Una muestra en La Paz promueve la reflexión sobre los sistemas alimentarios

Sobre muestra en La Paz. EFE

 

La genealogía de alimentos como la papa, la quinua o los ajíes, las técnicas ancestrales de cultivo, acopio y transformación de estos productos y una reflexión gráfica sobre la insostenibilidad de los sistemas alimentarios actuales serán los protagonistas de una muestra en proceso de montaje en La Paz.



Fuente: Opinión/ EFE

«Uyway-Uywaña: Crianza Mutua para la Vida» es el título de la exposición que organiza el Museo Nacional de Etnografía y Folclore (Musef) de Bolivia y que acompañará a la próxima Reunión Anual de Etnología (RAE) 2022 que abordará esta temática para promover sistemas alimentarios sostenibles desde las cosmovisiones locales.

En una entrevista con Efe, la directora del Musef, la indígena Elvira Espejo, destacó que es «muy interesante poder abordar» la temática de la alimentación «desde las comunidades, desde nuestras propias terminologías en aimara y quechua».

En los estudios previos para armar la muestra, Espejo, que es artista plástica, tejedora y narradora de la tradición oral indígena, tuvo una lectura «más amplia» de terminologías muy utilizadas, como por ejemplo «la domesticación».

«La pregunta era cómo entendemos esta domesticación en nuestras lenguas originarias, en nuestras propias comunidades», comentó Espejo.

Entonces comprendió que el término resulta «muy machista», pues se entiende como que «el hombre domestica a los animales y a las plantas» de forma vertical, mientras que en las lenguas indígenas, la «domesticación» se comprende como «crianza mutua».

«Es un término que nos ayuda a esa horizontalidad. Por ejemplo en aimara se dice ‘uywaña’, en quechua es ‘uyway’, que quiere decir crianza mutua, y en guaraní ‘ñangareko'», precisó Espejo.

Y es que la «crianza mutua» implica un cuidado de los animales y las plantas que, en reciprocidad, permitirá luego obtener alimentos o fibra para el vestido, comentó.

«Tendremos mejor tierra, mejor espacio y de manera equilibrada, y por esa razón en los Andes se dice incluso que todo tiene vida» y todo está conectado, agregó.

Por ello, lo que se busca con la muestra es reflexionar en torno a la cadena de alimentación en Bolivia que comienza con la producción y el proceso de reciprocidad que ha permitido sostener la vida, frente a los «monocultivos» o la comida chatarra, perniciosos para el medioambiente y la salud humana.

RECORRIDO Y REFLEXIÓN

Estas reflexiones se promoverán exponiendo en tres salas cuestiones como los cambios genéticos que han tenido alimentos como el maíz, las técnicas ancestrales para, por ejemplo, deshidratar la papa y convertirla en chuño, o las construcciones antiguas para almacenar y conservar productos alimenticios, como las pirhuas y kallankas.

La primera sala mostrará herramientas de cultivo, recolección y contenedores de alimentos que son parte de los bienes culturales del museo, además de exponer algunas tecnologías e ingenierías que los agricultores ancestrales emplearon para el riego.

Según Espejo, la transición se podrá apreciar, por ejemplo, en los materiales de los que estaban hechas las herramientas, de la piedra al metal y a otras «un poco más industrializadas».

La segunda sala parte con una evocación al mito andino del zorro que viaja al cielo en el lomo de un cóndor para darse un banquete, se queda dormido y al despertar se ve sin quién le ayude a volver a la tierra.

Entonces se le ocurre trenzar una soga con la cual empieza a bajar, pero en el camino se encuentra con una bandada de loros y los insulta, ante lo cual, una de las aves le corta la cuerda.

Tras la caída, el zorro queda despanzurrado y las semillas que llevaba en el estómago se regaron por el mundo, dando lugar al nacimiento de las cosechas.

Así, la genealogía de las semillas de la papa, el maíz, el maní o la quinua está plasmada en una especie de mapa estelar para hacer una «conectividad» con el universo, señaló Espejo.

Delante del mapa están las esculturas de cuatro llamas, que eran el medio de transporte de las cosechas «desde las tierras altas a los valles y las tierras bajas», explicó.

En esta sala también se muestra la dinámica de la transformación de los alimentos con la exposición de utensilios como los molinos de piedra, o las pirhuas, además de fogones tradicionales y unas esculturas de terracota que escenifican la cotidianidad de los indígenas preparando comida.

La tercera sala incluye imágenes que llaman a la «autorreflexión» sobre el sistema de monocultivos que «traga territorios tan grandes y deja espacios desérticos» y, a la vez, dan alguna esperanza mostrando las alternativas surgidas en el país para recuperar alimentos orgánicos y sabores y conocimientos ancestrales, como los huertos urbanos.

La exposición, que se inaugurará el próximo 22 de agosto, se complementa con un catálogo de unas 500 páginas con investigaciones sobre los productos, técnicas, procesos y rituales en torno a la alimentación.