La billetera de Messi

Las reservas en divisas de Bolivia, unos 170 millones de dólares, son menores al dinero que Lionel Messi tiene en cualquiera de sus cuentas, con la diferencia de que el futbolista usa la plata para sus gustos y el país para todas sus necesidades. Así de crítica es la situación y así de desiguales son estos tiempos.

Sin patear la pelota, Messi seguirá ganando mucho dinero, seguramente hasta su vejez, pero sin gas y con el litio postergado, Bolivia estará en mayores apuros muy pronto.



El problema de la escasez de dólares, que es atribuible a una mala gestión económica y no, como pretende el gobierno a una avivada de los exportadores o a la especulación de los banqueros, no se resolverá hasta que se identifiquen y promuevan nuevas fuentes de ingreso para la economía o hasta que el país gestione algún tipo de préstamo internacional que le permita afrontar el momento adverso con recursos. Y eso, lamentablemente, no ocurrirá de la noche a la mañana.

El gobierno no tiene a mano ninguna solución mágica y, según parece, se debe desechar también cualquier sorpresa en el sector de hidrocarburos. No solo no hay nuevos campos, sino que algunas empresas, como Petrobras por ejemplo, abandonan los existentes por falta de resultados.

Con la plata que está debajo de los colchones no es mucho lo que se puede hacer. La estabilidad no depende, como algún medio gubernamental lo quiere hacer creer, de la cantidad de dinero que se gastó en la festividad del Gran Poder o del crecimiento en la facturación de los supermercados.

No es que la gente compre más. Es que gasta más porque todo está más caro y no hay mucha ciencia detrás de eso. La inflación oficial es una cosa muy distinta a la real. El Instituto Nacional de Estadística se encarga de la primera y la billetera pública de la segunda.

No hay duda que los problemas políticos y los prematuros afanes electorales complican más el asunto, pero no constituyen el tema de fondo, ni la causa de ningún descalabro.

Que Evo Morales cobre o no su indemnización, sumada a su pensión, o que haya un solo congreso para saber quién manda en el MAS, a estas alturas no es muy relevante y solo sirve para añadir leña al fuego de rutina de la información.

La unidad de la oposición o el corramos todos y a ver quién llega primero, tampoco modifica mucho el escenario, salvo para añadir actores a la obra electoral.

Es más, la coyuntura al menos debería servir para escuchar nuevas ideas y observar caminos diferentes a los transitados recientemente.

Alentar la expectativa de que un cambio de línea de gobierno puede ayudar a salir del bache económico no es lo más prudente, porque representa cargar mucho peso sobre las espaldas de quien llegue, pero sí es posible esperar a que un clima de más apertura, mayor debate y menos soberbia, permita al menos y sin imposturas, saber dónde estamos y qué podemos hacer para encontrar un nuevo rumbo.

La cuestión es simple. O hacemos de otra manera las cosas o estaremos condenados a vivir las consecuencias de ser un país con menos plata que Messi en la billetera y con la pelota cada vez más lejos del arco.