El crudo relato de un escritor ucraniano que se unió al Ejército para combatir a las tropas rusas: «El reto es cómo mantenerse vivos»

“Una de las funciones del arte ahora es recordar a la gente que esta escala de pérdidas no es normal”, aseguró Oleksandr Mykhed, quien en su libro “El lenguaje de la guerra” expone el horror al que está sometido su país por las fuerzas de Putin.

El escritor ucraniano Oleksandr Mykhed, durante la presentación del álbum "Warnyakannya 5.0" en la Casa del Cine el 21 de noviembre de 2023 en Kiev (Yurii Stefanyak/Global Images Ukraine via Getty Images)

El escritor ucraniano Oleksandr Mykhed, durante la presentación del álbum «Warnyakannya 5.0» en la Casa del Cine el 21 de noviembre de 2023 en Kiev (Yurii Stefanyak/Global Images Ukraine via Getty Images)



 

Fuente: infobae.com

 

Oleksandr Mykhed es un escritor ucraniano de 33 años. Antes del 24 de febrero de 2022, vivía una vida que muchos envidiarían. En 2018 junto a su esposa Olena habían comprado una casa de tres pisos en Hostomel, un suburbio de Kiev. Los fines de semana tenían la rutina de desayunar y pasear a su perra Lisa por el bosque. Sin embargo, esa tranquilidad se desmoronó por completo cuando ese 24 de febrero desde el Kremlin Vladimir Putin dio luz verde a las tropas rusas para iniciar una invasión a gran escala en territorio ucraniano.

Ese día la pareja se despertó por el sonido de los helicópteros y el olor a pólvora. Hostomel se convirtió en un campo de batalla y, esa misma noche, Oleksandr y Olena decidieron huir a la ciudad de Chernivtsi, al suroeste.

“Era como si hubiera dejado de existir mi pasado y mi futuro”, afirma el escritor ucraniano a The Guardian.

En menos de una semana, su casa fue destruida por un impacto directo de artillería y su vida cambió radicalmente. Él se enlistó en las fuerzas armadas, mientras que sus padres quedaron atrapados en Bucha, que pronto se convirtió en un símbolo del horror de la ocupación rusa. Tres meses más tarde, visitó las ruinas de su hogar, donde encontró aves anidando entre los escombros de libros como los de Dostoyevski y Nabokov.

En una entrevista realizada en una cafetería cerca de la estación central de trenes de Kiev, Mykhed expresó: “Vivo con la sensación de que no tengo pasado ni futuro. Siento que mis recuerdos no me pertenecen”. Según relató en su libro “El lenguaje de la guerra”, la invasión rusa es genocida y su indignación es una respuesta tanto a Putin como a los rusos que han participado y permitido tales atrocidades: “Porque esta no es la guerra de Putin. Esta es una guerra emprendida por toda la nación rusa, y toda la gente que viene aquí a cometer crímenes de guerra, y toda la gente pequeña que piensa que no influye, pero que forma parte del mal”.

En los meses previos a la invasión, la normalidad en el país ya mostraba signos de desmoronamiento.

Un soldado sostiene el retrato del poeta y militar ucraniano Maksym Kryvtsov, muerto en combate contra el ataque ruso a Ucrania, durante su funeral en la Plaza de la Independencia de Kiev (REUTERS/Thomas Peter)

Un soldado sostiene el retrato del poeta y militar ucraniano Maksym Kryvtsov, muerto en combate contra el ataque ruso a Ucrania, durante su funeral en la Plaza de la Independencia de Kiev (REUTERS/Thomas Peter)

En diciembre de 2021, Mykhed cenó con Artem Chekh, un escritor y veterano de la guerra ruso-ucraniana iniciada en 2014 en Crimea. Durante esa cena discutieron sobre una posible invasión. “No puedo imaginar a los rusos bombardeando Kiev con misiles así por así”, le dijo Mykhed a Chekh en esa ocasión. Sin embargo, el 18 de diciembre, preocupados por la creciente tensión y las amenazas que llegaban desde Moscú, Mykhed y su esposa compraron suministros para una bolsa de emergencia, que contenía, entre otras cosas, un cuchillo, un hacha, una linterna frontal, alimentos liofilizados y un botiquín de primeros auxilios.

Apenas dos meses después, lo que tanto temían se hizo realidad.

Ese mes de febrero que los soldados rusos invadieron Ucrania, el escritor tocó un arma por primera vez y, junto a Artem, recibió entrenamiento básico en el uso de un rifle Kalashnikov.

“Específicamente no es odio, es rabia, porque el odio no te da poder, es más caótico”, reconoció sobre sus sentimientos hacia la invasión rusa.

Para él, la cultura rusa debe ser boicoteada en todos lados ya que Moscú utiliza la cultura como parte de su “guerra híbrida”. En ese sentido, citó al director del Hermitage, Mikhail Piotrovsky, quien describió las exposiciones internacionales rusas como una “gran ofensiva cultural”.

La guerra también ha marcado profundamente a la comunidad artística de Ucrania. Mykhed lamenta la pérdida de artistas jóvenes, como la novelista Victoria Amelina, que murió en un ataque con misiles, y el poeta Maksym Kryvtsov, conocido como “Dali”, quien fue asesinado por las tropas de Putin en combate. “El horror es que estamos hablando de lo mismo, tenemos una generación de poetas y escritores perdidos”.

En mayo de 2022, en un encuentro en Kiev, Mykhed reflexionó sobre la aparente normalidad de la vida cotidiana, a pesar de la guerra. Olena, además de ser voluntaria en el conflicto bélico, había inaugurado un bar en el centro de la ciudad. “Parece normal, pero realmente no lo es”, afirmó, señalando las alertas de ataques aéreos y los apagones eléctricos como ejemplos de la anormalidad disfrazada de rutina.

La guerra ha modificado la percepción de normalidad para muchos ucranianos. “Una de las funciones del arte ahora es recordar a la gente que esta escala de pérdidas no es normal”, subrayó Mykhed. Sus experiencias y emociones se reflejan en su libro, escrito en párrafos breves que capturan la brutalidad del presente. Según dijo, busca conectar “lo que me está pasando a mí, lo que le está pasando a mi familia, lo que le está pasando a mis amigos” con la historia más amplia de “lo que le está pasando a mi generación, lo que le está pasando al país”.

Sofia Cheliak, amiga de la destacada escritora ucraniana Victoria Amelina, fallecida en un hospital tras resultar herida por un ataque ruso con misiles en la ciudad de Kramatorsk, sostiene su retrato durante una ceremonia fúnebre, en Kiev (REUTERS/Alina Smutko)

Sofia Cheliak, amiga de la destacada escritora ucraniana Victoria Amelina, fallecida en un hospital tras resultar herida por un ataque ruso con misiles en la ciudad de Kramatorsk, sostiene su retrato durante una ceremonia fúnebre, en Kiev (REUTERS/Alina Smutko)

El objetivo del libro es actuar como una cápsula del tiempo para preservar su “enorme sentimiento de rabia”.

Para sobrevivir emocionalmente al horror que vive a diario, el escritor encontró alivio en el baloncesto, donde por un par de horas puede despejar su mente. El proceso de escribir también ha sido crucial para él: “Me di cuenta de que el único mecanismo que podría usar para enfrentar esta realidad era escribir”.

La guerra no solo está destruyendo hogares y vidas, sino también sueños y futuros profesionales de una generación. “Estamos perdiendo artistas, actores, músicos, escritores”, dijo al referirse a la “enorme masa negra de pérdidas”.

A lo largo de la historia de Ucrania, indicó Mykhed, los artistas han muerto antes de alcanzar su pleno potencial. Según reconoció, es un “cliché” que los escritores ucranianos mueren jóvenes. La historia de la literatura ucraniana es “el debut prometedor, la primera o segunda colección de relatos, el futuro que podría suceder si no fuera por el imperio ruso, o la Unión Soviética”, afirmó.

El 1 de junio de 2022, día de su reunión, se publicó uno de los libros que estaba terminando antes de la invasión, una obra sobre autores ucranianos clásicos que coescribió con su padre Pavlo Mykhed, titulado “Vivo”.

“El futuro: no sé cuándo vendrá. Pero para aquellos que sobrevivan, el futuro será brillante. El reto es cómo mantenerse vivos”, concluyó Mykhed.