Waldo Albarracín: “Morales y Arce son el peor error que hemos cometido en la historia”

El exdefensor del Pueblo y exrector de la UMSA, expresó que, pese a la desunión de la oposición, está confiado en que en 2025 se pueda dar un cambio político que recupere la democracia en Bolivia.

 

Waldo Albarracín: “Morales y Arce son el peor error que hemos cometido en la historia”Waldo Albarracín/APG



Fuente: Brújula Digital

Raúl Peñaranda U.

Waldo Albarracín, ex Defensor del Pueblo y exrector de la UMSA, recordó en una entrevista exclusiva con Brújula Digital la persecución y exilio de los que es víctima de parte del Gobierno del presidente Luis Arce, pero se mostró confiado en que las elecciones de 2025 pueden traer un cambio político positivo para el país.

Albarracín, que pidió que no se revele qué país de la región le ha concedido refugio, es acusado de haber participado del inexistente “golpe de Estado” de 2019; la renuncia y fuga del expresidente Evo Morales se dio en realidad tras semanas de masivas protestas pacíficas realizadas en decenas de ciudades capitales e intermedias del país. En un libro sobre los hechos escrito por Evo Morales, y en una declaración del exvicepresidente Álvaro García Linera, ambos admiten que renunciaron el 9 de noviembre de ese año, un día antes que las FFAA les “sugirieran” hacerlo.

Los tres procesos armados por la Fiscalía contra Albarracín se basan en la reunión que él mantuvo en la Universidad Católica Boliviana tras la renuncia de Morales, en la que participaron representantes de la Unión Europa, Iglesia católica y otros líderes políticos.

Albarracín no participó de la totalidad de la reunión en la UCB ese 10 de noviembre debido a que tuvo que salir apresuradamente a poner a salvo a su familia: le avisaron que un gentío integrado por simpatizantes del MAS intentaba quemar su casa, lo que finalmente ocurrió el mismo día en que los grupos de choque de ese partido incendiaron también la casa de la periodista Casimira Lema.

“Averigüé y fuentes confiables me dijeron que el embajador de Cuba en Bolivia, en 2019, Carlos Rafael Zamora, que ahora es embajador en Lima, y que en realidad no es un diplomático sino que es un agente de inteligencia, estuvo monitoreando la quema de mi casa”, reveló Albarracín.

Y agregó: “Obviamente Zamora no estuvo con una antorcha quemando mi vivienda, pero sí estuvo monitoreando ese tema porque Cuba y otros aliados del Gobierno boliviano, como Venezuela y otros, siempre han estado favoreciéndose de la relación con Bolivia, influyendo sobre el país y sobre las decisiones que toma”.

Hasta la fecha, la justicia no sancionó a los culpables de ninguno de esos dos incendios, pese a que existen declaraciones y pruebas contra ellos, ni tampoco contra los responsables de la quema de 60 buses PumaKatari, provocada también por simpatizantes del MAS en la misma jornada.

Publicaciones peruanas confirman que el embajador cubano Zamora es un agente de inteligencia, no un diplomático tradicional, formado en Rusia por la KGB y especialista en operaciones de desprestigio, chantaje, acoso y persecución.

“Qué lamentable que Morales y Arce sean el peor error que hemos cometido en la historia. Pensando en que Morales representaba un cambio, que era un indígena que iba a mejorar al país, terminó siendo un odiador que ha destruido la democracia y ha perseguido a los opositores”, expresó. Y Arce es un presidente que no resuelve los problemas que él mismo creó, asegura.

Expresó que, pese a la desunión de la oposición, está confiado en que en 2025 se pueda dar un cambio político que recupere la democracia en el país.

Albarracín contó que la animadversión que el MAS le profesa se debe a que él proviene de la izquierda y ha criticado a ese partido. “En dos ocasiones Morales me invitó a ser parte de su Gobierno, como ministro, y en ambas rechacé las ofertas”, dijo. En la segunda ocasión estaban junto a Morales, en la residencia de San Jorge, el exvicepresidente García Linera y los exministros Juan Ramón Quintana y Héctor Arce Zaconeta. A los cuatro les dijo que rechazaba la oferta de ser ministro de Justicia porque no comulgaba con las ideas del régimen.

Cuando se encontraba fuera del país, recordó Albarracín, el MAS lo acusó en un cuarto proceso de ser padre de una niña a la que supuestamente no había reconocido. Pensaron las autoridades y los operadores de justicia, dijo Albarracín, que como estaba en el exterior no se defendería por lo que quedaría como culpable. El proceso era por “abandono de hijo/hija”, con el agravante de que la niña tenía una discapacidad.

Pero arriesgándose a ser detenido por los procesos que se llevan en su contra, Albarracín llegó dos veces a Bolivia y se hizo pruebas de ADN ante dos entidades oficiales: el IDIF, que depende de la Fiscalía, y la Universidad Policial, que tiene un laboratorio especializado.

“En ambas pruebas salió que yo no era el padre de la criatura. Obviamente yo estaba seguro de eso porque nunca tuve relación de intimidad con la mujer que me acusó”, dijo. Albarracín se animó a hacerse las pruebas porque previamente él se había realizado una “prueba genética”, por lo que las autoridades no podrían haber falseado el resultado. Y pese a que demostró que no era el padre de la niña, la Fiscalía demoró en sacarlo del caso.

En ambos casos llegó al país y volvió a salir por tierra.

“En Bolivia no hay Estado de Derecho, la persecución es evidente, hay personas detenidas acusadas del supuesto golpe, como la expresidenta Jeanine Añez o el gobernador Luis Fernando Camacho; también el exdirigente cívico de Potosí, Marco Pumari, además de otras decenas de presos políticos. Por eso no puedo volver a Bolivia”, expresó.

Además, contó que su hijo Franco Albarracín, como él defensor de derechos humanos y de la naturaleza, también fue acusado por el mismo supuesto delito del golpe de Estado, “pese a que Franco estaba haciendo primero una maestría en la facultad de derecho de la American University en Washington y durante la caída de Morales cumplía con una pasantía ante la CIDH en esa ciudad”.

Cuando acusaron a su hijo, pensó Albarracín, no había otra alternativa que salir del país. “Eso es lo que ellos querían, afectarme con la familia; yo sabía que si salía del país esas presiones a mi hijo terminarían, lo que afortunadamente sucedió”.

Albarracín contó que actualmente trabaja como docente en universidades privadas y públicas del país que lo acoge y, con su experiencia como exrector y defensor de los derechos humanos, suele realizar consultorías en esos campos. “Prefiero que no se diga en ciudad estoy”, dijo en la entrevista telefónica con Brújula Digital.

“Me comunico con mi familia todos los días y eso me mantiene emocionalmente estable”, contó. “Obviamente la soledad es dura, pero con el trabajo y con mi mente puesta en mi familia, logro sobrellevar las cosas”, finalizó.

BD/RPU