Privatizar y medidas de shock son un parche al actual modelo


Manuel Morales Alvarez

La coyuntura política boliviana coloca en el centro del debate la continuidad o cambio del modelo económico desarrollado durante este ciclo de dos décadas por el MAS, con posibilidades reales de su transformación a partir de las elecciones generales a realizarse este 17 de agosto de 2025.

Considero que una fuerza política orientada a la producción, la generación de conocimiento como fuerza de transformación y una adhesión a la vitalidad del trabajo, será la que pueda plantear idóneamente un verdadero programa de transformación del país. En lo personal me sumo a este esfuerzo, que tendrá que ser presentado al país en los siguientes días.



Las elecciones generales permitirán, mediante el voto ciudadano, la presencia de nuevos gobernantes, pero también posibilitará introducir modificaciones o ajustes a la economía del país. Por ello, las campañas electorales de los actores políticos del pasado –que ya han fracasado- ofertaran mentiras y patrañas con el propósito de llegar a la Casa Grande del Pueblo, mediante el engaño de la propaganda electoral e implementar parchesal actual modelo, pequeñas modificaciones para beneficio de un pequeño grupo que pretende encumbrarse en el poder.

Del actual espectro político, el bloque de los opositores, podrían ser identificados como neopopulistas, ya que no plantean con claridad su intención de modificar estructuralmente el actual modelo. La propuesta de conseguir dólares en 100 días no es más que una frase de campaña electoral que no aclara las medidas a asumir y que puede estar orientado a mantener el nivel de consumo e importaciones que se tenía el año 2023, por ejemplo. La propuesta de negociar un mega financiamiento de 12.000 millones de dólares de organismos internacionales tiene una finalidad práctica inmediata el mantener la subvención de los carburantes. Es decir, ganar tiempo y recursos económicos para mantener el modelo. La única forma distinta de cambiar la situación actual es encarar verdaderos procesos productivos y para ello se requiere conocimientos, una aspiración a la cual ningún candidato hasta ahora ha hecho alusión abierta y directa.

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Levantar la subvención a los carburantes significa –con absoluta precisión-  que el sector minero, el de los agronegocios y del transporte privado, tendrían que pagar a 11.50 bs., el litro de diésel.

Es cierto, que en el pasado se impulsó con el Decreto Supremo Nº 21060 en 1985, la eliminación de la hiperinflación, pero durante los años posteriores a 1985, se  tuvo un crecimiento real que fluctuó alrededor del 3%, a pesar del gran costo social que implicó la adopción de la Nueva Política Económica, durante más de una década, la formación bruta de capital en Bolivia habíaestado prácticamente paralizada, en este periodo la inversión privada promedio representaba menos del 5% del Producto Interno Bruto.

Con la Nueva Política Económica se buscó mejor control sobre las empresas estatales, según Cossio  (2001) “imponiendo criterios de eficiencia y limitando el acceso al crédito fiscal para que éstas no sean una carga para el Estado, a su vez se buscó promover contratos de riesgo compartido con el sector privado que junto con el financiamiento internacional impulsarían la inversión en el país la cual había sido postergada durante el periodo de hiperinflación. Sin embargo, la reestructuración de las empresas públicas no tuvo resultados satisfactorios ya que el financiamiento internacional disminuía, las empresas públicas mostraban bajos niveles de eficiencia y alta injerencia política en su funcionamiento” (Cossio, F. 2002. Los Impactos Sociales de la Capitalización en Bolivia. Instituto de Investigaciones Sociales).

El reporte del Banco Mundial para 1994 sostenía que a menos que “se incrementen los niveles de inversión en Bolivia, el crecimiento económico a largo plazo no podría ser viable, acelerado y sostenible” (TheWorld Bank. Bolivia, Country EconomicMemorandum. La Paz, 1994).

En otras palabras, no basta con esgrimir medidas estructurales, anunciar privatizaciones o una política de shock, para obtener resultados económicos favorables; e incluso, si estos se dieran y no se transforma nuestra base improductiva por una productiva, las medidas serán distractivas, temporales y para beneficiar a nuevas élites que se corromperán con la cosa pública, como sucedió ya en el pasado.

Lo que yo encuentro es un vacío de propuestas de verdadera transformación de la economía del país, que necesariamente involucra la gestión del conocimiento, la transformación del Estado y la introducción de profundos valores éticos y morales rupturistas con la forma como se ha hecho política en Bolivia desde 1985.

Mientras un proyecto político no modifique la estructura productiva, como lo hizo Singapur o Vietnam,  por ejemplo, seguiremos en el devaneo de la política distractiva.


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