Jeanine Áñez Chávez es una víctima inocente

 

(Quizás, cuando esta nota se publique, la sentencia de 15 años de condena pedida por el fiscalato contra la expresidenta, sea un hecho consumado.)



Hoy siento la exigencia política y ética, como ciudadana y demócrata, de pedirle disculpas a la expresidenta con A, que para eso existe el género gramatical, con preeminencia sobre del añejo participio activo. Disculpas por no haber podido o sabido defenderla de los chacales de la política que la tienen presa hace un año y tres meses, 480 días, a más de 40 ciudadanos y otros perseguidos políticos, por un golpe de Estado que nunca existió, y que se constituye en mentira criminal. Ante el descomunal mamarracho jurídico, apuran la sentencia.

Hoy, como nunca antes, hubiese querido tener un cañón de futuro para que dejen de mirar hacia atrás y reconozcan las múltiples determinaciones de la realidad, lejos del radicalismo racista aymara y de los autócratas populistas, dictadores con ínfulas totalitarias.

Jeanine Añez Chávez ha sido y es víctima de un juicio político ilegal y arbitrario, o de un ‘ajusticiamiento extrajudicial’ sin balas y sin pruebas. Ella, con la salud quebrantada, es víctima de la infamia del ex Evo Morales, jefe de su partido, el MAS, de sus adictos al poder y las prebendas, por una parte.  Y por otra, es víctima del régimen de Luis Arce, Iván Lima, Choquehuanca y compañía, hoy en pugna real o ficticia con Morales. Da lo mismo:  nunca fueron demócratas, ni los unos ni los otros.

Como no pudieron probar que Jeanine Añez Chávez conspiró y que fue “terrorista y sediciosa”, según la carátula judicial espuria del ‘Golpe de Estado I’, se apañaron el ‘Golpe de Estado II’, por “incumplimiento de deberes y resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes”. Y siempre con beneplácito de serviles fiscales, jueces, abogados y un Tribunal Constitucional, todos ciegos a la naturaleza jurídica de la libertad moderna, ¿hoy posmoderna?, tanto en su carácter positivo como negativo. A todos los mueve el instinto de dominación del cocalero Morales, sin responsabilidad ni política ni ética ante la sociedad boliviana, como tampoco la tuvo en los 14 años de sus tres gestiones, durante los que fracturó un tejido social democrático en construcción. Hoy, ese tejido está malherido por un antagonismo que ya no es de clases ni de ideologías, sino de dominación por el poder total y el asalto a las arcas del Estado, con las masas de acoso del MAS, siempre en apronte de guerra, que piden 30 años contra la expresidenta.

 ¡Qué paradoja, cuando fue precisamente el incumplimiento de deberes con premeditación y alevosía el que consumó el siempre cocalero Morales, con ayuda de una larga compañía interna y externa! Desde el desconocimiento del Referéndum de 2016, que dijo NO a su cuarta postulación como presidente, para luego hacer declarar a un sumiso Tribunal Constitucional su “derecho humano a la reelección”. Y después hacer fraude en las elecciones de 2019, y al unísono hacerse la burla a la movilización ciudadana contra ese ilícito democrático, que lo desnudó en su miserable condición deshumanizada de dictador. Y luego su renuncia y la de toda la cadena sucesoria, mientras huía a México, dejando un país en llamas. En ese dramático momento, surgió Jeanine Añez Chávez, merced al Art. 169, pues era segunda vicepresidenta del Senado. Ella aceptó su deber constitucional de asumir la transición como presidenta de Bolivia, sin trámite alguno, como reza la CPE.

El juicio político y la sentencia contra ella, es el certificado de defunción a la democracia en Bolivia. “No hay mal que dure cien años”, dice Carlos Valverde, aunque llevan más de tres lustros en lucha a muerte, a balas o con guillotinas judiciales, contra el Estado de Derecho, de suyo, contra la independencia de poderes y contra la política. Nunca consideraron la acción política como un diálogo abierto de acuerdos políticos y de concertación entre ‘diferentes’. Morales y sus serviles sabiondos racionalizaron que este es un país indígena y que los mestizos de sangre y cultura somos ciudadanos de segunda, o somos ‘nada’, o no tenemos cabida en Bolivia.

A las voces de la sociedad política y civil en Bolivia, de juristas competentes, de medios de comunicación y periodistas exigiendo el debido proceso para la expresidenta, se suman informes internacionales que cuestionan la forma y el fondo de este ilegal y espurio juicio. Los informes describen ambigüedades, problemas estructurales en la administración de la justicia; apuntan al abuso de la prisión preventiva contra Añez, pues viola sus garantías constitucionales, el derecho a la salud, la presunción de inocencia, y un juicio de responsabilidades, como le corresponde, no por la vía ordinaria, como se ha hecho.

Estos juicios políticos no son  invento de los masistas: es el guion chavista tropicalizado, a su vez, copia del método de dominación leninista, que Stalin perfeccionó y que Cuba, después de aplicarlo a rajatabla, lo modernizó con el populismo electoralista,  luego de los fracasos de la lucha armada. Había que meterse en el sistema de partidos políticos, con candidatos propios, ganar  elecciones, llegar al ejercicio del poder y, desde el poder del Estado y del Gobierno, minar la democracia burguesa de la que bien se aprovecharon. 

¿Podrá la sociedad boliviana revertir la claudicación de la democracia, de la política, de la ética y de la moral a la que hemos llegado, de la que hoy es víctima Jeanine Añez Chávez? ¿Quiénes más vendrán?

Por ella, por todos los presos políticos, perseguidos y exiliados, Justicia y Libertad.

 

Susana Seleme Antelo