Contra viento y marea, y casi siempre en solitario

Gary Antonio Rodríguez Álvarez (*)

El festejo de la Efeméride Departamental de Santa Cruz trajo consigo actos de homenaje empañados por cuestiones políticas; publicaciones enriquecidas con datos que matan relatos; y, ciertos debates en los que se quiso tapar el solo con un dedo, al soslayar la exitosa forma de hacer las cosas en la región. En paralelo, la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz y el Instituto Boliviano de Comercio Exterior, informaban que el libro “Modelo de Desarrollo Cruceño: Factores y valores que explican su éxito”, se descargó más de medio millón de veces en un año (cerca de 670.000, a la fecha, desde: www.ibce.org.bo).



Concomitante con lo mencionado, un artículo del economista Pablo Mendieta sostiene que «las investigaciones más serias sobre crecimiento económico apuntan a buenas instituciones como la clave del desarrollo. La historia cruceña, sobre todo del siglo XX, muestra que la institucionalidad ha sido clave para el éxito de la región», concluyendo que “plasmar la visión cruceña de futuro requiere de renovados esfuerzos productivos, mejores instituciones y muchísima estrategia” (“Las visiones del desarrollo cruceño”, EL DEBER, 29.09.2022).

Esta última recomendación es importante -en línea con lo dicho justo en estos días por el abogado y analista político Paúl Antonio Coca Suárez Arana- quien recomienda a Santa Cruz: pensar en función de país; enamorar con su ejemplo, a Bolivia; dar un discurso de unidad nacional; y, explicar el “modelo cruceño”, las razones de su éxito, y cómo encaja con lo que el país quiere en su conjunto.

Es cierto, comunicar resulta vital para convencer, especialmente cuando se ha distorsionado la realidad y creado una posverdad; se deber informar por el bien de Santa Cruz y Bolivia; aportar con estadísticas; documentar hechos históricos fehacientes; mostrar que el avance socioeconómico y demográfico cruceño es objetivo y demostrable; que la “otra Bolivia posible” y la “Bolivia profunda” están en Santa Cruz, porque Santa Cruz acrisola a Bolivia con las segundas mayores poblaciones de paceños, chuquisaqueños, cochabambinos, potosinos, benianos, que migraron acá, buscando una mejor vida, y lo consiguieron.

De que hay pobres en Santa Cruz, los hay, pero… ¡cuán diferente es ser pobre aquí, así como la posibilidad de superarse!

Bueno será comunicar respecto al modelo de desarrollo cruceño, que el 76% de los alimentos lo produce Santa Cruz, gracias al esfuerzo de cambas, migrantes bolivianos y extranjeros, que trabajan con denuedo esta bendita tierra, para lograr el 100% del sorgo y el girasol del país; 99% de la soya; 92% de la caña de azúcar; 75% del trigo; 72% del arroz; 66% del maíz y 31% de las hortalizas.

Además, que no exporta solo soya o girasol, sino, más de 350 productos como: carne, alcohol, azúcar, leche, chía, ajonjolí, maní, frejol, maíz y maderas (cada uno, mínimamente por más de 10 millones de dólares).

Aclarar también que Santa Cruz no solo vende a la Comunidad Andina (CAN) sino a más de 80 países, explicando que la región pide agrobiotecnología para competir con monstruos graneleros como EEUU y el MERCOSUR, que sí la usan, mucho más ahora cuando nuestros socios andinos tienen Acuerdos de Libre Comercio con esos países por lo que la CAN ya está abierta a la libre competencia; además, que la subvención al diésel no es solo para el sector agrícola, que por cierto no es el primer consumidor, pero sí, quien prodiga de alimentos a Bolivia y el mundo; sin dejar de lado que en los años ´90 el Grupo Andino hizo un cálculo del Equivalente de Subsidio al Productor (ESP) en los cinco países miembros, viéndose con estupor que el sector agrícola cruceño, en vez de recibir apoyos estatales como en otras naciones, subsidiaba más bien, con su plata, la construcción de caminos, su mantenimiento, entre otras cosas.

Algo más que el país debería saber: Santa Cruz tiene la menor pobreza, con 25% (Bolivia, 36%); la menor pobreza extrema, con 3,3% (Bolivia, 11%); la mejor distribución del ingreso con 0,39 (Bolivia 0,42) y menor desocupación urbana con 4,16% (Bolivia 4,5%).

Hay quienes critican el éxito de Santa Cruz (los envidiosos), otros lo aplauden (los generosos), todos ven el resultado, pero pocos el proceso que atañe a más del 85% de la actividad económica regional que se da por iniciativa privada.

Cuando nuestros hermanos migrantes bolivianos se integran a Santa Cruz, entonces valoran su trabajo y sacrificio en beneficio del país… ¡cuántas veces contra viento y marea, y casi siempre en solitario!

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional