Los misterios del coseberú

Rareza de especie. El armadillo más pequeño del mundo tiene su hábitat en Bolivia

Por Adhemar Manjón



De repente, una de las especies animales más raras del mundo, y que puede verse en muy pocas ocasiones en la vida, ha salido a flote (literalmente) en las últimas semanas. Estamos hablando de un armadillo que responde al nombre científico de Calyptophractus retusus, pero en Santa Cruz es más conocido como ‘culotapao’, ‘coseberú’ o ‘coseberu’. En las regiones del Chaco boliviano se lo conoce como tatujeikurajoyava. Otras personas le dicen simplemente ‘tatú ciego’; aunque también lo llaman ‘pichiciego mayor’ (el pichiciego menor viene a ser su pariente que habita regiones de Argentina y Paraguay).

Entre las características peculiares del culotapao está la cola, que puede utilizarla como si fuera un trípode, un caparazón blando, es un animal nocturno y tiene una forma de vida similar a la de los topos. Es de color pardo amarillento, aunque tiene pelo blanco en las partes laterales y en el vientre. Como todos los armadillos, tiene un caparazón óseo en la región dorsal. Este diminuto animal -no llega a medir más de 17 cm-, según la revista Atlas Animal, es uno de los 10 mamíferos más raros del mundo ¿Cuáles son los otros? Se puede mencionar al galeopiteco o colugo, que habita en el sudeste de Asia; al aye aye, que se lo encuentra únicamente en Madagascar; al tarsero fantasma, que vive en islas de Indonesia; al cacajao o uacarí calvo, que habita en las selvas amazónicas; al topo nariz estrellada, con una nariz con protuberancias similares a los tentáculos de los pulpos; y también al zorro volador, que es un murciélago que puede medir hasta un metro.

 

Poco estudiado

Una de las rarezas del animal que protagoniza esta nota es, como se mencionó al principio, que se lo ve con muy poca frecuencia, por esa razón apenas se lo ha estudiado. Pero en las dos últimas semanas, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra se han encontrado nada más y nada menos que tres de ellos, y en distintas zonas. El primero se lo ubicó por la zona del nuevo Mercado Abasto, el segundo por la zona de Paurito y, el último, cerca de la avenida Mapaizo, en la doble vía a La Guardia. En los tres casos fue el biólogo Luis Gálvez quien estuvo presente en los rescates, y después de analizarlos por unas horas los devolvió a su hábitat natural. Cada vez que se avista uno de estos animalitos significa un gran acontecimiento científico. En agosto de 2020, en la zona de Valle Sánchez (municipio de Warnes) se encontró el cuerpo sin vida de un coseberú. Y en enero de 2021, en la revista digital Mongabay, se reporta el descubrimiento de esta especie de armadillo en el municipio de Cabezas. En esa ocasión, el biólogo Huáscar Bustillos estuvo presente para confirmar el encuentro con este ser vivo, considerado casi como un Santo Grial de los conservacionistas. El coseberú fue descubierto por primera vez en Santa Cruz en 1859 por el naturalista cruceño Félix de San Martín, y fue el aclamado naturalista, paleontólogo y zoólogo alemán nacionalizado argentino Karl Hermann Konrad Burmeister (que dirigió el Museo Argentino de Ciencias Naturales hasta su muerte) quien le hizo la descripción científica en 1863 (y también le da el nombre científico de Calyptophractus retusus, aunque también se lo llama ‘armadillo de Burmeister’).

En un estudio de 2005 titulado Nota sobre los registros y distribución de Calyptophractus retu- sus en Bolivia, firmado por los investigadores bolivianos Huáscar Azurduy, Franklin Aguanta y Luis Acosta, se puntualiza que “desde que Burmeister colectara el holotipo y en un periodo de 144 años, son 25 los registros formales (18 colectas, 7 registros visuales) de Chlamyphorus retusus para Bolivia. Los registros hasta ahora conocidos solo incluyen el departamento de Santa Cruz, aunque su distribución puede abarcar el centro y oeste de los departamentos de Chuquisaca y Tarija”. En el trabajo investigativo también se dice que “el conocimiento de Chlamyphorus retusus en Bolivia es incipiente, siendo su rareza un factor limitante en su mayor conocimiento. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, categoriza a esta especie como vulnerable y por hoy en Bolivia poseemos insuficiente información sobre la ecología poblacional de esta especie para un diagnóstico de conservación actual de sus poblaciones”.

Otras investigaciones

Anteriormente, en 2001, la bióloga boliviana Érika Cuéllar publicó un estudio titulado The Tatujeikurajoyava (Chlamyphorus retusus) in the Izozog Communities of the Bolivian Gran Chaco, en el que señalaba que “la biología, ecología y la distribución local de esta especie es desconocida y actualmente no hay esfuerzos para protegerla en Bolivia”. En el estudio, Cuéllar explicaba que, en la zona del Gran Chaco, después de los ungulados, los armadillos eran la especie que más se cazaba. “Desde 1996 hasta el 2000, cazadores locales reportaron haber cazado más de 2.000 armadillos de las cinco especies: Dasypus novemcinctus, Chaetophractus villosus, Chaetophractus vellerosus, Tolypeutes matacus y Euphractus sexcinctus. Durante ese mismo periodo, solo ocho individuos de la especie Chlamyphorus retusus fueron reportados (seis fueron matados por los cazadores y dos rescatados por biólogos). El C. retusus no es cazado como alimento, sino que lo matan quien sea que lo encuentra, no solo los cazadores sino las mujeres y los niños de Izozog. Esta persecución se debe a la creencia de que es un símbolo de la mala suerte, que predice y hace inminente las muertes en la familia. Esta creencia está muy enraizada en los niños y adultos”. Pero si el encuentro de este animal data en Bolivia de hace 163 años, quizás lleva habitando el mundo muchísimo más tiempo. Es el caso del Chlamyphractus dimartinoi -o pichiciego menor-, que se encuentra en Argentina. Según un estudio llevado a cabo por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en 2020, se explica que “un grupo de investigadores del Conicet identificó por primera vez restos fósiles de un pichiciego, un armadillo que es considerado el más pequeño del mundo y que habita únicamente en Argentina y otros países del sur de Sudamérica. (…) La descripción de este inusual mamífero representa el primer registro fósil del género y de la especie. (…) Los restos tienen entre 9 y 10 millones de años de antigüedad y fueron hallados en la provincia de Buenos Aires hace más de 30 años, pero recién en 2019 los paleontólogos lograron determinar a qué animal pertenecían”. En la misma publicación se dice que, actualmente, “se conocen dos especies de pichiciegos: Chlamyphorus truncatus, que solo habita en Argentina y se encuentra en la región de Cuyo, y Calyptophractus retusus, que tiene un tamaño ligeramente mayor y se encuentra en las provincias del NOA, en Bolivia y en Paraguay. Por sus características, el fósil hallado es considerado una especie distinta y fue nombrado Chlamyphractus dimartinoi, en homenaje al coleccionista que lo halló”.

Encuentros en Santa Cruz

El biólogo Luis Gálvez, quien rescató los tres culotapaos en la ciudad en las últimas semanas, los liberó horas después en unas pampas arenosas que forman parte de un área protegida. “Estos hallazgos son un indicador de que hay ciertas poblaciones de culotapaos que están viviendo en los alrededores de nuestra ciudad y que no es que recién estén apareciendo, sino que siempre han estado por acá pero la gente no tenía conocimiento de lo que es este animal”, expuso Gálvez. El biólogo explicó que el primer animal que encontró al parecer estaba escapando de algunas construcciones de casas. El segundo, hallado por Paurito, estaba escapando de un desmonte con incendios. El tercero fue encontrado en el pavimento en medio de una zona urbanizada. “Estas son las principales causas por las que están apareciendo”, dijo Gálvez. Por su parte, el mastozoólogo Sebastián Gutiérrez también opinó que el crecimiento desordenado de la ciudad, poco amigable con el medioambiente, es lo que está causando que los pequeños armadillos estén siendo desplazados e incomodados en su hábitat. “Ver a este animal es como un trofeo. Hay personas que se han dedicado a estudiarlo muchos años y ni siquiera lo han logrado ver”, agregó Gutiérrez. Para este investigador, el culotapao tiene mucha importancia para el ecosistema. “Al tener hábitos fosoriales (que está adaptado a la excavación y vida en cuevas) y vivir debajo de la tierra, las cuevas que hacen llevan oxígeno al suelo y reciclan los nutrientes que tiene el suelo”, señaló Gutiérrez.

Propuesta

Debido a la invasión de su hábitat -por la deforestación, los incendios y el crecimiento urbano de la capital cruceña- este animal se encuentra constantemente amenazado, es por ello que esta semana, el biólogo Huáscar Bustillos y la concejala Karina Orihuela decidieron elaborar un proyecto de ley para que el coseberú sea declarado patrimonio cultural y natural de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Dicho documento fue presentado el miércoles en el Concejo Municipal. “Queremos activar políticas para su conservación, teniendo en cuenta que han comenzado a salir de sus madrigueras, lo cual afecta su supervivencia”, explicó el biólogo. A lo largo de sus años de estudio de esta especie, Bustillos también ha logrado registrar varios ejemplares, de los cuales han quedado fotografías, que sirven para documentar sus publicaciones, tanto nacionales como internacionales (Mongabay, National Geographic y RAI). En cuanto a las áreas naturales donde habita, el biólogo apunta al cordón ecológico del río Piraí. “En la actualidad es una zona afectada por los emprendimientos de la construcción, este factor es otra amenaza para la protección de esta especie tan emblemática para los cruceños”, lamentó. En época de lluvias, las inundaciones provocan su muerte por ahogamiento en los barrios alejados.

MÁS DATOS

HÁBITAT

Según el estudio de Huáscar Azurduy, Franklin Aguanta y Luis Acosta, en Bolivia, el Parque Nacional Kaa-Iya del Gran Chaco es por ahora el área protegida más importante en la conservación de la población chaqueña, mientras que la Chiquitania puede ser considerada con un nivel de amenaza mayor dada la progresiva expansión de la ciudad de Santa Cruz hacia pampas aledañas y cuyo proceso de ocupación constituye en la actualidad, una de las amenazas más importantes para el hábitat de estas poblaciones.

CARACTERÍSTICAS

Como dato curioso, el biólogo Huáscar Bustillos rescata una reseña de Slade, en 1891, y que recuerda que los antiguos cruceños de esa época se atemorizaban de un animal subterráneo al que llamaban “llorón”. Por el temor y el miedo hacia el gemido del culotapao, es muy posible que se haya fusionado con el sincretismo popular tomando la forma del “llanto del duende”, relato registrado por Germán Coimbra Sanz. El tema de la ‘maldición’ también se da entre las comunidades guaraníes.

BÚSQUEDA

La magia de encontrar un culotapao

Los armadillos no son roedores ni marsupiales. Pertenecen al orden Cingulata, al que solo le quedan dos familias: Chlamyphoridae, en la que están los pichiciegos, y Dasypodidae, que engloba a los armadillos más comunes. Son xenartros -animales placentarios únicos de América- y tienen un ancestro en común con los hormigueros y los perezosos en un camino evolutivo que se remonta a unos 59 millones de años en el periodo del Paleoceno. Lo que distingue al pichiciego chaqueño o culotapado de otros armadillos es que los otros tienen un caparazón duro, explicó Bustillos, mientras que este tiene un caparazón blando, como de piel, las escamas son suaves y descubiertas en la parte de arriba. En los lados tiene una capa de pelos delgados y suaves que le dan la apariencia de algo que está hecho de partes de origen diferente que no encajan. Bustillos descubrió en su caparazón blando una adaptación evolutiva interesante que le permite al animal contonearse en la tierra y moverse fácilmente por la arena. Al observar al espécimen en directo, el biólogo boliviano entendió que estaba adaptado a la arena. Cuando lo ponían en tierra más compacta y rocosa, le costaba excavar. “Busca tierra arenosa de forma instintiva para esconderse”, dijo. (Extracto de una nota en la página digital Mongabay, de enero de 2021)