Epidemia de escándalos

 

Aquella fórmula infalible de eliminar un escándalo, creando otro que sea igual o mayor del que se quiere mitigar, de modo que éste caiga en el más irremediable olvido, ha sido siempre utilizada por dictaduras y autocracias, especialmente donde se rinde un fuerte culto a la personalidad del tirano.



 

Dicho sistema, que no estuvo ausente de esa metodología que los bolivianos venimos utilizando desde hace 16 años, es muy similar al principio médico que describe a la vacuna, como esa suspensión de microorganismos, atenuados o muertos que, al ser inoculados en nuestro organismo, ayudan a la creación de los anticuerpos suficientes para inmunizarnos contra la misma enfermedad de la cual  queremos protegernos.

 

Entretanto, dada la obscena cantidad de delitos que se cometen y cometieron desde el inicio mismo del gobierno de nuestros “reservistas morales”, (cerca de cincuenta hasta la fecha), y aún siguen cometiéndose con inusitada frecuencia, necesitaríamos un artículo de un centenar de páginas para detallarlos empero, para no dejarlos en el cesto del olvido, nominaremos algunos que tuvieron mayor relevancia y revelan los daños materiales por las cuantiosas sumas de dinero que supusieron, y fueron hasta cruentos, por las vidas que costaron.

 

Todo comenzó hace trece años, cuando La Paz quedó estremecida por el asesinato del joven empresario Jorge O’Connor, socio de Catler-Uniservice, empresa que firmó el 14 de julio de 2008 un contrato con YPFB para construir una Planta Separadora de Líquidos, por un costo que superaba los 86 millones de dólares.

 

Dicho crimen, que en un principio se pensó que era atribuible a la delincuencia común, muy pronto fue calificado por las investigaciones policiales, como el más grande acto de corrupción ocurrido dentro de la petrolera estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), razón suficiente para que las autoridades judiciales encarcelen a Santos Ramírez, presidente de YPFB y alto miembro del partido gobernante MAS empero, ya nada se habló de los US$450 mil que, según el informe policial, le robaron al empresario asesinado en la escena del crimen.

 

Como se dijo líneas arriba, a este luctuoso acontecimiento le siguieron más de una cincuentena de escandalosos hechos de corrupción, como el asesinato del ex viceministro del interior Rodolfo Illanes, a manos de cooperativistas mineros que fueron considerados como uno de los principales apoyos de Evo Morales, a quien ayudaron a llegar al poder y hoy, según el sociólogo Esteban Ticona en una entrevista a la BBC dijo: “Las cooperativas engañan al país porque son empresarios camuflados de trabajadores que han logrado bastantes concesiones y privilegios”.

 

A la luz de lo expuesto, hablar de los casos de: Quiborax, satélite chino, barcazas chinas, aeropuertos de Chimoré, Ixiamas, Apolo, San Ignacio, etc., que supusieron  para su construcción miles de millones de dólares, montos muy superiores a los presupuestos de los pueblos donde fueron erigidos, sólo nos llevará a la triste conclusión de que el último y terrible asesinato de los tres policías en Porongo, pronto será olvidado por otro mayor y como no todos estamos vacunados, pronto servirá para ampliar la estadística, y crear una verdadera epidemia de escándalos.

Álvaro Riveros Tejada