El desconcierto del periodismo en el desorden mundial

 

 



Un nutrido grupo de estudiantes de periodismo, algunos docentes universitarios y destacados periodistas del medio local asistimos al AECID a la conferencia, Periodismo ante el nuevo desorden mundial, a cargo de Juan Luis Cebrián, quien fue director-fundador del icónico diario El País, considerado el periódico de la transición democrática española. Cebrián, que además de ejercer el oficio de periodista, como empresario de medios fue parte del grupo corporativo más grande de la península ibérica, ha sido considerado —por diversas publicaciones internacionales—, “uno de los diez españoles más influyentes en España y América Latina”.

Uno de los principales argumentos de la exposición de Cebrián se basa en la equivalencia que tendría el actual Internet con la influencia que tuvo la aparición de la imprenta en el siglo XV. El invento de Johannes Gutenberg transformaría la difusión del saber en Europa —que coincidió con la llegada de Colón a América—, y todo esto generó drásticos cambios en la geopolítica mundial, la guerra de religiones que duró siglos, y que como toda revolución, produjo mucha inestabilidad y cambios en los poderes establecidos de la época.

En el desorden actual, de múltiples plataformas de emisión de contenidos gratuitos —diferente al orden mundial anterior, donde los medios de comunicación social eran los únicos emisores y vivían de la publicidad—, proliferan fenómenos comunicacionales como la posverdad (los datos objetivos tienen menos importancia que las opiniones y emociones que suscitan), las fakenews (noticias falsas o falseadas), e incluso, los videofakes y la innegable presencia de los influencers. Cebrián considera que esta revolución digital es una gran contribución al desarrollo de la humanidad, pero está siendo más sangrienta en términos de mortandad de empresas periodísticas y caída de instituciones, dentro de un gran caos y confusión, agravado por el descrédito y la valoración del periodismo por parte de una sociedad “desintermediada”.

Los problemas globales —como la pandemia, el cambio climático, la digitalización, entre otros— necesitan soluciones globales. El sistema actual no está dando las respuestas que se necesitan. En mi Diario de Pandemia (2022) escribí una entrada al respecto: “Al principio de la pandemia, junto a la confusión y desinformación, claramente hizo falta un gobierno mundial para coordinar y marcar un rumbo de acciones a seguir. Los vaivenes y poca claridad de mensajes de la OMS (Organización Mundial de la Salud) fueron rebasados por la comunicación paralela, oficiosa y alarmante de las redes sociales”.

Estamos en medio de una gran transformación que está en plena ebullición. Es difícil hacer pronósticos y terminar de entender aquello que todavía no ha terminado de eclosionar. Quienes salimos de la conferencia con “sabor a poco” debemos tener paciencia hasta que, como pasó durante los años después de la invención de la imprenta, llegue la ilustración, la democracia representativa y la organización del mundo como lo conocemos hoy.

Por ahora, hay muchas más preguntas que respuestas: ¿cuál será el papel del periodismo y cómo sobrevivirá en un mundo hiperconectado, de noticias instantáneas y gratuitas, de múltiples emisores y creadores de contenidos, en una sociedad que cuestiona poco y se está acostumbrando a la “espectacularización” en el consumo de las noticias, antes que en la profundización y análisis de las mismas?

Alfonso Cortez

Desde mi barbecho

Comunicador Social