Lorenzo Vare entre la mística y la síntesis del pueblo mojeño trinitario

COSMOVISIÓN INDÍGENA. Pudo ser un apóstol porque siempre llevó con fe y devoción la palabra de Dios, añadido a ello, la enseñanza de los cantos, los rezos y las tradiciones ligadas de la época jesuítica.   

Fuente: https://lapalabradelbeni.com.bo

Trinidad/Ignacio Jare Ychu.- Don Lorenzo Vare Chávez, personaje importante en el universo sagrado de los mojeños, falleció este 18 de julio rodeado de su familia y amigos cercanos, tras sobrellevar una enfermedad que lo postró en cama a poco de cumplir 98 años de edad este 5 de septiembre.

Lorenzo Vare, muchas veces corregidor del Cabildo Indigenal, doctrinero y animador religioso, poseía la virtud de la clarividencia, una hipotética capacidad de percepción extrasensorial que le permitía, recibir información de acontecimientos futuros.



Según el antropólogo, sacerdote y docente universitario Miguel Vargas Velasco, el personaje indígena supo mantener por mucho tiempo la tradición religiosa y cultural de los pueblos originarios, asociado al mundo religioso y católico. Una conjunción de dos identidades: la cultura mojeña autóctona y la cultura religiosa cristiana.

Agrega que, en la antigüedad, sin la influencia del cristianismo en la cultura mojeña, don Lorenzo, pudiera haber sido un Tiharauikiz o Jarauki, una especie de “vidente” clarividente “los de la vista clara” que todo lo observan. Llegaban a esa jerarquía, los que habían sido heridos por el ichini o tigre, la deidad sublime de los antiguos mojeños. Una figura de sacerdote mojeño en la cultura prehispánica.

El Ichini o Tigre, que causaba temor en la gente de esa época, había adquirido el rango de divinidad y la cualidad esencial de ser omnisciente y omnipresente en el universo sagrado de los mojeños prehispánicos y, confería poder a quienes escapaban de sus garras. Quedaban elegidos para subir al nivel de lo sagrado.

La cualidad esencial de la clarividencia, era importante en el universo sagrado de la cultura mojeña. Se traducía a través de los sueños. Las personas veían e interpretaban el futuro, el destino de la vida y la historia de la cultura mojeña, en su búsqueda de la Loma Santa.

Lorenzo Vare, era este tipo de sacerdote en la cosmovisión indígena de la mano con el mundo cristiano. Pudo ser un apóstol porque siempre llevó con fe y devoción la palabra de Dios, añadido a ello, la enseñanza de los cantos, los rezos y las tradiciones ligadas de la época jesuítica.

Con la ayuda de estas personas, los antiguos moradores de Moxos, antes de emprender una actividad, enfrentar inundaciones o mal tiempo en ciertas épocas del año o de acuerdo a las estaciones lunares, realizaban rituales y ceremonias con abundante chicha y comida en los bebederos.

Los Tiharaukiz se untaban yerbas picantes a los ojos para “mirarlo todo” y tomaban una yerba amarga llamada “marari” que los hacía entrar en trance, lanzaban sus oráculos explicando el destino del pueblo, lo bueno y lo malo para la vida. Se habla de esos hombres que, en algún momento de la historia, fueron responsables de la construcción de lomas artificiales, terraplenes, camellones y lagunas en su amplio territorio.

Con la llegada de los españoles y la inminente incorporación de la religión cristiana, se extirpó la idolatría de acuerdo a los concilios limenses. La cultura cristiana borró, aparentemente, la figura de los Tiharaikiz. Muchos de los cargos e instituciones de la cultura prehispánica se cristianizaron.

Carlos Navia Rivera, docente e investigador de la temática indígena, comenta que Lorenzo Vare, era una persona de mayor tradición, mayor conocimiento de la cultura, no solo conocimiento sino como vida. Fue investigador y acompañante de los estudios que se realizaron sobre el pueblo trinitario, pero además participe de todas las actividades contempladas en el calendario católico.

“Persona que conocía las plegarias, los ritos, las costumbres, no de manera formal, sino que lo vivía. Acompañó el proceso de estudio sobre el pueblo mojeño trinitario, en Trinidad, en el TIPNIS y otros lugares, pues además fungía como traductor del idioma mojeño trinitario”.

Sostuvo que el personaje originario, fue una institución del pueblo beniano, se lo recuerda con esa sonrisa, buen humor y capacidad para comunicarse con toda la gente, aunque también fue serio, reprendía a la gente en su momento, siempre con un carácter de solidaridad, bondad y enseñanza, basados en los principios de la tradición mojeña. Partió un buen hombre de este pueblo, exclamó.

Eduardo Yuco, activista indígena, expresó que la vida de Lorenzo Vare, estuvo plagada de bondad, trabajo, enseñanza, sobre todo, con la firme convicción de llevar el mensaje de Dios a distintos confines. Deja un rico legado a las nuevas generaciones, acotó.