las autoridades, pero algunos sacerdotes han comenzado a pronunciarse.

 «Sangre en sus manos» 

El 25 de febrero, un día después del inicio de la operación militar, el sacerdote ortodoxo Georgy Edelshtein firmó una carta escrita por su amigo sacerdote Ioann Burdin, subida en el sitio web de su parroquia en la aldea de Karabanovo, en la región de Kostromá.

 «La sangre de los ucranianos permanecerá en las manos no solo de los gobernantes de Rusia y los soldados que ejecutan sus órdenes. Su sangre estará en las manos de cada uno de nosotros que aprueba esta guerra o simplemente callamos», señaló la carta, posteriormente borrada.

El jefe de la diócesis de Kostromá, el metropolitano Ferapont, un jerarca de alto rango, (equivalente a un obispo o arzobispo en la Iglesia Católica) también condenó la intervención y señaló que los dos papas (Burdin y Edelshtein, en la iglesia ortodoxa a los sacerdotes se les llama «papas») fueron los únicos clérigos de la región, que tiene 160, que protestaron contra la ofensiva rusa.

Pero sus protestas no se quedan allí.

El 6 de marzo, Ioann Burdin predicó sobre el costo humano de la guerra. Ese mismo día fue convocado para ser interrogado por investigadores.

El 10 de marzo se le ordenó pagar una multa de 35.000 rublos (489 dólares) por «desacreditar» a las fuerzas armadas, castigable con hasta tres años de prisión en caso de reincidir.

Cuatro personas testificaron en su contra en la corte.

El sacerdote ortodoxo Ioann Burdin, de 50 años de edad, tras predicar sobre el coste humano de los combates en curso, fue citado para ser interrogado por los investigadores y posteriormente se le ordenó pagar una multa.
El sacerdote ortodoxo Ioann Burdin, de 50 años de edad, tras predicar sobre el coste humano de los combates en curso, fue citado para ser interrogado por los investigadores y posteriormente se le ordenó pagar una multa. © Yuri Kadobnov/AFP

Durante el sermón, el padre Burdin (…) nos dijo que iba a orar por Ucrania», dijo una feligresa según los documentos de la corte a los que AFP tuvo acceso.

Burdin, de 50 años, sigue condenando la acción militar.

 «Para mí, el mandamiento ‘No matarás’ es incondicional», declaró a AFP en su casa cerca de Kostroma.

Dice que pocos sacerdotes se oponen al conflicto porque muchos son susceptibles a la propaganda», combinado con el miedo a las sanciones y a la persecución.

Asegura que la policía fotografió su casa y su coche.

Georgy Edelshtein asegura que el sacerdote Burdin es «más valiente que yo, que estoy jubilado».

Él no fue sancionado por firmar la carta de Burdin y ya estaba retirado de la iglesia.

Edelshtein, hijo de padre judío y madre católica polaca, se convirtió a la ortodoxia en 1955 para escapar del sistema soviético.

«Los líderes de nuestra Iglesia siguen siendo lacayos del régimen comunista», deja caer Edelchtein, afirmando que el Patriarcado de Moscú fue revivido en 1943 por el «satánico» Stalin.

Los dos sacerdotes no se ven como disidentes, aunque tampoco llaman a los fieles a desobedecer al patriarca para evitar divisiones en la iglesia.

Los recientes contratiempos de Burdin lo han afectado. A inicios de abril se retiró del servicio activo y se pregunta si seguirá en la iglesia.

Hijo de un sacerdote, Burdin se ordenó en 2015 tras una carrera de periodista.

«Si estoy en la iglesia pero me censuro para hablar, si callo sobre un pecado o sobre lo inaceptable que es el derramamiento de sangre, entonces gradualmente, sin darme cuenta, dejaré de ser un pastor», dijo.

(Con la AFP)

Radio Francia Internacional