¿Es Manfred el tapado?

Nadie apostaba porque se quedara en Bolivia tras el retorno del MAS, pero poco después, se libró de sus procesos y se refugió en la Alcaldía, desde donde no hace ningún ruido… de momento

LA MANO DEL MOTO

¿Es Manfred el tapado?
Manfred Reyes VIlla en campaña

 



Fuente: El País/ Tarija

La primera noticia extraña alrededor de la Justicia en este periodo constitucional presidido por Luis Arce vino de la mano de Manfred Reyes Villa. Una extraña decisión judicial acabó llevando a foja cero los procesos abiertos contra el “bombón” en una época que parece hayan pasado cinco siglos. En la práctica suponía la tranquilidad absoluta para el alcalde de Cochabamba y una garantía total para acabar un mandato al que nadie sabe bien por qué se arriesgó.

Manfred Reyes Villa fue, así como Mario Cossío, uno de los políticos jóvenes con aspiraciones y potencial que quedó frustrado por la irrupción del Movimiento Al Socialismo y su rodillo nacional popular. Había estado jugando en los 90 y principios del 2000 una carta propia de esa derecha militarizada y neoliberal con pose nacionalista que tanto han utilizado otros caudillos en el país a lo largo de su historia. Entre las clases acomodadas urbanas se daba por hecho que Manfred sería presidente, pero en el momento clave, 2006, tuvo que refugiarse en la Prefectura de Cochabamba para mantenerse a flote.

Jugó las cartas mal: seguía convencido de que tenía el perfil para ser el presidente salvador de Bolivia y no quiso integrarse en la Media Luna desconfiando de las pulsiones autonomistas. Su resistencia era precaria ante el avance hegemónico del gobierno y Tuto, líder de la oposición nacional con Podemos en aquel momento, se la acabó jugando feo al aprobar el revocatorio que solo salvaron los que realmente habían polarizado, como Rubén Costas en Santa Cruz y Mario Cossío en Tarija.

Asediado por las denuncias y sin poder institucional, no tardó en huir a Estados Unidos donde se acomodó fácilmente junto a sus hijos, que emprendieron exitosos negocios. Aún desde el exilio fue candidato en 2009 en la fórmula de Convergencia Nacional junto a Leopoldo Fernández, prefecto de Pando en prisión, conformando un binomio ausente que quería ser denuncia de las formas totalitarias del gobierno, pero que nadie entendió: el MAS ganó con 64% de los votos e instaló los dos tercios en la Asamblea Legislativa Popular a partir de 2010 con los que el rodillo se convirtió en apisonadora.

Reyes Villa se borró literalmente del mapa hasta enero de 2020 cuando emprendió su retorno a Bolivia ya con Jeanine Áñez en el gobierno tras la “gesta” de Luis Fernando Camacho, que por estética y pasado, muchos asimilaron a la versión moderna de lo que Reyes Villa podía haber significado. Camacho, por cierto, fue de los pocos que lo recibió en el aeropuerto y lo invitó a participar de nuevo en política, pues las elecciones para entonces estaban ya lanzadísimas.

El ex prefecto participó de algunas reuniones, pero finalmente se hizo a un lado en la pugna nacional y contempló desde segunda fila el retorno triunfal del MAS al poder, esta vez con Luis Arce, pero también el retorno al país de su viejo archienemigo, Evo Morales.

Contra pronóstico, Reyes Villa no volvió a hacer las maletas ni tampoco optó por disfrutar de la jubilación dorada. Armó su agrupación y se lanzó a por la Alcaldía de Cochabamba que ganó con cierta solvencia ante la endémica falta de alternativas políticas de oposición.

El “perdón judicial” obtenido, sin que todavía se haya dirimido qué parte de responsabilidad tuvo el ministro de Justicia Iván Lima en esto, le ha permitido centrarse en la gestión municipal, colocando a su propio hijo de alcalde alterno en el Concejo Municipal, para evitar sorpresas, y repitiendo hasta la saciedad que no tiene ningún interés en la política nacional. Eso sí, invierte en publicidad institucional y marketing personal millonadas, para que todo el mundo sea bien consciente de que sigue vivo y le miden hasta los amigos de la Celag, que lo colocan de primera opción opositora.

El gusto por la dádiva le aleja de intentar presentarse como un Javier Milei del que es muy consciente de que no calará, pero sí le gustan más otras referencias de éxito reciente que hacen de inspiración, como Nayib Bukele en El Salvador, basado en la mano dura bordeando los derechos humanos para ganar popularidad por eficacia.

Lo que es seguro es que Manfred tiene los tiempos medidos.

Fuente: El País/ Tarija