Era mentira…

Hay frases que marcan una época y esta será una de ellas: Era mentira. En realidad, se trata de la respuesta que el actual ministro de Economía y Finanzas Públicas dio a unos periodistas cuando le preguntaron sobre las dificultades que confronta Bolivia por la declinación de la producción de gas y cómo se explicaba eso frente a las afirmaciones de un exministro de Hidrocarburos que orgulloso proclamaba que con la exploración del pozo de Boyui nadaríamos en un mar de gas. Era mentira… y una vez más en la historia Bolivia malgastó la riqueza pasajera de sus recursos naturales y dejo pasar el tren del desarrollo con la ilusión de una bonanza pasajera.

Era mentira… en realidad es una frase que se podría aplicar a muchas de las políticas y proyectos de los catorce años de los gobiernos de Evo Morales. El actual ministro de Economía y Finanzas Públicas, también señaló le han mentido al expresidente Morales. Bueno, seguramente muchos le mintieron al expresidente y, al mismo tiempo, él le mintió al país. El supuesto éxito de los años de bonanza, principalmente entre los años 2006 y 2014, fue equivalente a gastarse las joyas de la abuela, aquella riqueza heredada de los años noventa y que se despilfarró en electoralismo populista y empresas públicas inviables.



Volviendo a los hidrocarburos, hoy nos encontramos en una situación cada vez más difícil y las perspectivas son aún peores. Solo tenemos dos mercados, Argentina y el Brasil, y a fines de 2024 perderemos el primero porque habrá alcanzado su autoabastecimiento y dependeremos por entero del segundo, si lo convencemos de que tenemos reservas suficientes para asumir compromisos de mediano plazo.

Durante casi dos décadas todo parecía funcionar bien. Todos los años aumentaban los ingresos sin que hubiera que hacer nada más que aprobar presupuestos reformulados para incorporar los ingresos adicionales. Era una fiesta continua y el conjunto del país participaba de ella. Obviamente, el alcalde mayor era el gobierno nacional, que parecía haber encontrado la fórmula de la alquimia para construir proyectos faraónicos que asegurarían que la bonanza no finalice nunca y al mismo tiempo llenar el país de sedes sindicales, estadios, coliseos  y canchas de césped sintético.

¿Cómo llegamos a esta situación? Principalmente con un marco legal que se orientó a recaudar la mayor cantidad de impuestos posibles y a extraer el gas natural a cada vez mayor velocidad y utilizarlo para financiar un gasto público que se multiplicaba a niveles desconocidos en nuestra historia. Casi todas las inversiones del llamado periodo de bonanza fueron orientadas a incrementar el volumen de la extracción de las reservas de gas natural descubiertas en los años noventa. La Evonomics se olvidó de la exploración. Se olvidó que las reservas de hidrocarburos no se siembran ni se cultivan, que son una riqueza no renovable que exige un proceso de exploración continua que permitan reemplazar constantemente las reservas que se consumen tanto en el mercado interno como en el externo. Al final, trataron de explorar desesperados, lo hicieron sin cumplir con los estudios técnicos previos, y, obviamente, se encontraron con un generalizado fracaso exploratorio.

Las actuales autoridades, como todos los entendidos en la materia, conocen las causas del problema y también la solución. El problema es que nadie se atreve a afrontar las consecuencias de las decisiones que se deben tomar para reorientar el marco legal y las políticas sectoriales hacia la atracción de inversiones que posibiliten una nueva ola exploratoria y el desarrollo de nuevos mercados, comenzando por asegurar la autosuficiencia energética que hoy está en grave riesgo por los altísimos niveles de importación de diésel y de gasolina.

El problema de fondo es que mientras en el oficialismo anden en peleas internas entre el actual presidente y el expresidente por ver quien es más radical en sus posiciones partidarias, no habrá condiciones de enfrentar este debate ni de asumir las decisiones que haya que tomar y Bolivia seguirá transitando hacia un destino de convertirse en un importador neto de energía sin saber cómo va a generar las divisas para poder financiar esta nueva realidad.

Oscar Ortiz Antelo ha sido senador y ministro de estado