Murió el último sobreviviente de la guerrilla de Teoponte


El último día de agosto, “Jesús” murió en Santa Cruz de un infarto fulminante, minutos después de abrazar a su hijo Camilo. Partió a encontrarse con sus 65 camaradas.

Fuente: paginasiete.bo



Dio los golpecitos de rigor, ingresó al garzonier dúplex, saludó y dijo simplemente: “Soy Jesús, tarijeño y chofer de góndola, para lo que manden compañeros”.

Se completaba así la columna del Montículo: cinco hombres y una mujer, mes y medio en vigilia clandestina antes de ingresar a la guerrilla de Teoponte (julio de 1970). Lo esperábamos, pero ninguno sabía por qué no formaba parte del contingente que se aprestaba a volver a las montañas, como había anunciado Inti Peredo, días antes de ser asesinado el 9 de septiembre de 1969; ni por qué se lo trajo de apuro de Cochabamba.

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Luego íbamos a saberlo. Al enrolarse en el Ejército de Liberación Nacional (ELN), Edison Segade, que eligió “Jesús” como nombre de guerra -por su amor a Cristo desde muy niño-, había sido descartado como soldado guerrillero por su baja estatura (medía poco más de metro cincuenta) y porque acababa de “quemarse”, pues alquiló a su nombre la casa que fue escenario de un hecho que conmocionó al país: el asesinato de Genny Koeller, “Victoria”, y de su esposo, el combatiente chileno Elmo Catalán, “Ricardo”, responsable del ELN en Cochabamba.

“Allí vivíamos cuatro. Aparte de Elmo y Genny, Aníbal Crespo, ‘Angelito’, y yo”, relató.

“Una tarde, ese tal Angelito, que fue reprendido por faltas disciplinarias (a la espera de sanción), sorprendió en la ventana, de espaldas, a Elmo, lo encañonó y al darse vuelta éste, le disparó un tiro al corazón.

Elmo intentó tomar su arma pero cayó exánime. Genny estaba sentada a la máquina de coser, y el tipo le dio un tiro debajo de la oreja. Yo estaba en la cocina. Al oír los balazos me aproximé. “Ni un paso más ¡carajo!, o te mato a ti también’, me conminó y salió. A los días, Crespo confesó su crimen, pero lo dejaron libre. Ese fue el motivo de mi traslado a La Paz”.

No fue en Jerusalén ni en Asís la comunión espiritual de Jesucristo y San Francisco.

Fue en el monte de Dios, en Teoponte, que dos sosías de aquellos venerables hijos del Santo Padre, Edison Segade (Jesús) y Néstor Paz Zamora (Francisco), se conocieron, renovaron su fe mutua en Dios y en el combate y se ungieron como los cuadros más solidarios con sus compañeros de lucha.

En plena selva, sufriendo deserciones y bajas -fusiladas por el Ejército-, desorientada y sin alimentos, la guerrilla desfallecía, pero en los pocos momentos de calma, Jesús observaba a Francisco escribiendo a su esposa, en su diario (Cartas a Cecilia, un texto conmovedor que puso piel de gallina a los lectores): “Cada vez trato de profundizar más en la realidad de Dios, el hombre y la historia… Quisiera que mi capacidad de amar crezca cada vez más, a la par que mi capacidad guerrillera. Pienso mucho en ti y te amo”. Y aludiendo a sus compañeros más queridos: “Hay otros dos tarijeños, Jesús y el Chapaco Adrián, que son invalorables”. A los 50 años del alzamiento eleno en Teoponte, el movimiento Guevarista de Cochabamba, organizó un coloquio con Edison Segade.

Decenas de concurrentes interrogaron al último sobreviviente de la guerrilla teopontina, que mostró una lucidez extraordinaria. “Nos convocaron el ejemplo del Che y las injusticias que se cometían en nuestro país y en el mundo. En esa época nuestros jóvenes estaban más preparados para intentar una revolución”, dijo Jesús. “Ojalá la juventud de hoy siga ese camino luminoso del Che, del Inti, de Francisco, para transformar nuestro país, con justicia social”, indicó.

Y fue muy claro en la autocrítica: “Nosotros entramos sin ninguna experiencia militar, con sólo la voluntad de sacrificar nuestras vidas por una causa, y nos fue mal. Esa fue una lección para no volver a cometer los mismos errores”.

Hace unos días, nada parecía alterar su rutina de siempre. Conducía una de 80 letrinas de diésel proveniente de Paraguay. “Si quieres te llevo, así charlamos en el camino”, decía, “pero sólo hasta la frontera, está prohibido ingresar a tierra ‘pila’ con ayudante”. No fue posible. El último día de agosto, Edison Segade fallecía en Santa Cruz de un infarto fulminante, minutos después de abrazar a su hijo Camilo. Partió Jesús a encontrarse con su hermano Francisco, el Chapaco Adrián y sus otros 65 compañeros de aquel glorioso monte de Dios.

Fuente: paginasiete.bo