Empate, pero con ganador


Sobre la segunda encuesta nacional de UNITEL

Por Augusto Díaz Villanueva



No todos los empates son iguales, algunos saben a victoria. La última encuesta nacional presentada por UNITEL el domingo 14 de julio confirma lo que ya venían insinuando otras encuestas: el empate técnico entre Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga se mantiene. Pero hay matices. Y en política, los matices definen el poder.

Con un margen de error de ±2.2%, Samuel aparece con 18.7% y Tuto con 18.1%. Nada escandaloso, nada concluyente, pero algo sí queda claro: Samuel no solo va primero —aunque sea por un pelo— sino que lo ha hecho en las últimas cinco encuestas. Y en la política, como en el boxeo, si nadie tumba al rival, gana el que pega más veces. O el que queda de pie.

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¿Realmente bajaron?

Se ha dicho que ambos bajaron: Samuel de 19.1% a 18.7% y Tuto de 18.4% a 18.1%. Pero con ese margen de error, estamos hablando de movimientos microscópicos, más cerca del ruido estadístico que de una tendencia. En todo caso, no bajaron: se ajustaron los decimales del empate.

El que sube es el desencanto

Lo que sí sube, y sin disimulo, es el voto blanco, nulo e indeciso. Esa masa gris que no se define ni por izquierda ni por derecha, ni por pasado ni por futuro. Y su ascenso no es casual: se alimenta del derrumbe silencioso del MAS y sus derivados, es decir, de esa quimera “multisigla” que forman Andrónico, Eva Copa, Jhonny Fernández y Eduardo del Castillo, el candidato cuya campaña cuesta más que lo que se destina al sistema judicial y cuya intención de voto apenas alcanza para pagar un pan con marraqueta.

La caída de Andrónico es notable. Pasó de ser la carta joven del evismo a alguien que no tiene nada que decir… y por eso, prefiere callarse. Eva Copa, que alguna vez sedujo en la ciudad de El Alto, hoy apenas logra mover a sus familiares y funcionarios públicos. Jhonny Fernández sigue siendo ese personaje que no se sabe si está haciendo campaña o buscando figurar en un carnaval. Y Del Castillo… bueno, el gasto grande, pero el resultado es chico. La prebenda mata discurso, pero parece que ahora ni siquiera convence.

¿Y si el empate no fuera tan empate?

Pero más allá del empate en cifras, hay indicios claros de que la balanza se inclina. Uno de ellos: el 40% del electorado afirma que votará por quien tenga más chances de ganar. Y ese 40%, querido lector, no busca mesías ni discursos con eco, busca un primero en la tabla. Y aunque sea por medio punto, ese primero es Samuel. Lo ha sido en esta y en las cinco anteriores. Y eso, en política, no es poca cosa.

Y hay más, los datos de migración de voto hablan, y fuerte:

  • Si Samuel no fuera candidato, el 51% de sus votantes se irían con Tuto, y el 15% con Manfred.
  • Pero si Tuto no estuviera, el 47% de su voto iría a Samuel, y el 20% a Manfred.
  • ¿Y si se bajara Manfred? El 32% iría a Samuel, el 28% a Tuto.
  • Incluso si Andrónico no compite, un 9% de sus votantes preferiría a Samuel.

La conclusión es una, Samuel es el segundo favorito de todos. Y eso es una ventaja estructural que no tienen Tuto, Manfred, ni ninguno de los satélites del MAS.

Percepción de ganador

Hay otro dato que no puede pasarse por alto. A la pregunta «¿Quién cree que ganará las elecciones?», Samuel aparece con 22.2%, superando por más de cinco puntos a Tuto, que apenas marca 17.1%. La percepción de victoria, como bien saben los estrategas electorales, no es un detalle, es una profecía autocumplida. No solo define la narrativa, ayuda a mover el voto útil, afianza liderazgos y deja fuera a los que sobran (Manfred, Rodrigo).

¿Por qué importa tener un primero claro en la oposición?

Porque el MAS, aunque dividido en cuatro pedazos y medio sigue siendo el MAS. Y tiene una capacidad de movilización (funcionarios públicos y sindicatos) y de manipulación (decenas de millones de dólares para propaganda estatal) que no debe subestimarse. El voto oculto que juega al despiste puede terminar inflando a Andrónico en la recta final. No será porque lo amen, sino porque “hay que preservar el proceso”, “no hay de otra”, o “es mejor el viejo conocido”. Por eso, mantener una oposición dividida es un riesgo real de no entrar ni a la segunda vuelta. Si la dispersión sigue, el MAS —ese zombi con muchas cabezas— puede colarse al balotaje sin despeinarse.

No todo empate es empate. No todo 18.7% vs. 18.1% es igualdad. En este empate, hay un ganador y se llama Samuel Doria Medina. Porque lidera las encuestas, concentra la percepción de victoria, recoge más intención en los escenarios de voto migrado, y, lo más importante, representa la posibilidad de una oposición real frente a la maquinaria masista.

Si la oposición quiere tener futuro, va siendo hora de que algunos candidatos dejen de jugar al perfil histórico y empiecen a pensar en la aritmética electoral. Tuto, brillante en discurso, aún no supera su techo. Manfred, un liderazgo regional respetable, sabe que fuera de Cochabamba tiene la misma chance que un cuetillo mojado en Año Nuevo. Y los demás… bueno, los demás parecen mendigar algún diputado.

Empate, sí. Pero con ganador, y no lo digo yo, lo dicen los datos.