Desafiando el poder: El valor de la resistencia


Carlos Manuel Ledezma Valdez – eju.tv

Por: Carlos Manuel Ledezma Valdez

ESCRITOR, INVESTIGADOR & DIVULGADOR HISTÓRICO



MIEMBRO DE LA SOCIEDAD BOLIVIANA DE ESCRITORES (SODESBO)

Cuentan las crónicas del año 332 a.C., que Alejandro el Macedonio estaba a puertas de enfrentar uno de los más grandes desafíos de su exitosa carrera como conquistador.

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Situada en lo que actualmente es el Sur del Líbano, se levantaba una pequeña isla apartada aproximadamente a un kilómetro de la costa, la misma, se hallaba fuertemente cercada por una poderosa muralla que alcanzaba hasta los 45 metros de altura. La ciudad de Tiro, era un centro estratégico para el comercio de la época y estaba considerada como región inexpugnable, tras soportar el asedio de trece años por parte del rey babilónico Nabucodonosor, dos siglos y medio antes, el cual finalizaría con un acuerdo de paz.

Tiro, es considerada una de las ciudades más antiguas del mundo en la actualidad. Fue fundada con el asentamiento de colonos de la ciudad de Sidón tres mil años antes de Cristo, independizándose políticamente cuando cayó la influencia egipcia. Con el paso de los años, llegó a convertirse en el centro de comercio y puerto marítimo fenicio más importante, estableciendo lazos comerciales con diferentes regiones a través del mediterráneo.

Cuando Alejandro Magno llegó a las costas de la ciudad de Tiro, era considerado el conquistador más exitoso, tras derrotar al rey persa Darío III, había consolidado un dominio absoluto en las costas del mediterráneo. Como había ocurrido en otros lugares, creyó que la ciudad de Tiro se subordinaría y acataría las demandas del conquistador, cosa que no ocurrió finalmente, mostrándose los tirios desafiantes y confiados gracias a la protección que les proporcionaba su colosal muralla y el convencimiento de mantenerse como hombres libres.

La ubicación de la ciudad era estratégica, le permitiría a Alejandro Magno, llevar suministros a su ejército de forma segura y disponer de un paso libre rumbo a Egipto, la ciudad más importante del antiguo imperio persa. Tiro contaba con 9.000 soldados en su interior y una flota marítima de ochenta naves de guerra, por lo que el poderío militar de los macedonios se encontraba en desventaja, acostumbrados a desarrollarse mejor en combates directos, de frente a sus enemigos.

Ante este panorama, el conquistador decidió que no se desarrollaría una batalla naval, por lo que comenzó a trabajar junto a sus hombres en la construcción de un muelle. El agua era poco profunda a través del estrecho canal, por lo que comenzaron a reunir puntales de madera y piedras que eran echados al lecho marino. Además, construyeron dos torres de asedio que tenían aproximadamente cincuenta metros de altura, los mismos que estaban cubiertos con cuero crudo para protegerlos de las flechas. El avance era rápido, aunque el ataque tirio era constante y no les permitía hacerlo con tranquilidad.

En respuesta, los tirios construyeron una embarcación de fuego, la misma que cargaron de brea, azufre y otros materiales combustibles. Esta embarcación fue encendida y conducida para que encallara en el muelle en construcción. Esta arremetida hizo que todo ardiera en cuestión de minutos las torres, los andamios, la escollera quedaron hechas cenizas. Los macedonios que intentaban apagar el fuego, eran alcanzados por flechas disparadas desde las altas murallas, lo que los ocasionó varias bajas y un retraso mayor en el proyecto de toma de la ciudad, Tiro había ganado esta primera batalla. El talante de Alejandro Magno le permitió sobreponerse inmediatamente y comenzó nuevamente con la construcción de un segundo muelle, pero esta vez más ancho y con más torres.

Cuando el muelle fue concluido, Alejandro Magno avanzó con sus tropas hasta las columnas de la ciudad, llevando consigo armas y elementos de asedio. Con arietes comenzaron a golpear las murallas, logrando abrir un agujero que le sirvió a sus tropas para poder ingresar libremente, su flota naval irrumpió en los muelles y otros soldados se encaramaron en las murallas barriendo a los defensores, subyugando a la guarnición y capturando la ciudad.

Los tirios restantes se retiraron a la defensa interior, ofreciendo una última resistencia en el centro de la ciudad, siendo todos pasados por cuchillo. Tras siete meses de asedio, los macedonios finalmente conquistaron Tiro, ejecutando a los soldados defensores. Cerca de seis mil hombres murieron en combate, sólo a los que se habían refugiado en el templo de Melqart se les perdonó la vida. Dos mil tirios fueron crucificados en la playa y alrededor de treinta mil personas civiles, fueron vendidas como esclavos, algunos miles fueron rescatados y escondidos en la ciudad de Sidón.

La construcción del muelle realizada por el ejército macedonio, reconfiguró la geografía de la costa; durante los siglos posteriores, las corrientes marinas fueron depositando sedimentos y arena por ambos lados, hasta convertirla en un istmo. Cuando Tiro pasa a ser parte del Imperio Bizantino, la isla amurallada e inexpugnable, llegó a convertirse en una península.

Posteriormente Alejandro Magno avanzaría sobre Egipto, donde lo ungirían y coronarían como faraón, prosiguiendo ruta hacia Persia y derrotando categóricamente al ejército de Darío en la batalla de Gaugamela. De esta manera, consolidaba el mayor imperio conocido hasta la llegada de Roma, siendo su muerte en Babilonia en el año 323 a.C. la única causa para evitar que continué expandiéndose hacia el interior de la India.

El poder confrontando con el deseo de libertad cuando existe valor y compromiso de resistir, muestra una capacidad intrínseca de los hombres por mantenerse firmes frente a las adversidades, aspecto que para los tiempos que corren es verdaderamente digno de admirar. La determinación, la fortaleza y la perseverancia en las ideas propias, aun cuando el mundo entero está en contra, resulta ser un atributo crucial en los aspectos de la vida. Resistir, persistir y nunca desistir es la clave para superar obstáculos, alcanzar metas e inspirar a otros para fortalecer su carácter individual.