Límites en el giro regional a la izquierda

Emilio Martínez Cardona

La oscilación del péndulo ideológico de los últimos tiempos en América Latina parece tener tres limitaciones claras:



1) Los nuevos gobiernos de izquierda no cuentan con mayorías parlamentarias. Llegan al Ejecutivo en el marco de mecanismos de segunda vuelta (Perú, Chile, Colombia), pero la composición del Poder Legislativo ha sido definida previamente, con bancadas moderadas y con inclinación a la centroderecha. En el caso más reciente, el de Gustavo Petro, la mayoría que se está conformando con partidos tradicionales para darle gobernabilidad no es propia y estaría condicionada a que se atenúen varios puntos de su programa. Puede parecerse, en definitiva, a la compleja relación que tuvo en su momento el lulismo con el PMDB.

Casos con rasgos distintivos son los de Argentina y Bolivia: en el primero, la mayoría parlamentaria se perdió o se redujo en las elecciones de medio término y en el segundo hay una contracción respecto a la mayoría calificada de 2/3 con la que gobernaba Evo Morales, lo que implica limitaciones a la hora de nombrar a funcionarios claves como el Defensor del Pueblo o el Contralor General del Estado.

2) Rápida crisis de gestión. El caso más emblemático es el de Gabriel Boric, cuya popularidad se derrumbó en el tiempo récord de tres meses. Algo similar pasa con Pedro Castillo en Perú, mientras que Alberto Fernández parece estar conduciendo a la Argentina al borde de la hiperinflación.

Lo más interesante en el caso de Chile es que la pobre gestión gubernamental hace sinergia negativa con los absurdos de la Convención Constitucional, impulsando la opción del Rechazo.

3) Profundas divisiones internas. Esto es más visible en Argentina y Bolivia, países donde el líder histórico del proyecto populista no es quien está en la jefatura del Estado. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (CFK) está en una posición política más fuerte que el primer mandatario, mientras que en Bolivia es Luis Arce quien tendría las de ganar en la pugna interna con Evo Morales.

En ambos casos, el embate del “caudillo” se ha centrado en un ministro considerado alfil del presidente: Martín Guzmán (Economía) y Eduardo Del Castillo (Gobierno). La jugada fue exitosa en Argentina, donde CFK logró colocar a una nueva titular que le asegura fondos para el bastión de la provincia de Buenos Aires, a donde el kirchnerismo piensa replegarse en los próximos años.

En cambio, en Bolivia la arremetida de Morales contra Del Castillo pierde fuelle, toda vez que el funcionario vuelve al país con la musculatura proporcionada por la Unión Europea, en su calidad de flamante copresidente del Copolad, el programa de cooperación antinarcóticos con América Latina, un marco en el que promete una “política colaborativa en materia de drogas para nuestra región”.