Don Ñuflo…


 

Don Ñuflo sintió el golpe asesino sobre su cabeza.



Fue cuestión de segundos.

Entonces sintió el líquido espeso, rojo y caliente que le recorría la espalda.

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Todo se hacía oscuro de a poco…

Y así de la nada…

Se vio muy niño en su natal Santa Cruz, muy lejos, atravesando el mar.

Recordó las leyendas que hablaban de ciudades de oro.

Y así fue…

Era muy joven cuando se decidió, seguía siendo joven, cuando llegó a una ciudad llamada Asunción.

Una aldea en medio de la nada, entre selvas, ríos y animales feroces.

Del oro y la plata no había señales.

Y ahora…

Don Ñuflo no entendía que se estaba muriendo, ahí, tirado en esa sucia choza.

De pronto pensó en él.

Y recordó la mirada de reproche que le dedicó, cuando lo subían encadenado al barco que lo llevaría preso a España.

Si.

Pensó en su maestro y mentor, el hombre que lo trajo a América: Don Alvar Nuñez Cabeza de Baca.

Así llegó a América.

Soñaba con hallar riquezas, pero en Asunción solo encontró problemas y amor.

Problemas con el Gobernador Domingo Martínez de Irala, y amor en los brazos de Elvira Mendoza, la hija de doña María Guzmán.

Ñuflo respiró hondo y sintió que le estallaban las sienes.

Tres años lejos de Asunción.

Tres ciudades fundadas, y solo Santa Cruz de la Sierra pudo sobrevivir.

Otros tres años tuvieron que pasar después de la fundación, y recién pudo traer a su mujer e hijos a la nueva ciudad…

La ciudad por él fundada, un 26 de febrero de 1561.

Tanto esfuerzo y desvelos, para tener que morir dejando todo.

Don Ñuflo veía pasar su vida y una lagrima asomada le nubló la vista.

Entonces recordó a Diego de Abreú, el hombre que mató a su suegro, el mismo a quien él mataría luego, vengando al abuelo de sus hijos.

Don Ñuflo trató de mover la cabeza, pero le dolió como un espanto.

El no sabía que tenía el cráneo hundido y le quedaban solo minutos de vida…

Él no sabía, que su ciudad se mudaría con el tiempo a un sitio llamado San Lorenzo del Real, junto al río Piraí.

Tampoco sabía, que su nombre sería inmortal al recordarlo, al homenajearlo como el fundador de la ciudad más importante de un país que nació muerto, un país llamado Bolivia.

Don Ñuflo no imaginaba, que los habitantes de su ciudad serían orgullosos de ser llamados cruceños y que serían conocidos por ser personas de límpida frente y leal corazón.

Don Ñuflo cerró los ojos y todo se hizo oscuro y frío…

El calendario marcaba el mes de octubre de 1.568.

En un último intento, don Ñuflo quiso recordar la fecha, pero no pudo.

Ya estaba muerto.

 

EL ESCRIBIDOR.


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