Abuelo, ¿por qué persiste la violencia contra las mujeres?

 

Ariadne, mi niña valiente, la violencia contra las mujeres es una pandemia social, que la vienen enfrentando desde varios frentes, pero al parecer con pocos resultados. Por ejemplo, cada semana realizan dos a tres reuniones interinstitucionales; al mes se llevan a cabo más de diez talleres o cursos sobre la violencia contra la mujer; hay campañas en las redes sociales y en los medios de prensa de forma permanente; hace trece años está en vigencia la Ley 0348 que se llama “Para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia”; hay cientos de organizaciones sociales y privadas que dicen trabajar por los derechos de las mujeres; para acceder a un cargo público deben tener certificados no ser violentos; existen muchas instituciones del Estado que tienen la competencia para luchar contra este mal social; pero la realidad es cruel y nos interpela que algo está fallando para que cada día se mate, se viole y se agreda a las mujeres del Estado Plurinacional.



Los informes de los asesinatos de mujeres y de agresiones físicas, verbales y sexuales de la Fiscalía General son pavorosos y vergonzosos, que a mitad del 2022 nos debería doler y preguntarnos ¿qué está fallando en la sociedad y en los gobernantes? Una pregunta que no queremos responder a profundidad.

Y mira estos datos de esa realidad intensa que afrontamos cada día:

A seis meses del presente año, más de 40 mujeres han sido asesinadas en el país por sus parejas, conocidos, parientes o alguien lejano. Número que ha ido aumentando año tras año. Más de 15.000 casos de denuncias de agresiones a las mujeres han registrado las instituciones competentes en seis meses. A quince niños les quitaron la vida sus padres, madres o padrastros. El sistema judicial se ha convertido en cómplice y encubridor de estos hechos, porque hay jueces que han liberado a los feminicidas, porque hay una terrible retardación de justicia en estos casos. No te cuento más datos mi niña, porque es de terror lo que está sucediendo en este país, que se declara descolonizado y despatriarcalizado; es decir, que no es machista, ni violento, ni racista, ni odiador.

Pero en la medida que las autoridades, la sociedad, las organizaciones del Estado, privadas, sindicales, cívicas no asuman y no reconozcan que somos un país machista, discriminador, no podremos avanzar en la lucha contra esta pandemia. La situación de la violencia machista se ha agudizado en esta pandemia del covid, es parte sistémica de una sociedad que está basada, en el caso de las mujeres, en la naturalización de la violencia, la legitimación de las actitudes violentas, situaciones que son parte estructural de la sociedad.

Así es Ariadne y mira otros datos de esa realidad machista y patriarcal en que Bolivia se desenvuelve: Solo dos mujeres han sido presidentas en 197 años que tiene Bolivia; ni una sola mujer ha sido máxima dirigente sindical de la Central Obrera Boliviana, ni tampoco de las centrales obreras departamentales; ni una mujer ha sido rectora de las universidades públicas; las mujeres no tienen cabida en varios comités cívicos, principalmente en el de Santa Cruz, que cuando han sido candidatas, les cierran las puertas; el liderazgo femenino en la confederación y federaciones de empresarios privados han sido anulados; ni se diga en la Iglesia Católica, nunca hubo una monja de arzobispa o monseñora, peor una Papa. Los gobernadores que son nueve, todos hombres. De los 334 alcaldes, las mujeres apenas son entre 20 a 25, es decir, alcaldesas.

Este es un tema de fondo, es decir, que desde la colonia, la fundación de la República y el nacimiento del Estado Plurinacional, la estructura machista y patriarcal no ha sido afectada en lo más mínimo, ni tampoco combatida con sinceridad y frontalmente, aunque sí hay que reconocer que el país ha ido avanzando y las mujeres conquistaron sus espacios políticos, sociales, económicos, culturales, pero lo hicieron por sus propias iniciativas y esfuerzos, aunque ahora todos se revisten de discursos feministas, de apoyo a los derechos de las mujeres.

Abu, pero si eso no cambia, ¿qué pasará con nosotras?

Es una cuestión urgente que tenemos que resolver, porque los hechos delictivos de violencia contra la mujer que se vienen reproduciendo no se resolverán haciendo show o exponiendo públicamente a los asesinos y agresores, ni tampoco gastando dinero en más cursos o seminarios de socialización o de análisis de la violencia de género; sino que debemos ir al pilar de la sociedad y al inicio del problema: fortalecer a la familia en todos los aspectos; incluir esta problemática en las escuelas y preparar a los niños y niñas; formar mejores ciudadanos en las universidades; abrir más espacios decisivos de liderazgos femeninos en todas las instancias, o sea, hay todavía mucho que construir en esta ruta de igualdad de los derechos entre los hombres y las mujeres.

Hernán Cabrera M