Un deber de la memoria

 

Eso es el libro de Carlos Federico Valverde Bravo, OCTUBRE 2019, FRAUDE Y DESPUÉS…  Sin embargo, se trata de un antes, un durante y un después, desde su mirada de investigador periodístico, que cruza datos, información y hechos. Los analiza, los desmenuza, los entrelaza y los vincula desde su óptica política, crítica como debe ser. Busca las razones causales explicativas de la historia de una sociedad altamente compleja, para llegar a detectar sus múltiples contradicciones, sus causas y sus consecuencias: el desmantelamiento de la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, el fraude electoral, la reacción ciudadana, el suma y sigue.



Hizo “Una especie de bitácora”, dice el autor, de lo vivido y el resultado es una larga crónica periodística que combina con meticuloso rigor los hechos guiado por un impulso narrativo encomiable. Tanto, que concluye con un libro de algo más de 900 páginas, como un deber de la memoria para que no olvidemos nada.  Y para no olvidar, Carlos Valverde reproduce en la tapa del libro una foto del libertario fotógrafo periodístico, Samy Schwartz (+). Imperdible, tanto que el régimen, en su tiempo, montó en cólera.

Leer estas más de 900 páginas es un deber de la memoria para recordar quién fue y es Evo Morales Ayma. Fue y es la suma de la antipolítica que convierte a los adversarios en enemigos a matar; la suma de la indecencia, la deshonestidad, y de ahí los fraudes y las violaciones a la CPE para quedarse en el poder toda la vida.

El autor se pregunta ¿Cómo llegamos a lo que llegamos? Y tiene respuestas. Una de ellas es “para que ello suceda debió ocurrir no sólo el desgaste del sistema, sino las crisis económicas del liberalismo y el surgimiento, a nivel continental, del llamado Socialismo del Siglo XXI que supo disfrazarse de alternativa política, interesante, además.” De ahí que, con acierto, vuelve a preguntar por qué en “En un mundo tan exigente con la formalidad democrática, no se exige lo mismo al Socialismo S. XXI”.

Moisés Naím, escritor y analista venezolano apunta a que “las autocracias se han impuesto en el mundo y han vencido en muchos países a base de una combinación perversa de las tres P”: el populismo, “que no es una ideología” sino una herramienta: “el divide y vencerás; la polarización” entre identidades ya fracturadas, y “la posverdad, otra cepa de la propaganda: la narración de un cuento alternativo a la realidad.” Es decir, la mentira maquillada.

Valverde señala que Morales esperaba, luego de su renuncia, el 10 de noviembre de 2019, que William Kaliman, comandante de las FFAA, diera un golpe de Estado para que luego de un par de meses, se repusiera como presidente al candidato que había ganado la última elección. Como pasó en 1982, con la UPD, para la restauración democrática, tras 18 años de dictaduras militares. El ganador, en 2019, aunque con fraude, fue Evo Morales.

El “jefazo”, apunta Valverde, no se fue solo: todos quienes estaban en la línea constitucional sucesoria renunciaron. Fue la puesta en escena de otro golpe de Estado de nuevo cuño, señala, planificado por Morales y sus asesores externos e internos, para crear un vacío de poder institucional.

Los estudios sobre la naturaleza del Estado deberán apuntar a que cuando Morales se vio impedido de recurrir al monopolio del uso de la fuerza, es decir la coerción-represión de militares y policías, renunció. La Policía se rebeló porque no quería ser cómplice de hechos delictivos con muertes, subraya Valverde, y los militares porque recordaban octubre de 2003, y sus compañeros de armas presos. El Rey estaba desnudo y no tenía quien lo defienda. ¿Fue la renuncia un plan desesperado, se pregunta el autor?

Y después lo imprevisto: a paso de vencedores se instaló en Bolivia la idea de un tiempo nuevo con el artículo 169 sobre la sucesión constitucional que recaía en la segunda vicepresidencia del Senado: Jeanine Añez Chávez, en ese cargo, como representante de la minoría política.   Dice Valverde que, en ese momento, la democracia “parió mujer” y ella fue la Presidenta Constitucional Transitoria. “Se impuso lo político institucional, los partidos y sus líderes estaban en la mesa negociando y definiendo rutas democráticas. La política volvía a su sitio” sentencia.

Añade que “14 años de desgobierno de Morales “no se arreglan en un año, ni haciéndolo bien”. Yo sostengo que el gobierno de Jeanine Añez, 11 meses,  no fue peor que el de los presidentes anteriores, quienes, además, no sufrieron pandemia. Respetó el poder Legislativo con mayoría masista, convocó a elecciones en 2020, que sí fueron limpias, tanto que ganó el candidato de Morales y del MAS.

Morales se chocó de frente contra la realidad, escribe Valverde, con la Policía del lado ‘pitita’, como se llamó al movimiento ciudadano en paro movilizado en todo el país contra el fraude, durante más de tres semanas. Al mismo tiempo, la sede de gobierno era atacada por militancia y simpatizantes del MAS, que la querían incendiar al grito de “ahora sí guerra civil”.

El meollo de esta historia radica en la reproducción del poder de Morales y el MAS por encima de la legalidad. Las ideas equivocadas en política pueden terminar en un baño de sangre, siempre es la sangre de otros, la que ha derramado la obsesión de Morales, sus padrinos y mentores, para imponer su dominación a la sociedad boliviana.

Termino con un estribillo citado por Carlos Valverde: “Protestar es hacer la democracia en la vida pública. Protestar públicamente es ejercer colectivamente la libertad de expresión y la ciudadanía. VAMOS A PORTARNOS MAL. En realidad, es portarse bien en defensa de la democracia.

Gracias Carlos por “incomodar al poder”, y a los tibios, que hay muchos.

Susana Seleme Antelo