Pugnas del partido hegemónico «intoxican» al TSE y analistas ven «utópico» independencia total

Erika Brockmann, exdiputada, añade que un factor clave es la “confianza”, como en la época de los “notables” en la Corte Nacional Electoral, cuando éstos gozaban de una confianza absoluta de la gente. “La confianza es mágica”, reitera.
imagen aleatoria
Carlos Cordero, Erika Brockman y Ana Lucía Velasco. Foto: Composición ANF

Fuente:ANF

Las pugnas del partido hegemónico, Movimiento al Socialismo (MAS), están intoxicando y malogrando el funcionamiento de las instituciones como el Tribunal Supremo Electoral; tres politólogos creen que es una utopía e ideal la independencia total de este organismo.

Los politólogos con vasta experiencia en temas electorales, Carlos Cordero, Ana Lucía Velasco y Erika Brockmann, en el Conversatorio de la ANF analizaron la solidez del Órgano Electoral Plurinacional en el contexto de la división de las dos facciones, “evistas” y “arcistas”, del MAS.



El Tribunal Supremo Electoral (TSE) cumple un rol fundamental en el sistema democrático, porque se constituye en el “árbitro” de los procesos electorales, es la institución que debe generar confianza en la ciudadanía sobre sus actos sujetos al cumplimiento de la Constitución.

¿Cómo definen en una frase al Órgano Electoral? Cordero reaccionó: “Un tribunal en tensión en un escenario novedoso políticamente”, argumentó que hay un contexto en el que un partido hegemónico (MAS) está en proceso de fractura, división “irreversible”. “Una tensión en el partido de gobierno arrastra a estas instituciones como el Tribunal Supremo Electoral”, afirma.

“Sin árbitro no hay partido. Es clave darles atención a los jugadores y al árbitro”, plantea Velasco en sentido figurado para referirse al OEP. Añade que “la polarización es un contexto que está destruyendo árbitros” y se convierte en “una de las amenazas más grandes a la democracia”.

“Después de más de una década y media con un partido hegemónico de repente están empezando esas pugnas al interior del partido, y queda por ver a cuál de esas dos líneas se va a alinear el TSE. Es un cinismo bárbaro decir con quién se va a ir el árbitro, pero es lo más realista”, sostiene.

Brockmann apunta a “Un árbitro al borde de un ataque de crisis de credibilidad, surfeando una ola muy peligrosa”. Se suma a ese sentido que planteó Velasco sobre la imparcialidad del OEP es “muy utópico” y “poco realista” pensar en un tribunal “abiertamente imparcial”, dice.

En el mes de noviembre la facción evista puso en la mira a los vocales del TSE porque anularon el Congreso Ordinario del MAS realizado en Lauca Ñ. Los vocales aprobaron una resolución en la que instruyen que se realice un nuevo congreso y decidieron no registrar la dirección elegida.

Una vigila se instaló durante días frente a las oficinas principales del TSE en La Paz, hasta que la Policía intervino de manera violenta la movilización. Los seguidores del expresidente Evo Morales anunciaron que retomarán las medidas de presión el próximo año.

En este escenario, un “tribunal idóneo relativamente fuerte podría sobrellevar las pugnas de un partido hegemónico, pero en este caso estamos frente un partido hegemónico que intenta resolver los temas con intoxicar y malograr el funcionamiento de las propias instituciones”, sostiene Brockmann.

Considera que esa cultura política del MAS que tiene como base la movilización y la amenaza como fator de presión, es una influencia “tóxica” al conjunto de las instituciones y organizaciones sociales en Bolivia, y no solo al TSE.

Cordero reseña que en los años 80 y 90 la entidad electoral estaba cuoteada por los partidos políticos, el MNR, el MIR, la ADN tenían sus delegados, posteriormente el Congreso Nacional le dio un aire de transparencia con los “notables” que recuperaron la devaluada confianza institucional.

“Estamos yendo en un sentido positivo, en un avance progresivo de perfeccionar la institución del TSE”, sostuvo el analista político”. Una visión positiva que se asienta sobre la ciudadanía, porque hay profesionales vigilantes de una democracia deseable que apunta a su mejora.

En esa perspectiva, planteó que el gobierno a la cabeza del presidente Luis Arce debe escuchar a esta ciudadanía que está en la búsqueda de una “democracia más transparente”, porque si el mandatario “se pone autoritario le pasará lo que a Evo Morales (le pasó), sostuvo.

Velasco está muy de acuerdo en que exista una ciudadanía vigilante y movilizada, pero a la vez cree fundamental fortalecer las instituciones, por el riesgo de “descarrilarse” como ha sucedido en otros países. En este sentido, la crisis de 2019 marca un antes y un después.

“Cuando el árbitro no tiene la última palabra entonces no es el árbitro. Cuando hay grupos de la sociedad que tienen una idea de la democracia y no hay nadie que tenga la palabra final, entonces no hay arbitro. El problema es que ahora el árbitro es la opinión pública. Y las pugnas por las diferentes opiniones se resuelven en el tejido social, en la calle, en las familias. Eso daña el tejido social”, sostiene.

Erika Brockmann, exdiputada, añade que un factor clave es la “confianza”, como en la época de los “notables” en la Corte Nacional Electoral, cuando éstos gozaban de una confianza absoluta de la gente. “La confianza es mágica”, reitera.

En su opinión, el país ha sufrido procesos cíclicos de confianza y desconfianza. El país aún enfrenta la construcción de confianza después de la crisis de 2019. Un contexto de polarización, dice Velasco, que ha logrado afectar y dañar el tejido social.

Es una utopía pensar en la independencia plena del OEP

Cordero, Brockmann y Velasco coinciden que la independencia plena del Órgano Electoral Plurinacional sea total. Aunque este precepto está incorporado en la Constitución Política del Estado y en la Ley de Régimen Electoral.

Erika Brockman a modo de experiencia cuenta que hay personas que tienen su corazón con uno u otro partido, pero no significa que no sea gente idónea al momento de hacer su trabajo, despojarse de sus afectos, administrar las contingencias y sujetarse al mandato de la ley, porque no solo es administrar elecciones, sino proteger la democracia.

Cordero dice que el “relativo nivel” de confianza que goza el TSE es de los militantes y simpatizantes del Gobierno, con base en los resultados de las elecciones de 2020, el MAS que ganó con el 55%, mientras la oposición, que obtuvo 30%, cree que también quiere confiar en la institución.

“Sin árbitro no hay partido, pero es muy utópico que un tribunal abiertamente imparcial, es una utopía, poco realista”, añade la también exdiputada.

Velasco acota que “La independencia total es siempre un ideal, pero además el contexto boliviano es muy desinstitucionalizado, muy precario”.

Cordero, experto en temas electorales, explica que cuando pide un “poco de realismo político” se refiere a que hay un contexto favorable para el partido gobernante, por ejemplo, dice que el Presidente del Estado tiene su delegado en el OEP, pero la oposición, no. En su opinión, esos delegados responden al Ejecutivo.

“Uno espera independencia, autonomía, pero no será así. Es una utopía de lo deseable. La expresidenta Añez está presa y fue presidenta que ejerció durante un año y coloco personas en el TSE, gracias a ese proceso tuvimos elecciones el 2020. Gracias a ella. Y, sin embargo, esta presa. No le podemos pedir al actual TSE una imparcialidad extrema”, comenta.

Brockmann cree que la “vocería del Órgano Electoral tiene que generar confianza y sus actos de convocatoria de la gente para que acompañe en procesos de transparencia y corrección de sombras que oscurecen la confianza en un órgano que es calve”.

/NVG/