Hace un par de días, el conocido politólogo José Orlando Peralta publicaba en sus redes: ‘Camacho está como el Gobierno quiere verlo’. Esta corta afirmación (pero muy sustanciosa) debe considerarse como una síntesis de la praxis política del MAS con la menguada oposición, en la cual regulan su discurso de connotaciones ‘democráticas’, que en la mayoría de veces es distante de la realidad concreta.
Desde la forma irregular de la detención del gobernador cruceño, irregular porque se rompe todo un procedimiento jurídico para llegar a detener a un ciudadano, y se toma por la fuerza a las fuerzas del orden que son domables al poder ejecutivo del Estado, ya que están bajo la subordinación del ministerio de gobierno. Por su parte, el ministro de gobierno no escatima esfuerzos y demuestra un acentuado voluntarismo cuando se trata de arremeter contra autoridades del oriente boliviano, en un claro mensaje hacia la interna de su partido político, demostrando que las dudas hacia su gestión él las puede callar con la sencilla acción del terror hacia sus coterráneos; es una hábil herramienta, aunque nada moral de su parte, si tomamos en cuenta el beneficio del que se sirve de aquel clivaje Oriente – Occidente.
Lo que no está en tela de juicio es que el MAS hace política desde la doctrina marxista en su relato político de las diferencias de clases sociales, y en contraparte aplica el terror estalinista para con quienes son divergentes a la supremacía del partido. Esto muchas veces tiende a caer en una difusa interpretación de análisis por parte de quienes son los voceros oficiales de ciertos medios de comunicación.
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La oposición política que ocupa cargos en el sistema burocrático del Estado es fácil de atacar para el gobierno, ya que este cuenta con las instituciones que giran en torno a los caprichos del ejecutivo. Y sí, Camacho está como el gobierno quiere verlo y mostrarlo: demacrado, delgado y para alegría de algunos tecnócratas, lo afirman como ‘acabado’; sin embargo, el gobierno aún lo necesita como bandera del horror de lo que puede lograr en quien se atreva a ser opositor, y mucho más si es de la región oriental. Ahora, las ciencias sociales no son exactas, y en paralelo al terror que pretende instaurar, puede surgir el rechazo popular, generando un fuerte sentimiento de impotencia individual, y toda aquella individualidad se podría colectivizar en una figura, no en la que huyó del país, sino en aquel que está sufriendo en carne propia la tortura blanca del gobierno central.
Sergio Vega Morales, Presidente del Colegio de Politólogos Santa Cruz
