La tercera ola de los intelectuales indígenas bolivianos

Probablemente sea la ola más grande, la anunciada hace 70 años, en los días de la Revolución Nacional de abril.

  • Legado. Remedios Loza, la ex líder de Condepa junto a su hija, la reconocida intelectual Sayuri Loza.
  • Fuente. Los nuevos intelectuales indígenas tienen uno de sus principales centros en la Universidad Pública de El Alto.
  • Aimara. El vicepresidente de Bolivia, David Choquehuanca, ha sido parte de importantes organizaciones de reflexión indigenista.
  • Parlamentaria. La diputada Toribia Lero es señalada como una de las nuevas figuras de la intelectualidad indígena.
  • Hito. El ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas habla cinco idiomas y es catedrático universitario a nivel internacional.
Fuente: Los Tiempos
Rafael Sagárnaga

Un fenómeno social marca un momento histórico que se abre ante los ojos de miles de lectores, de televidentes y de estudiantes universitarios. Ha llegado más plural, más académico, urbano y digitalizado. Es la nueva ola de la intelectualidad indígena boliviana. Probablemente sea la ola más grande, la anunciada hace 70 años, en los días de la Revolución Nacional de abril.

Hubo tres olas precedentes. “El aporte de los intelectuales indígenas, sobre todo indígenas urbanos, a la democracia puede dividirse en tres fases —explica el sociólogo Franco Gamboa Rocabado—. La primera, en los años 70, con el nacimiento del Movimiento Indígena Tupaj Katari (Mitka), que llegó al parlamento en las elecciones de 1979 y 1980. Ella marca la interpretación del colonialismo interno en Bolivia con documentos como el Manifiesto de Tiahuanaco. También la organización, con plena autonomía e identidad ideológica, de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb). A ello se suma, a principios de los años 80, toda la influencia del indianismo de Fausto Reynaga”.



Gamboa ubica a la segunda fase a fines de los años 80. Entonces surgió la intención de posicionar el discurso indianista e indigenista de intelectuales aymaras y quechuas, especialmente detrás del fenómeno, Conciencia de Patria (Condepa). “Logra articular elementos fundamentales del indianismo y el indigenismo —dice el sociólogo—. Destaco en especial la plurinacionalidad, las influencias de las culturas y la discriminación cultural representaban obstáculos para la democracia que había que combatir. Y, por tanto, había que abrir un espacio de representación política que se tradujo en la candidatura de Remedios Loza”.

La tercera ola

A finales de los años 80, las corrientes indianistas buscaban de diversas formas posicionar visiones de largo plazo y su propia representación política. Ello fue apuntalado por varias organizaciones no gubernamentales. Un caso destacado fue, por ejemplo, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), que apoyó la difusión de las ideas indianistas. Aquellas iniciativas tuvieron entre sus frutos la exitosa candidatura a la Vicepresidencia de la República del katarista Víctor Hugo Cárdenas junto al empresario Gonzalo Sánchez de Lozada, en 1993.

El fenómeno alcanzó otra fase u ola a principios de los años 2000. Gamboa señala que en ese tiempo se posicionaron marcadamente líderes indianistas como Felipe Quispe, con un discurso intelectual más definido. Pero, además, surgieron intelectuales multiculturales con fuertes raíces indígenas en diversos escenarios académicos y mediáticos. En el caso del discurso, Franco Gamboa destaca al grupo Jichha, liderado por Carlos Macusaya. “Los jóvenes indianistas críticos y también los continuadores del pensamiento de Fausto Reynaga consolidaron una interpretación muy importante —explica el sociólogo—: la necesaria descolonización de la historia, de las instituciones, del Estado y la ruptura con cualquier esquema de segregación racial”.

Visiones como las de Jichha u otras, como la plataforma Pucara, organizada por Pedro Portugal, recuperaron la tradición indianista. Permitieron que persista la crítica estructural de la economía, la cultura y la sociedad bolivianas en pos de descolonizar todas las estructuras. Fue una de las vertientes que influyeron en diversos sectores que forman o formaron parte del Movimiento Al Socialismo (MAS). Impulsaron especialmente el discurso de diversas organizaciones campesinas que agitaron un intenso debate, por ejemplo, en la Asamblea Constituyente de los años 2006 y 2007.

Valga destacar que Joccha, Pucara y otras organizaciones similares, surgidas en los años más recientes, son marcadamente independientes. No cuentan con apoyos ni estatales ni de ONG. Además, paulatinamente se fueron constituyendo en catedráticos, especialmente, en la Universidad Pública de El Alto (UPEA) y en líderes de opinión en diversos medios, sobre todo, alteños. “Al revisar las influencias internacionales sobre la decolonización, vale destacar que las posiciones del indianismo boliviano, intelectual, ideológica y académicamente son, a diferencia de lo que pasa en otros países, bastante democráticas”, subraya Gamboa.

La evolución

Un testigo y protagonista del proceso mencionado suma nombres y memorias. “Hubo saltos importantes entre la emergencia de Condepa, en 1989, y ya los intensos debates que surgieron cuatro años más tarde —explica el historiador Pedro Callisaya—. No por nada, Goni se apoyó en Víctor Hugo Cárdenas. Pero a su vez, éste se alejó de lo que era la primera expresión del MAS. Y adicionalmente surgieron organizaciones que cuestionaban a ambos frentes y que eran diferentes entre sí. Por un lado, por ejemplo, Felipe Quispe, y el Movimiento Indígena Pachacuti (MIP) y, por otro, Fernando Untoja, con otra visión”.

Callisaya, quien ha dirigido el Centro de Historiadores Indígenas (Apu Pachakamayu), cuenta entre una diversidad de casos de estudiosos indígenas distanciado de frentes políticos. Varios de ellos, especialmente en la última década, empezaron a profundizar y diversificar sus saberes académicos. Sociólogos, historiadores, comunicadores, matemáticos, lingüistas, científicos con más de una carrera, postgrados y varios libros en su haber, se multiplicaron bajo el perfil de intelectuales urbanos de raíces indígenas.

Otro destacado intelectual de raíces indígenas y de actividad preminentemente académica es el sociólogo Carlos Laruta Bustillos. Y Laruta, quien ha sido consultor internacional y es catedrático universitario, explica el fenómeno con su propia historia ligada a la del país. “Mis abuelos eran analfabetos y en un principio no usaban zapatos —subraya—. Después, con la llegada del ferrocarril y los ingleses que contrataron a mi abuelo como peón, empezó a usar zapatos y reemplazó su ropa tradicional de bayeta. Mi padre fue profesor de escuela, era instruido, pero no mucho. Yo tengo grado de maestría y soy candidato a doctor, y mis dos hijos tienen licenciatura y están haciendo su maestría”.

Laruta, al relatar su caso y mostrar similitudes con las de varios otros conocidos académicos, cita el detonante social que posibilitó este cambio: la Revolución Nacional de 1952. Aquel proceso posibilitó la inclusión de grandes masas, con plenos derechos, al Estado boliviano. “Enormes masas poblacionales tuvieron por fin, por ejemplo, la oportunidad de educarse —explica—. También tuvieron la oportunidad de casarse, incluso de manera interétnica y ocuparon un lugar natural en nuestra sociedad. Rotas las barreras del pongueaje, de la servidumbre, que amarraba a millones de personas, se diversificaron la formación y las actividades económicas, y terminaron produciendo intelectuales”.

Diferencias oriente-occidente

Sin duda, el fenómeno marca especialmente al occidente boliviano a diferencia de lo sucedido en tierras bajas por razones también históricas. Por una parte, la relación entre los pueblos indígenas y los españoles que llegaron entre los siglos XVI y XVII a Los Andes fue traumática. Mientras que en el lado oriental hubo mayor complementación y mayor mestizaje. Por otra parte, mientras en occidente una marcada mayoría de la población fue indígena, en el oriente sucedió lo contrario.

“Las matrices ético-culturales fueron muy distintas —explica Laruta—. Mientras en el occidente la mayoría de aymaras y quechuas era enorme, entre 70 y 80 por ciento, y los blancos, entre 15 y 20 por ciento. En el oriente fue al revés, los pueblos indígenas siempre fueron minoritarios, algo así como 16 por ciento, y diferenciados entre ellos. Entonces, allá, más que identificar intelectuales indígenas, se debería identificar intelectuales cruceños o benianos con sangre indígena, que también hay varios”.

A propósito del mestizaje, otro fenómeno que complementa a la emergencia de la intelectualidad indígena del siglo XXI constituyen los grados de etnicidad. La “licuadora social” que se activó en 1952 también acelera los procesos de urbanización y mestizaje, todo un laboratorio de análisis para los sociólogos.

El método de análisis figura en el libro ¿Quiénes son indígenas en los gobiernos municipales?, de Xavier Albó y Víctor Quispe. Se trata de un método aplicado en diversos países y se basa en tres variables: “Autoidentificación, si nació en una comunidad rural y si aprendió a hablar en lengua materna”. La etnicidad tendrá la categoría de “alta”, “media”, “discursiva” o “velada” en función a la cantidad de respuestas positivas.

La aplicación de este método a la creciente cantidad de intelectuales y personalidades que surgieron en los últimos años también revela particulares sorpresas, pero reafirma el fenómeno. Lo cierto es que en la tercera década del siglo XXI los debates y análisis desde dentro y fuera de la política boliviana se multiplicado y frecuentemente en más de una lengua o con los matices que unas imponen sobre las otras.

Debates multilingües

Baste citar un ejemplo: en enero de 2018, el entonces presidente Evo Morales espetó al periodista Andrés Gómez Vela: “Andrés Gómez viene del campo, es nortepotosino, no sé si ha perdido su identidad, pero sus mensajes vemos insultos, insulta con mentiras”.

La respuesta de Gómez fue inmediata: “Evo, ni mayqjaj ñañaschu qjarqjanchis; noqja qani pocoatamanta, noqja qani quechua; noqja mana nina qalluchu qani ni taj llulla qallu. (Evo, nunca hemos sido amigos; yo soy de Pocoata, yo soy quechua (…)”, le respondió el periodista al exmandatario.

Gómez exigió a que le demuestre que hubiera escrito un solo mensaje mentiroso “Uj llulla willayta (mensaje) riqusiwuay, ujsitullata; uj qjamiyta (insulto) riquchiwuay, ujsitullata; ¿noqachu nini ripusaj chquyman nispa? (Un solo mensaje mentiroso muéstreme, uno solo. Un solo insulto, uno solo. ¿Acaso yo he dicho me voy a ir…?)”.

Y siguió sus respuestas en su idioma de origen. En octubre de 2022, Gómez también reaccionó a una declaración que hizo Morales. Dio lectura a un par de mensajes, para sustentar su afirmación, entre ellos un tuit del periodista. “Un amigo de ustedes (dice): ‘Presume que Morales tiene gente leal dentro de la Felcn y que quieren fuera a Del Castillo”. “Nos conocemos pues en quechua un poco desclasado hay (es), defendiendo al ministro de Del Castillo”, sostuvo Morales en relación a Gómez.

El periodista respondió a los pocos minutos en tono irónico en su cuenta de Twitter, aludiendo a la rueda de prensa en la que el exmandatario basa sus denuncias en un “informante”. “Don Evo dijo que soy desclasado. Un informante me contó que dijo eso porque cree que yo no iba a clases. Aclaro que iba a clases cada día, hasta fui abanderado. Mi profesora Inés de Guerra, escuela Modesto Omiste de Uncia, sabe. Mi papá nunca pagó una oveja para que pase de curso”, afirmó.

En mayo de 2012, el propio Morales reveló que su papá entregó a sus maestros un cordero para que pase de curso de sexto a octavo grado. Gómez es comunicador y abogado, lideró importantes medios de comunicación, es catedrático universitario y ha escrito tres libros.