El sueño de volar sin emisiones de CO2

Con el combustible de aviación sostenible SAF sería posible eliminar las emisiones de los vuelos. Los productores están preparados, pero las compañías aéreas tienen dificultades para asumir los costos.

Un avión de la aerolínea Delta. Fuente: https://www.dw.com

Delta Airlines anunció en 2020 que invertiría mil millones de dólares para 2030. La empresa quiere convertirse en la primera aerolínea neutral en carbono.



Para reducir las emisiones de CO2 de los vuelos existe una solución: el combustible de aviación sostenible, o SAF, por sus siglas en inglés. Hasta ahora, se obtiene comúnmente de la biomasa, del aceite de cocina usado, o partir de la sintentización de los componentes de carbono e hidrógeno. Para que el SAF sea realmente neutro, en cuanto a emisiones, las materias primas deben provenir de fuentes renovables.

Europa, especialmente Alemania, podría desempeñar un papel importante en la industria. En 2021, entró en funcionamiento, en Emsland, la primera planta industrial del mundo de combustible sintético para la aviación.

Los beneficios de la «parafina verde»

Aunque los fabricantes de aviones se encuentran investigando sistemas de propulsión alternativos, no será posible volar en rutas de media y larga distancia sin SAF, una especie de «parafina verde», ni siquiera a largo plazo. «Casi todos los analistas concluyen que el SAF desempeña un papel fundamental en cualquier escenario futuro de cero emisiones», escribió en su blog Dan Rutherford, director del Programa de Aviación del Consejo Internacional de Transporte Limpio, ICCT.

El SAF, además, puede mezclarse sin problemas con la parafina convencional, teóricamente, en cantidades ilimitadas. No obstante, la cantidad de SAF que se produce en la actualidad es tan pequeña, que se considera aún un escenario ficticio.

Hasta cinco veces más caro

Para el 2050, la aviación debe llegar a ser neutra en emisiones de CO2, y el 65 % del ahorro debe conseguirse mediante combustible sostenible, según la Organización de Aviación Civil Internacional (IATA). La dificultad es que, hasta ahora, el SAF es entre dos y cinco veces más caro que la parafina fósil, dependiendo del método de producción y del precio actual del petróleo.

Por supuesto, las compañías aéreas no aumentarán voluntariamente sus costos, afirma Rutherford.

Por este motivo, IATA pide a los Gobiernos que ofrezcan incentivos para que la cuota de SAF llegue al 2 % en 2025. Esto es exactamente lo que la UE quiere obligar a hacer a las compañías aéreas civiles.

Según IATA, esto requeriría una capacidad de producción de 5.000 millones de litros al año en 2025. Las posibilidades de que esto ocurra son bastante altas. De hecho, la empresa líder del mercado, la finlandesa Neste, quiere ser capaz de producir 1.900 millones de litros de SAF para 2023 y, a partir de 2026, hasta 2.750 millones de litros.

Nuevos métodos de producción

Existen distintos métodos certificados para producir SAF y el llamado proceso HEFA domina el mercado. Según el productor estadounidense SkyNRG, el 95 % de la producción mundial proviene del reciclaje de residuos, como materia prima, lo que representaría hasta un 80 % menos de emisiones, si se compara con la parafina fósil.

En ese sentido, Neste afirma que es difícil decir qué cantidad de residuos disponibles en el mundo será suficiente para producir SAF, por lo que se necesitarán otros recursos y, por tanto, otros métodos de producción. Dos de ellas ya están en estudio: la parafina sintética y la solar.

Una foto de la refinería Neste. La empresa Neste tiene como meta producir, a partir de 2026, 1.500 millones de litros de SAF.

El problema de la parafina sintética, sin embargo, es que su producción significa enormes niveles de electricidad renovable. La empresa suiza Synhelion quiere sortear este problema generando SAF directamente con energía solar. Para 2025, quiere poner en el mercado 500.000 litros de parafina solar. Para 2030, esta cifra debería ser de 875 millones de litros.

Neste, asimismo, ya está buscando métodos de producción alternativos, según ha declarado a DW. Las algas, los residuos municipales y la biomasa leñosa son posibles materias primas. Estas tecnologías están aún en las primeras fases de investigación, pero se consideran muy prometedoras.

El Departamento de Energía de EE. UU. ha calculado también que podrían producir más de 60.000 millones de litros de SAF al año, a partir de residuos forestales y agrícolas. Tal cifra supondría el 13 % de la demanda mundial para 2050, que IATA estima en 449.000 millones de litros, lo que es cien veces más de lo que se utilizará para 2025.