LAS OBRAS LOCALES BUSCAN DEFINIR TAMBIÉN CÓMO ES EL CIUDADANO
La formación de una producción editorial que pueda reconocerse como típica de esta ciudad aún es un trabajo en construcción. Editoriales y escritores encontraron que la crónica es el género que reina en las letras.
“La literatura alteña es como la arquitectura alteña: hacemos lo que queremos, lo que nos inspira a escribir. No nos dejamos encasillar por estructuras rígidas”. Así definió Wálter Machaca, del grupo editorial Jichha, especialistas en la publicación de textos sobre política y sociedad en El Alto.
El investigador y editor comparó a los libros con los cholets. “Durante un tiempo se trató de calificar la arquitectura local bajo conceptos andinos. Pero pronto nos dimos cuenta de que si a un constructor le gustan Los Caballeros del Zodíaco o Juego de Tronos, pronto tendremos un edifico que responda a esas estáticas. Lo mismo pasa cuando, en uno de los puestos de venta, descubres algo que te sorprenda, desde textos sobre ajedrez hasta realidad aumentada”.

Entre el jueves y el sábado se llevó adelante la tercera versión de la Feria del Libro de El Alto. En el campo ferial participaron 70 expositores, entre escritores independientes, librerías, editoriales y los repositorios administrados por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fcbcb), responsable de organizar el evento.
En la feria se presentaron las obras de autores alteños como Daniel Averanga, Jesús Humérez, Quya Reina, Carlos Macusaya y otros. Las temáticas que abarcan van desde el ajedrez hasta novelas que exploran la identidad del alteño.
Machaca agregó que esto hace que la literatura alteña como tal aún se está construyendo. “Estamos descubriendo aún como nos identificamos como autores, sobre los temas que queremos tratar y cuáles son nuestras perspectivas para el futuro. Es un trabajo permanente que está dando resultados con una creciente producción”, dijo.
Alexis Argüello, de la editorial alteña Sobras Selectas, Machaca y el escritor Daniel Averanga coincidieron en indicar que, por el momento, la crónica es el género que más practicantes tiene en la urbe. Para Argüello esto se debe a que los autores buscan definir “qué significa ser alteño” y cómo enfrentar los problemas, ventajas y cualidades únicas que conlleva aceptar esa identidad en específico.
“El alteño se está explorando a sí mismo. Y para eso la crónica es ideal, permite narrar tanto las actitudes de los ciudadanos y el entorno en el que viven. Y la crónica difiere mucho entre las zonas, ya que las experiencias son muy diferentes entre ellas. No hay que olvidar que muchos de los escritores locales actuales son poco más jóvenes que la misma ciudad, por lo que se está trabajando en la autodefinición”, consideró.
En esto influye mucho el idioma. Si bien la mayoría de los textos son en español, varios autores están trabajando en aymara.
Machaca, por su parte, intuyó que la preferencia por la crónica nace en los albores de la producción. “La política y los conflictos sociales tienen un gran peso en la mente de los escritores. Abordan esta temática desde distintas perspectivas, ya sea del reclamo, los avances sociales o las perspectivas del futuro. Y los lectores las reciben”, agregó.
Sin embrago, para Averanga, esta preferencia presenta un peligro: la limitación de temática. “Se abusa mucho de la ‘porno miseria’. Hay una especie de estancamiento en varios autores que sólo se dedican a quejarse o presentar al alteño como la pobre víctima marginalizada, sin un ápice de autocrítica”.
Claro que esto depende de qué aproximación a la escritura tiene el autor. Los expertos consideran que hay tres tendencias de creación, relacionando al público objetivo y el tema.
El primero es el de alteños escribiendo para el mismo público alteño. “Hay un interés por parte de los artistas de compartir su visión de la ciudad y de su gente con sus propios vecinos. En parte esto se debe a las diferencias de experiencias en las distintas zonas de la ciudad”, explicó Argüello.
La segunda consiste en escribir para el público boliviano en general. “Es una forma de explicar nuestras idiosincracias hacia quienes viven en otras ciudades. Ésta es una tendencia que está creciendo”, consideró Averanga.
Finalmente está el escritor a quien no le interesa qué tipo de personas lean sus obras, siempre y cuando tenga la oportunidad de contar historias.
El editor paceño Willy Camacho, de Editorial 3.600, destacó que hay un interés en lo que produce la ciudad vecina. “Estamos conociendo nuevas formas de trabajar las letras”, dijo.
OBRAS
Crónica
Entre las obras destacadas durante la tercera Feria del Libro de El Alto se encontraron los trabajos Wiphala, Crisis y Memoria, del 2019, una recopilación de toda la crisis que vivió el país en ese tiempo, desde el período electoral, la renuncia (de Evo Morales) y después la ascensión al Gobierno de (Jeanine) Añez son recopilaciones de miembros del Jiccha, que escribieron en su momento.
Historia y cambio
En el tomo Clave de Sol. Sitios, objetos y labores en la ciudad de El Alto, Daniel Averanga explora los cambios que experimentó la ciudad desde la década de los años 80.
Realidad aumentada
Una de las sorpresas del evento fueron las propuestas de realidad aumentada de la editorial Nina Katari, que ofreció una serie de obras dedicadas a la vida y obra de personalidades de la historia, como Simón Bolívar, Túpac Katari, Adela Zamudio, el profesor Jaime Escalante y otros.
Política y sociedad
Sobras Selectas presentó una nueva edición del libro Los Hijos de Goni de Quya Reina, mientras que Carlos Macusaya lanzó En Bolivia no hay racismo indios de mierda y Batallas por la identidad.
Cuentos
El Colectivo Cultural Letras que Inspiran presentó libros de cuentos como Misteriosa Desaparición y ¡Qué Cuentos!

