Los enemigos de la libertad


 

 



Corría el año 720 a.C., cuando un grupo de emigrantes provenientes de las ciudades de Acaya y Trecen (Peloponeso), fundaron Síbaris, en la costa de la actual Calabria (Italia). Síbaris, una de las polis pertenecientes a la antigua Grecia, deslumbró al mundo debido a su riqueza y abundancia alcanzada en tan solo doscientos años, lo que permitió que sus habitantes gocen de un estilo de vida entregado al lujo y confort. Celebraban banquetes grandiosos, con alimentos variados producidos en su territorio interior, gracias a que habían desarrollado la producción agrícola y ganadera. También producían madera, telas finas, miel, cera, ente otros productos altamente demandados durante la época.

Síbaris, se convertiría en la primera polis libre y prospera de la historia prehelénica, gracias a que contaba con hombres visionarios e innovadores que, a partir de sus creaciones, comenzaron a ofrecer a la población artículos refinados y de gran opulencia que lucían con orgullo. El hedonismo sibarita, tan poco habitual en otras ciudades, comenzó a despertar un odio cerval e indignar a sus vecinos, tal como puede recogerse de las obras de Estrabón o Heródoto.

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Hacia el año 511 a.C., apareció Telis, conocido como el primer demagogo griego, al que Heródoto calificaba de “tirano”. Un eximio orador proveniente de la aristocracia de la ciudad, propuso a la “Boulé” (Asamblea) –que era la encargada de recoger las propuestas de los ciudadanos–, esgrimiendo una serie de sofismas para que se proceda a expropiar a los ciudadanos más ricos, aseguraba que de esta manera el pueblo y los políticos estarían mucho mejor.

Centenares de hombres ricos fueron [García Linera: agarrados del cuello] expropiados y expulsados de Síbaris, tal como había propuesto Telis (el demagogo). Ante este abuso arbitrario, aquellos hombres, junto a sus familias, buscaron asilo en la vecina villa de Crotona, una ciudad mucho menos próspera y con un estilo de vida distinto al de la magnífica Síbaris. La buena estrella de estos hombres, los condujo casualmente al lugar donde vivía unos de los hombres con mayor impronta de la historia de la humanidad, el filósofo y matemático Pitágoras.

No había transcurrido mucho tiempo antes de que los ingresos económicos de los sibaritas mengüen notablemente. Contrariamente a la propuesta de Telis, las riquezas arrebatadas no habían contribuido a mejorar su situación económica. Para ese mismo instante, Crotona comenzó a experimentar un crecimiento inusual, gracias al aporte y contribución de aquellos hombres más ricos. Los sibaritas entendieron que la riqueza de estos hombres, no consistía en sus posesiones materiales, tanto, como en las relaciones comerciales, sus contactos, su producción, ideas e innovaciones, el “know how” empresarial, que había sido transferido en su totalidad a cambio de nada.

Los sibaritas enviaron un ultimátum, exigiendo a los crotoniatas que devuelvan inmediatamente a aquellos hombres que se encontraban en su ciudad, aspecto que estos últimos estaban dispuestos a hacer de no haber sido por la intervención de Pitágoras, que los exhortó a no ceder ante el chantaje, puesto que, de hacerlo, cederían a chantajes ulteriores.

Junto a Pitágoras se encontraba el múltiple campeón olímpico Milón de Crotona, que se puso al frente del ejército crotoniata con el que destrozó a las fuerzas de Telis. Aquella situación derivó en que los sibaritas no pudieran librarse de la infamia, odio, envidia y rencor que sus vecinos habían acumulado por años, padeciendo cuatro invasiones posteriores y soportando el asedio de los ejércitos enemigos. Finalmente, un terremoto desvió el cauce del río Cratis, sepultando a la prospera ciudad de Síbaris y poniendo punto final a su historia.

Hay pueblos que, habiendo experimentado la libertad y la prosperidad, presas de atavismos y dogmas, sucumben ante la voluntad de los Telis (tiranos) del mundo, los enemigos de la libertad. Tanto es así que hace doscientos años sellaba su libertad el último bastión de América del Sur, desvirtuando el propósito y corriendo en contrasentido a los preceptos liberales que promovieron la gesta independentista. El pesimismo del gran Libertador le obligaba a profetizar que, la región no tendría otro destino distinto al de ser gobernados por tiranos y criminales que harían imposible el avance y progreso.

Tras dos siglos se puede discutir respecto a que sí, Bolivia todavía se encuentra en el punto de partida, experimentando una regresión o un avance imperceptible. El insensato salvaje que ostenta la voluntad de mando no sabe convivir con su deseo. La historia enseña que los gobiernos bolivianos mandan a revolucionar, mandan a cambiarlo todo, siguiendo recetas e instrucciones provenientes desde afuera de las cuales no tienen idea, no entienden ni les interesa hacerlo.

Dentro de la especie humana, hay quienes ansían algo y cuando lo obtienen, no saben qué hacer con aquello. Las personas que quieren revolucionar el mundo, como Karl Marx o la larga lista de seguidores que viene tras de él, buscan reformar a los demás en lugar de reformarse a ellos mismos. Viven en la insatisfacción porque aseveran no tener lo que quieren o lo que es mucho peor, se encuentran en un estado en el que tienen mucho más de lo que imaginaban, sin tener idea como gestionarlo. No saben manejar sus deseos, son demasiado miserables e irresponsables, por lo que su satisfacción es pasajera.

Los hombres libres (Pitágoras) que aman la libertad, no se resisten al cambio, porque comprenden, interpretan y se adaptan a la realidad. El liberal acepta al mundo tal y como es, acepta el dolor y el sufrimiento, considera inútil vivir quejándose, confiar en el cielo o las promesas de caudillos mesiánicos para que le resuelvan sus problemas. El liberal ama la realidad porque ama la libertad, está simplemente abierto a intentar saber un poco más dentro de este inmenso mar de ignorancia e intolerancia que gobierna desde el nacer y al que todavía, le propone y le plantea soluciones de retornar al origen para ser libres y prósperos.

El ejemplo de Telis de Síbaris es ilustrativo, la insatisfacción conduce a los tiranos a interferir en temas en los que son completos ignorantes, al grado de llegar a destruir todos aquellos que se ha construido en doscientos años. Mientras tanto, que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y cambien nuestra manera de pensar, recuerden que: “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora de ponerse de pie”.


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