La bolivianización de Perú

 

Parece un déjà vu. Ver los noticieros y leer los periódicos peruanos, casi son una copia fiel de lo que ocurre en Bolivia cuando las huestes masistas, salen a las calles a generar violencia, caos y desestabilización. No median un ápice en generar muerte y dolor. Son virulentos y asumen una postura radical basada en un sinsentido de si no estamos en el poder, tumbamos a quien lo tiene, sin importar el coste humano, político, social y económico. El caos es su alimento y la victimización su fachada.



Renunciar a políticas absurdas y que ya han sido derrotadas por la historia del siglo XX todavía sigue siendo una bandera de lucha anacrónica y solo se entiende por la angurria de poder de los actuales regímenes socialistas, lideradas por los corruptos Maduro, Ortega, los ladronzuelos Néstor y Cristina Kirchner; por el mastuerzo Morales y, por supuesto, por los narcoterroristas Castro y Diaz Canel. En todos esos países se conculcan los derechos humanos todos los días y no existe el más mínimo ápice de institucionalidad, de justicia y derechos democráticos. Pero para la recua de “progres” todo esto es una mentira de la derecha. Son cínicos e hipócritas. Gente de poca estofa.

Luego de la gestión eficiente de la anarquía, levantan el telón de la victimización y acuden a todas las instancias de derechos humanos y foros denunciando los atropellos de la autoridad acorralada, calificándola con el mote de neoliberal, imperialista, capitalista y una sarta de sandeces ya conocidas por todos.

Perú viene cayendo en una espiral de desestabilización política crónica. Y el piso lo puso Castillo con su golpe de estado (que obviamente es negado, muy convenientemente, por los socialistas). Imitando a Fujimori, Castillo, quiso cerrar el Congreso, destituir a los parlamentarios, cerrar el poder judicial y anunció que reformaría la Constitución, porque no le servía. Pero se olvidó de un pequeño detalle: olvidó de informar a los militares.

El profesorcito peruano fue detenido y los comunistas desvelados, rasgaron sus vestiduras y prendieron la mecha del polvorín. Los grupos de izquierda y de extrema izquierda, procedieron de inmediato a cerrar carreteras, capturar aeropuertos, atacar policías y asaltar dependencias del poder judicial y la Fiscalía y extender el caos en Lima. Comenzaron semanas de protestas, violentos enfrentamientos y batallas campales contra las fuerzas del orden, azuzadas por agitadores internos y externos.

Esta historia ya la vivimos. Ya la conocemos. Y ya sabemos que es un modelo de exportación de los socialistas aburguesados, que desde sus torres de poder, mueven los hilos del enfrentamiento civil. Son stalinistas a pequeña escala. Son los enanos del soviet y de la policía represora de la KGB. Sueñan con perseguir, encarcelar, derrotar a quien llaman “enemigo” del proceso. No construyen puentes, los incendian. No construyen casas, las dinamitan, no construyen democracias, las vulneran. Son los guarreros de la sociedad.

Castillo – profesor indígena de izquierdas del sur del Perú y ligado a Sendero Luminoso, un movimiento terrorista que asesinó a campesinos de la manera más brutal y salvaje; pero claro, esa parte de la historia se elimina de la narrativa de los progres intentó impedir que el Congreso lo destituyera por corrupción y traición a la patria -, justificó su golpe de Estado de la manera más burda y patética.

Abrió las puertas del pandemónium y la “toma de Lima” se convirtió en medio centenar de muertos y heridos. Una catástrofe social, aupada por los agitadores izquierdistas y que ellos mismos alimentan con su odio y resentimiento.

Ahora estarán orgullosos de haber bolivianizado Perú y de llevar las relaciones bilaterales al estropicio.